Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo (2012)



Y qué es la verdad? Es la gran pregunta que formula Pilatos, pero sin esperar apenas la respuesta, condena a muerte al que podía responderle. Y es que no siempre preguntamos porque no sabemos; a veces preguntamos porque no queremos saber, para despistar, pues sospechamos que hay preguntas que no tienen respuesta.

A muchos interesa hoy la verdad objetiva, de ahí que otros piensen que no hay más verdad que la subjetiva, entendiendo subjetiva como individual: cada quien la suya. A esos les contestó [hermosamente] el poeta:

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela[1]

De manera que la pregunta sigue en pie. Y seguirá posiblemente, mientras tengamos la firme decisión de buscarla. Esa decisión de buscar, más allá de la razón y de la ciencia: en la fe. No se trata de creer cada quien lo que le da la gana. El que cree no las tiene todas consigo, pero cree, intuye, y por eso sigue buscando con ilusión.

¿Qué significa, pues, hoy celebrar a un Cristo Rey, vivo, interpelante, que dirige, gobierna y potencia todos los momentos de la vida? ¿Cómo se puede entender en lenguaje actual el Reino de Dios? ¡Grandes preguntas! Para muchos hablar de Cristo Rey es casi hablar de algo superado desde el compromiso de la fe. Desde el mundo actual Cristo Rey es algo, dirán, intrascendente, pues no se admite ni se da valor a un reino que no es político, ni entra en conflicto con los valores y exigencias de los reinos mundanos.

Por otra parte qué fácil es aclamar a Cristo Rey en un domingo de Ramos, en una procesión, en un momento de euforia espiritual. Lo difícil –y por ende valioso- es creer en un Cristo presente e influyente en la vida de todos los días, en un Cristo que compromete y cambia la existencia del hombre, en un Cristo exigente que pide fidelidad a los valores permanentes del evangelio.

Existe también una gran contradicción: hacer mundano el reino de Cristo, que no es de este mundo. Y salta la enorme tentación de confundir el poder económico, político y social con el poder de Dios. Y pueden gastarse demasiadas fuerzas y empeños en influir en las situaciones de este mundo para hacer presente el reino de Dios.

El Señor no reinó desde los sitios privilegiados ni desde los puestos de influencia, lo hizo desde el servicio, la entrega y la humildad; lo hizo en el compromiso con los necesitados y con los desgraciados, con los pecadores y las mujeres de la vida, con los que estaban marginados en la sociedad de entonces: ciegos, leprosos, viudas...

Con mucha frecuencia los cristianos pretendemos hacer un reino de Dios a nuestro gusto y medida; y de hecho construimos nuestros pequeños reinos de incienso y adoración, de admiración y marquesados. Es un engaño terrible, fruto del egoísmo humano.

Cristo fue y es Rey por ser testigo de la verdad y del amor sin límites. Y nuestra vida está cargada de mentiras y desamores. No es una visión fatalista. Es realista. Asómate a algún periódico o a la red. Hoy no sirve decir “no pasa nada, vamos bien”. No. Sí pasa. Pasa mucho. Es preciso el cambio y la conversión. Vivir en cristiano es descubrir las exigencias y maravillas del reino de Dios con entrega total y confiada ■


[1] Antonio Machado.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris