Tú quisiste el matrimonio
como proyecto divino:
un hombre y una mujer,
amor total y exclusivo.
Pues, si digo la verdad,
también yo siento lo mismo.

El Cantar de los Cantares
se me queda muy chiquito,
porque el amor que yo quiero
quiero que sea infinito.
Así lo siento en mi carne,
y cual lo siento lo digo.

El amor es para siempre,
el amor no es de un domingo;
el amor es sangre viva
que a todo el cuerpo hace vivo:
y si me quitan la sangre
yo me muero, ¡adiós, amigos!

Y un hombre y una mujer
son un cuerpo y un latido;
yo soy Adán, tú eres Eva,
mírame que yo te miro;
¿somos dos o somos uno?,
¿qué dice nuestro cariño?

Somos uno en Alianza,
como lo dice este anillo;
somos un solo deseo
somos un beso fundido;
una pena compartida,
un gozo para vivirlo.

Gracias, Jesús, que dijiste
lo que llevamos escrito;
el corazón nunca miente,
si es que sabemos oírlo.
Gracias, Jesús, tú salvaste
el amor que has infundido •

P. Rufino Mª Grández, ofmcap

Octubre 2009

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris