Exsultate, jubilate,
o vos animae beatae,
exsultate, jubilate,
dulcia cantica canendo;
cantui vestro respondendo
psallant aethera cum me.
Rejoice, resound with joy,
o you blessed souls,
rejoice, resound with joy,
singing sweet songs.
In response to your singing
let the heavens sing forth with me.


Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris