Cantándole a los sueños que tenía y que un día la vida me los regaló, cantar con los amigos que quería cantar codo con codo la misma canción. Puede ser que la tierra que nos vió nacer sea cómplice en nuestra forma de ser un poco trovadores y bohemios locos enamorados, cantamos sin querer
gracias por haber estado siempre, por estar ahora mismo y que la vida nos deje seguir juntos ■ ae

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris