Adónde quieres que vaya,
mi Pastor y mi Barquero,
que quiero ser misionero,
dispuesto a dejar mi playa?

Ya no hay mar ni continente,
ya no hay ciudades ni aldeas;
no haya grupo ni peleas
para el Anuncio a la gente.
Mi casa es el mundo entero,
está diciendo el Señor,
y el testimonio de amor
es la Misión que yo quiero.

Mas yo quiero la Palabra,
que palabra es amistad,
y ante amistad y humildad
no hay puerta que no se abra.
Id a hablar humildemente,
fundiendo Evangelio y vida,
y Dios que a todos convida
se ha de hacer amor presente.

Es la puerta de la fe
un corazón anhelante,
y a quien busque suplicante
yo me manifestaré.
Mas yo busco a quien envíe,
como yo fui enviado,
y busco un apasionado
a quien mi amor le confíe.

Aquí me tienes, Señor,
en tu escucha y compañía:
tu voluntad sea mía,
y al Padre torne el honor.
Imploro tu bendición,
tu Espíritu que fecunda
con él el mundo se inunda:
Nueva evangelización. Amén.
P. Rufino Mª Grández, ofmcap.


Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris