We must occupy our hearts not with the thought of arduous and cold obligations which we do not fully understand, but with the presence and love of the Holy Spirit who enkindles in us the love of good and show us how to "do all things in the name of Jesus Christ." The Christian way of perfection is then in every sense a way of love, of gratitude, of trust in God ■ Thomas Merton, Life and Holiness, New York: Image Books, 1963, p. 65.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris