Solemnidad de la Santisima Trinidad

Por qué los cristianos creemos en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»? además está todo el tema del ecumenismo: no falta quien esta dispuesto con dejar aparte la Trinidad para poder dialogar mejor con judíos y musulmanes que profesan la fe en un Dios rígidamente único[1].

La respuesta es sencilla, y es que los cristianos creemos que Dios es trino ¡porque creemos que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo hacia alguien. Y… ¿a quién ama Dios para ser definido amor? Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos pocos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar. Entonces amaba el universo. Pero el universo existe desde también algunos miles de millones de años, unos mas que el hombre; antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo.

La respuesta viene con la Revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo.

En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.

La teología se ha servido de las palabras naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas.
La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un estupendo impacto en nuestra vida humana y sobre todo en nuestra vida espiritual. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología relaciones subsistentes. Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones –entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera- sin embargo no agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse
[2].

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad. Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones.

Cada sura del Corán empieza con la invocación: En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo
[3]. En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes.

Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología o defensa de la propia fe. ¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, debemos perseguir por la paz y el bien de la humanidad
[4]

[1] El ecumenismo se refiere a toda iniciativa que apunte a una mayor unidad o cooperación religiosa. En su sentido más amplio, esta unidad o cooperación puede referirse a una unidad mundial religiosa, por la advocación de un mayor sentido de espiritualidad compartida entre las tres religiones abrahámicas: Judaísmo, Cristianismo e Islam. Más comúnmente, sin embargo, el ecumenismo es usado en un significado más específico, en referencia a una cooperación mayor entre las denominaciones diferentes religiosas de una sola de estas confesiones.
[2] Se debe añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, asimismo la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.
[3] Las suras o azoras (palabra castellana procedente del árabe as-sūra, سورة ), son cada uno de los 114 capítulos en los que se divide el Corán, libro sagrado del Islam. Las azoras no siguen el orden cronológico en que fueron creadas (reveladas por Dios, según la creencia musulmana) sino que se ordenan de mayor a menor, exceptuando la primera (Al-Fātiha), que es corta y cuya recitación constituye la principal oración musulmana. Las azoras están compuestas por un número variable de aleyas (āya, plural āyāt). Esta voz es de origen hebreo y significa señal, milagro o prodigio. Suele traducirse como "versículo". Las aleyas están numeradas.
[4] Cfr http://www.cantalamessa.org/es/omelieView.php?id=316

Ilustración: Andrea del Sarto, Disputatio sobre la Trinida (1520), óleo sobre madera (232 x 193 cm), Palazzo Pitti, Florencia.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris