Santo Padre, nos unimos para arroparle. Estamos profundamente agradecidos por la fortaleza de espíritu y la valentía apostólica con la que anuncia el Evangelio de Cristo. Está con usted el pueblo de Dios que no se deja impresionar por las murmuraciones del momento, por las pruebas que enocasiones golpean a la comunidad de los creyentes. Están con usted los cardenales, sus colaboradores de la Curia Romana. Están con usted los hermanos obispos, esparcidos por el mundo, que guían las tres mil circunscripciones eclesiásticas del planeta. En particular, están con usted en estos días los cuatrocientos mil sacerdotes que están al servicio generoso el pueblo de Dios, en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales, en otros michos lugares, así como en las misiones y en las partes más remotas del mundo. En esta solemnidad pascual nosotros rezamos por usted para que el Señor, Buen Pastor, siga apoyándole en su misión al servicio de la Iglesia y del mundo Cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, Roma,  Domingo de Resurrección.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris