Dichoso tú, Simón Pedro,
por lo que le has respondido;
no es la carne, no es la sangre,
no es susurro de ti mismo,
ni hay en el mundo doctor
que diga lo que tú has dicho.

Jesús es revelación
que el Padre nos ha ofrecido;
Jesús es intimidad
más íntimo que yo mismo;
Jesús es sabiduría
que no alcanza el raciocinio.

Jesús es Encarnación
que desde el Padre ha venido;
Jesús es gracia y presencia
en nuestro pecho y latido;
Jesús es Hombre y es Dios,
por el Espíritu ungido.

Adoro para entender
lo que supera el sentido:
Jesús, mi historia divina,
escrita desde el principio;
Jesús, peana y corona,
Jesús, mi Yo redimido.

Deja, Jesús, que te diga:
Mi Señor, Amado mío;
eres carne de mi carne,
y por ti yo existo y vivo;
y conocerte es amarte,
y despertar de mi olvido.


P. Rufino Mª Grández, ofmcap.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris