The trees indeed love You without knowing You. The tiger lilies and corn flowers are there proclaiming that they love You, without being aware of Your presence. The beautiful dark clouds ride slowly across the sky musing on You like children who do not know what they are dreaming of, as they play. But in the midst of them all, I know You, and I know of Your presence. ■ T. Merton, Thoughts in Solitude, New York: Farrar, Straus and Giroux, 1999, p. 99.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris