Al romper el día,
Nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
Del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
Nos lo das de balde,
Que a jornal de gloria
No hay trabajo grande.

Das al vespertino
Lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
Y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
Dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
Cuida los sarmientos.

Hora de la tarde,
Fin de las labores,
Amo de las viñas,
Paga los trabajos de tus viñadores ■
de la Liturgia de las Horas
Ilustración: Miguel Angel Buonarroti, Noe, (detalle), 1509, Fresco de la Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris