Solemnidad de la Ascención del Señor

En este domingo en que la liturgia de la Iglesia nos invita a contemplar la Ascensión del Señor, el momento en el que Jesús se despide sus apóstoles, [yo] también quisiera despedirme formalmente de todas las personas que asisten a la misa del medio día a la parroquia; la Eucaristía que he tenido tantas veces la alegría de presidir[1].

El próximo domingo es la solemnidad de Pentecostés; [pienso que] no sería correcto ni leal de mi parte no dedicar por completo la homilía a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

En días pasados pensaba lo que me gustaría escuchar si yo estuviera sentado allí abajo, como ustedes, asistiendo a la despedida del sacerdote de mi parroquia.

Me gustaría oírle decir que fue feliz durante el tiempo que pasó en la parroquia; que se sintió contento por poder reír con las personas de su parroquia.

Me gustaría oírle decir que lloró y que le costó entender la tragedia humana con la que convivía diariamente...

Me gustaría que me dijera que se sintió unido a sus fieles en las ceremonias que celebró, especialmente la Eucaristía.

Me gustaría que me dijera que debo luchar todos los días por ser fiel al Señor y al hermano necesitado.

Quisiera que gritara que vale la pena vivir y morir en la Iglesia católica y que me animar a defender siempre a su Santidad, el Papa, a los obispos y a los sacerdotes.

Si yo estuviera ahí abajo, sentado escuchándolo, me gustaría que me recordara que a pesar de nuestras miserias Dios no abandona nunca al que le abre su corazón. Y que Dios es un Dios de paz, de misericordia, de alegría.

Me gustaría que me dijera que debo estar atento para comprender el Evangelio.

En fin, quisiera que si el padre de la parroquia a la que habitualmente asisto, al despedirse me dijera lo básico, lo esencial, lo que yo nunca debería olvidar.

Entonces [yo] esperaría que me dijera:

¡Hey! ¡Oye! ¡Pon atención!:

Sé fiel a Cristo, no a las personas...que pasan.
Sé fiel a la Iglesia, y a su cabeza en la tierra, el Papa.
Trata de ver los mandamientos como señales de una carretera que te va a ayudar a llegar al cielo.
ayuda para llegar al cielo.

No hay actividad más importante a lo largo de la semana que la celebración de la Eucaristía

Y sobre todo me gustaría que me dijera: ¡Hey! ¡No llegues tarde a misa!

Eso es lo que me gustaría escuchar si se fuera el padre de mi parroquia…

Dice el libro del Eclesiastés que «hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado; un tiempo para morir y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír»[2]. Ahora es tiempo de seguir el camino, de afrontar nuevos retos y nuevas esperanzas.

Vamos a dar juntos gracias a Dios con la celebración de la santa Misa por el tiempo que nos permitió convivir y a pedirle que derrame su Espíritu sobre nosotros para que, llenos de alegría, vayamos por todo el mundo a predicar el Evangelio[3]

[1] St. Matthew Catholic Church, en San Antonio (Texas). http://www.stmatts.org/
[2] 3, 4-8.
[3] Cfr Mc 16, 15-20.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris