Miércoles de Ceniza

Por toda la red aparecen éstos días cientos de imágenes de los carnavales que se celebran alrededor del mundo[1] ¿No llaman la atención tantas máscaras y disfraces?, ¿de qué se esconde el hombre de éste siglo?[2].

Más allá de la diversión que puede significar lo grotescamente carnal frente a lo espiritual, hay otra realidad mucho más radical, que también tiene que ver con la carne, y que hoy, Miércoles de Ceniza, se nos recuerda: Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás. Ciertamente la forma se ha suavizado con el Conviértete y cree en el Evangelio, sin embargo la realidad sigue siendo la misma. Y, ¡qué curioso! contrariamente a lo que puedan pensar muchos, si existe alguien que reverencia verdaderamente a la carne, ése es el cristiano. Nuestra paradoja pasa de reconocer nuestra propia condición, a adorar a un Dios encarnado, es decir, de la misma condición que uno de nosotros, ¡Oh admirable intercambio![3] Que solía decir San León Magno.

En el día en que comienza la cuaresma, la Iglesia nos invita al ayuno, a la abstinencia y a dar limosna; nos recuerda, una año más que el quid de lo que vamos a vivir durante cuarenta días se resume en una sola palabra: amor. Cuarenta días en donde iremos descubriendo lo más entrañable del misterio cristiano y un Dios hecho carne que va a entregarse, día a día, por cada uno de nosotros. Aquello que más nos duele, lo que a veces nos resulta insoportable, la oscuridad que parece nunca se va a desaparecer, la traición que quizá hemos sufrido, o la incomprensión que nos agobia en el corazón… ¡todo eso!, y mucho más, es lo que vamos a contemplar en la vida, en las palabras y, sobre todo, en el rostro Jesús que sale al encuentro y nos dice Yo he vencido al mundo.

Ésta es la esperanza de la que nos alimentamos todos los días, y que nos hace recuperarnos de las cenizas de nuestra vida, lo único trascendente y que tiene valor: el amor que Dios ha depositado en cada uno, y que hace que lo carnal entonces sí tenga sentido, porque es la misma carne que llevó Jesús, y aún le acompaña por toda la eternidad ■

[1] Un carnaval es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año), y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle. Por extensión se llaman así algunas fiestas similares en cualquier época del año. A pesar de las grandes diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol. Hay quien ha encontrado en el carnaval elementos supervivientes de antiguas fiestas y culturas, como la fiesta de invierno (Saturnalia), las celebraciones dionisíacas griegas y romanas (Bacanales), las fiestas andinas prehispánicas y las culturas afro americanas. Ciertos autores consideran que para la sociedad fuertemente estructurada por el cristianismo, el tiempo de carnestolendas ofrecía mascaradas rituales de raíz pagana y un lapso de permisividad que se oponía a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma.
[2] Miércoles de Ceniza del 2009. 25-II-2009.
[3] O admirabile commercium: creator generis humani,
animatum corpus sumens de virgine nasci dignatus est;
et procedens homo sine semine,
largitus est nobis suam Deitatem.


Ilustración: Pedro Bruegel El Viejo, Lucha entre el Carnaval y la Cuaresma (detalle) (1559), óleo sobre madera, 38 cm, Kunsthistorisches Museum (Vienna).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris