Solemnidad de la Natividad del Señor 25.XII.2013 (III)

Vamos a ser honestos y a no adornar la realidad: todos los años se repite el mismo cuadro: queremos vivir en este día lo que debiera ser nuestra vida siempre. En este día nos parece un sacrilegio la falta de amor, la incapacidad para perdonar, la ausencia de solidaridad. Incluso para la guerra nos hemos inventado "la tregua navideña"; es como si, por lo menos en este día, nos diera vergüenza matar. Y tranquilizamos nuestra conciencia pensando que, por lo menos en este día, no debe faltar la comida en ninguna mesa y por eso salimos rápidamente a las periferias de la ciudad –eso sí, no a la misma hora en que debemos estar en casa calientitos y tranquilos- a repartir despensas a los que nada tienen. Estos días las ausencias y las separaciones nos parecen más dolorosas y derrochamos amabilidad por todos los poros ¿Y el resto del año? ¿Es que la Navidad es un día? ¿Es que es algo metido en las 24 horas del reloj? La Navidad es la revelación del misterio del amor de Dios oculto durante los siglos, la celebración de la Encarnación de un Dios que se hace presente en la historia de los hombres. Y ahí, justo ahí, está la gran frustración de nuestra humanidad.

En lo más íntimo captamos el impacto de la Encarnación y sospechamos –aunque a veces pareciera que no queremos saberlo- que la Navidad es su gran plenitud. Sabemos que estamos llamados a esa plenitud, pero somos incapaces de conseguirla con nuestra mediocridad y por eso la sustituimos creando esa gran mentira que es la alegría ficticia de estos días.

La alegría y el ambiente que hemos ido creado en torno a la fiesta sagrada de la Nochebuena (y lo escribo con el riesgo de sonar como el Grinch; lo asumo[1]) es una terrible mentira, porque ése ambiente y esa celebración muchas veces no brota del encuentro personal del hombre en lo íntimo de su corazón con el Dios Vivo, sino que viene impuesta desde fuera, desde la mercadotecnia, las modas y las tendencias. Y si hay mentiras piadosas para personas inmaduras, ésta ni siquiera es piadosa, es una mentira cruel, una mentira que está hecha de comida y bebida, y entonces resalta más hambre y la sed de los que no tienen. Está hecha de lujo y ostentación y entonces destaca más la miseria.

No nos detenemos a pensar –y deberíamos hacerlo; hoy es un buen momento- por qué cuando se apagan las luces y pasan los vapores de las sobremesas y se hacen viejos los regalos no queda nada. Todo es como al principio, como si no hubiese habido Navidad. ¡Un mito más! Cuando la realidad es que Navidad debe ser el comienzo de la alegría y la paz para el resto del año.

Afortunadamente llegará un día –es la Palabra de Dios a través de la boca del profeta- en el que los hombres forjarán de sus espadas arados, y de sus lanzas, hoces. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra. Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, y el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. Nadie hará daño, nadie hará mal, porque la tierra estará llena del conocimiento de Dios como lleno de aguas está el mar[2]. Será Navidad para la Humanidad cuando Él realice plenamente el cielo nuevo y la tierra nueva. Y un día llegará, cuando Él vuelva, en que la Humanidad desbordará de gozo y alegría ¡Esa será la gran Navidad! No harán falta luces porque Él será el gran resplandor, la luz inextinguible donde habita Dios.

Pero ¿y mientras tanto? ¿Diciembre del 2013? Mientras tanto, cada uno debemos vivir y celebrar la Navidad de la manera más auténticamente posible.

Con Jesús nace un mundo nuevo. Un mundo de hombres honrados, sobrios, religiosos, abiertos a la esperanza; su oficio son las buenas obras.

¿Somos nosotros hombres y mujeres dedicados a obrar el bien, con verdadera entrega a los demás, a la promoción de las personas, de las familias, de los pueblos, del mundo? ¿Somos hombres siempre a favor de la paz, la justicia, la libertad y contra cada uno de los abusos que deshumanizan a los hombres?

¿Qué hacemos con la luz que nos trajo Cristo? ¿Vivimos nosotros en ella o en las tinieblas: en la verdad, el bien, el amor, o en las mil mentiras del egoísmo? ¿Vivimos de una manera sobria, honrada y religiosa, es decir, con sencillez, desprendimiento, fe y entrega generosa? ¿O somos unos superficiales egoístas? ¡Tantas cosas qué preguntarnos éste día de Navidad! ¿tendremos el valor de responder en el silencio de nuestro corazón? ■





[1] How the Grinch Stole Christmas! es un libro infantil escrito por el Dr. Seuss en versos con rima e ilustraciones del mismo autor, y publicado por Random House Mondadori en 1957. El libro critica la visión de la Navidad como algo comercial y satiriza a aquellos que obtienen beneficios explotando la época navideña.
[2] Is 2, 2-5. 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris