We do not pray for the sake of praying, but for the sake of being heard. We do not pray in order to listen to ourselves praying but in order that God may hear us and answer us. Also, we do not pray in order to receive just any answer: it must be God's answer ■ Thomas Merton, Thoughts in Solitude, New York: Farrar, Straus, Giroux, 104.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris