A propósito del celibato

Hace algún tiempo cierto periódico[1] publicaba una interesante entrevista al famoso boxeador Mohamad Alí[2], y éste decía que para estar en mejor forma, se mantenía en abstinencia sexual por períodos hasta de un año.

[No sé; es curioso] mientras el mundo admira ese compromiso hecho por el deporte, tacha como “anti-natural” el celibato sacerdotal, hecho por el Reino de los cielos. Quizá lo que el mundo de hoy critica no es el celibato en sí, sino el hecho de que haya personas concretas que se toman en serio su compromiso con Dios. Por el boxeo o el deporte todo es aceptable, pero si es por Dios se considera fanatismo o peligroso para la salud.

Yo me pregunto ¿No será que para aquel que vive dominado por las pasiones y el libertinaje, el celibato es una especie de bofetada, de grito en la conciencia, de llamada de atención?

Los sacerdotes entendemos el celibato como una donación total de nuestro amor por Dios y por todos. Pero comprendemos también que sin fe, sin gracia Y SIN AMOR no lo podemos vivir; que se vuelve una carga insoportable.

La Iglesia desde siempre ha venerado el celibato ya que su fundador y piedra angular, Jesucristo, fue célibe. Y con éste sólo argumento se pueden derribar todos los demás. Luego hay quienes afirman que es imposible ser como el Señor. Se equivocan. Jesucristo, siendo Dios, asumió verdaderamente la naturaleza humana, y fue igual a nosotros en absolutamente todo excepto en el pecado: Él nos da la gracia para vivir, siendo hombres, su amor sobrenatural[3].

Hay un texto de la Sagrada Escritura que ayuda a comprender –si se lee con un espíritu sencillo- aquel en el que san Pablo, que era célibe, animaba a los cristianos de Corinto a seguir esta forma de vida: quiero que estéis libres de preocupación –les dice- el soltero se preocupa por las cosas del Señor, de cómo puede agradar al Señor; el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos[4].

El celibato muy pronto empezó a vivirse en la Iglesia, quien afirme que apareció en la edad media es porque desconoce la historia, porque toca “de oídas”, como los malos músicos[5].

Existen alrededor del celibato una serie de mitos o leyendas urbanas que lo han ido desprestigiando hasta el día de hoy: (1) el celibato es la causa de que haya tantos abusos sexuales[6]; (2) si permitieran el matrimonio de los sacerdotes se evitarían esos abusos[7]; (3) el celibato y la virginidad, al ir contra la naturaleza, impiden al hombre y a la mujer realizarse plenamente.

Poco a poco gracias a éstos argumentos la duda y la desconfianza va ganando terreno en el criterio de los jóvenes: ya no se plantean el entregar su vida a Dios y además –y lo que es peor- no le encuentran valor a la castidad y la honestidad en sus relaciones humanas.
“Oiga padre ¿y no le cuesta trabajo?, ¿y las tentaciones?” ¡Por supuesto que cuesta trabajo! ¡Por supuesto que hay tentaciones! Las mismitas que tiene cualquier ser humano. ¿Y las tentaciones y los fracasos en el sacerdocio van a desaparecer quitando la disciplina del sacerdocio?, ¿Va a desaparecer la infidelidad matrimonial animando a los fieles a que a vivir la poligamia?

Aunque es cierto que el celibato nos permite dedicarnos con más tiempo al apostolado esa no es la razón principal. El celibato es lo más valioso que le podemos ofrecer a Cristo. ¿Los novios, los esposos, no buscan regalarse lo más valioso? ¿Por qué entonces causa tanto revuelvo que queramos libremente regalarle a Dios lo más valioso que tenemos?

[Por otro lado, la virginidad, el celibato NO significan esterilidad ¡al contrario! la máxima fecundidad. Cuántas instituciones caritativas y de servicio no han sido instituidas por personas que han vivido en el celibato[8]].

Cuando la Iglesia requiere a los sacerdotes del rito romano[9] el celibato nos está llamando a ser como Jesucristo quien fue célibe. ¿Fueron los apóstoles hombres casados? No lo sabemos con certeza. Ni siquiera sabemos si San Pedro estaba casado cuando lo llamó el Señor. Sabemos que tenía suegra, sí, pero podría haber sido viudo ya que su esposa no se menciona[10].

Es cierto que el requisito del celibato para los sacerdotes es una disciplina eclesiástica y no un Mandamiento del Señor, y es cierto que en la Iglesia Católica de rito oriental[11] hay buenos sacerdotes casados, sin embargo la Iglesia tiene la autoridad para establecer los requisitos de los candidatos al sacerdocio porque el sacerdocio no es de derecho natural, es decir, nadie tiene derecho a ser sacerdote, sino que se trata de una llamada sobrenatural.

[En fin] El problema de todo esto no está en la vocación, pues Dios sigue y seguirá llamando, tampoco en el tema de la sexualidad, pues absolutamente todos –casados, solteros y sacerdotes estamos llamados a vivir de manera limpia y pura. El problema está en la falta de fe, en querer echar fuera de ésta discusión en torno al celibato al Señor mismo que es quien tiene la última palabra; por falta de fe no nos vayamos a hundir como le ocurrió a Pedro cuando Jesús le llamó a caminar sobre las aguas[12].

[Yo] Personalmente –y pienso que puedo hablar por millones de hermanos sacerdotes alrededor del mundo- le doy gracias a Dios por el regalo del sacerdocio y del celibato, y asumo que es sólo por Él –por el Señor- que puedo sostenerme. Al mismo tiempo pienso que las personas casadas, si aman a la Iglesia, entenderán y valorarán la importancia del celibato, así como nosotros, los célibes, entendemos y valoramos su vida matrimonial. Ambos son caminos de Dios que se complementan y enriquecen mutuamente en la gran comunidad que es la Iglesia.

La sociedad e incluso muchos católicos –en días recientes en ciudades como Miami- le gritan a la Iglesia que nos dispensen del celibato y nos permitan tener una mujer e hijos, que nos libren de la carga tan “insoportable” del celibato. ¿No deberían más bien pedirle a la Iglesia que nos prepare mejor, que nos cuide más y que nos enseñe a caminar con esfuerzo, entrega y alegría por el camino del amor y no del libertinaje? ■

[1] The Miami Herald, http://www.miamiherald.com/
[2] Muhammad Ali"(1942) anteriormente llamado Cassius Marcelus Clay, cambió su nombre a partir de su adhesión al Islam. Boxeador estadounidense, actualmente está retirado. Considerado como el más grande de la historia en la categoría de pesos pesados, fue también una personalidad destacada y sumamente controvertida a nivel mundial por su activismo político promusulmán.
[3] Jesucristo claramente recomendó el celibato como entrega radical de amor por el Reino de los Cielos: Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.
[4] I Corintios 7,32-34.
[5] El celibato eclesial fue un desarrollo lógico de las enseñanzas de Cristo sobre la continencia (Mateo 19,10-12). Es uno de los consejos evangélicos. Los comienzos de la vida religiosa se encuentran en la práctica del celibato voluntario por el Reino. El celibato era una de las características de los primeros ermitaños y un requisito en las primeras fundaciones monásticas, la de San Pacomio, por ejemplo que vive en el s. IV y que sienta las bases para lo que luego habría de desarrollar san Benito. El Magisterio solemne de la Iglesia reafirma ininterrumpidamente las disposiciones sobre el celibato eclesiástico. El Sínodo de Elvira (300-303?), en el c. 27, prescribe: «El obispo o cualquier otro clérigo tenga consigo solamente o una hermana o una hija virgen consagrada a Dios; pero en modo alguno plugo (al Concilio) que tengan a una extraña» (E. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, ed. Herder, Barcelona 1955, n. 52 b, p. 22); y en el c. 33: «Plugo prohibir totalmente a los obispos, presbíteros y diáconos o a todos los clérigos puestos en ministerio, que se abstengan de sus cónyuges y no engendren hijos y quienquiera lo hiciere, sea apartado del honor de la clerecía» (ib., 52 c). También el Papa Siricio (384-399), en la carta al obispo Himerio de Tarragona, fechada el 10 de febrero de 385, afirma: «El Señor Jesús (...) quiso que la forma de la castidad de su Iglesia, de la que él es esposo, irradiara con esplendor (...). Todos los sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir, que desde el día de nuestra ordenación consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos» (ib., n. 89, p. 34). San Ambrosio (s. IV) escribe sobre el celibato: "Dios amó tanto a esta virtud que no quiso venir al mundo sino acompañado por ella, naciendo de Madre virgen" (San Ambrosio, Tratado sobre las vírgenes) El Papa Calixto II, en el Concilio de Letrán, en 1123, promulgó el celibato como requisito para todo el clero del rito romano. (Los ritos maronitas y armenios, siendo católicos orientales, aceptan a hombres casados para la ordenación sacerdotal, pero no permiten que contraigan matrimonio los que ya han sido ordenados). El Concilio Vaticano II llama al celibato "ese don precioso de la gracia divina dado a algunos por el Padre, para que se dediquen más fácilmente sólo a Dios con un corazón indivisible en virginidad o celibato. Este medio perfecto para el amor del reino del cielo ha sido tenido siempre en gran estima por la Iglesia como un signo y un estímulo del amor, y como una fuente singular de fertilidad espiritual en el mundo". (Constitución dogmática sobre la de la Iglesia, Lumen Gentium n. 42). También dijo que el celibato es el primero de los consejos evangélicos a ser puestos en práctica por los religiosos y dijo que "es un símbolo especial de los beneficios celestiales, y para los religiosos es un forma muy efectiva de dedicarse con todo el corazón al divino servicio y a los trabajos del apostolado" (Decreto Perfectae Caritatis, sobre la Renovación de la Vida Religiosa, n. 12)
[6] El abuso sexual igualmente ocurre entre hombres casados. (Jenkins, Priests and Pedophilia). En la población general, la mayoría de los abusadores son hombres heterosexuales que abusan de niñas. También hay mujeres que abusan de menores. El perfil del abusador sexual de menores no es el de un adulto normal atraído eróticamente hacia niños por causa de la abstinencia. (Fred Berlin, Compulsive Sexual Behaviors in Addiction and Compulsion Behaviors, Boston: NCBC, 1998; Cfr Patrick J. Carnes, Sexual Compulsion: Challenge for Church Leaders in Addiction and Compulsion; Dale O'Leary, Homosexuality and Abuse).
[7] No es mayor la incidencia de abuso sexual por célibes como quiere hacer creer la prensa. Quienes cometen estos delitos no son aptos ni para ser sacerdotes y ni para ser casados. ¿Qué mujer querrá casarse con un hombre si sabe que es abusador sexual?.
[8] Hoy, en muchos países del “Primer Mundo”, la acción caritativa llega a todos los campos y capas de la sociedad. Se relaciona con el derecho civil, con las obligaciones sociales, con la responsabilidad del estado. Desde la guardería infantil hasta el asilo de ancianos la vida del hombre está acompañada de una asistencia organizada. Así en algunos países de Occidente, la Confederación Cáritas creció hasta llegar a ser una impresionante empresa de servicios. Aunque sea difícil de creer, Cáritas Alemana emplea 500.000 trabajadores profesionales, constituyendo así la segunda mayor entidad patronal en Alemania después del estado. El peso y la influencia de las instituciones caritativas católicas es considerable: Cáritas en Estados Unidos dispone anualmente, para asistencia a proyectos en países subdesarrollados, el así llamado CRS (Catholic Relief Services), de un presupuesto de aproximadamente 400 millones de dólares. Cfr http://212.77.1.247/roman_curia/pontifical_councils/corunum/corunum_sp/attivita_sp/rc_pc_corunum_doc_20070512_Attivita_Iniziative_Missioni_Brasile_Aparecida_Conferenza%20Cordes_sp.html
[9] El rito romano es el rito litúrgico católico usado en Roma. Ha tenido varias formas. Tomó su forma actual en los años que siguieron inmediatamente el Concilio Vaticano II (1962-1965). La forma que tenía la Misa de este rito entre los años 1570 y 1970 es conocida como rito tridentino, de la cual la más reciente versión, impuesta por el Papa Juan XXIII en el año 1962, puede ser usada como "forma extraordinaria" del rito romano. La Misa del rito litúrgico romano fue modificada y reconstruida substancialmente en algún momento entre los siglos IV, VI y VII. No hay que imaginar que la Misa tridentina haya sido casi idéntica a la del rito romano del siglo VII, tanto menos a la de los primeros siglos.
[10] Cfr Mc 1, 29-31; Mt 8, 14-16; Lc 4, 38-39
[11] Se conoce actualmente con el nombre de iglesias orientales católicas a las iglesias cristianas orientales que reconocen la autoridad del papa de Roma, es decir, que se consideran católicas, pero manteniendo su organización y ritos particulares. En el pasado fueron también llamadas uniatas, pero el término es hoy considerado despectivo e inexacto ya que refiere a las uniones parciales con la iglesia de Roma pero no puede aplicarse a las iglesias que siempre han estado en comunión con el papa. En la actualidad, el término uniatas subsiste entre los ortodoxos y es rechazado por los propios católicos orientales. El artículo que la wikipedia dedica a éste tema (http://es.wikipedia.org/wiki/Cat%C3%B3lico_Oriental) es bastante ilustrativo y exacto.
[12] Cfr Mt 14, 22-32.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris