Querido Agus (...) verás, por la vida del sacerdote pasan muchas vidas y ninguna se va sin dejar huella, a veces una herida. Cuando estás en el confesonario, o fuera de él, después de escuchar, de consolar a tantas personas, a veces terminamos muy cansados. No es un cansancio físico; es il cuore che si stanca, el corazón, que no puede más. Con el paso del tiempo he ido viendo más claro que tenía razón. También yo algunas noches vuelvo a casa con el corazón hecho un lío; roto por las penas que me contaron y eufórico por otras tantas alegrías; golpeado por disgustos, tragedias y muertes, pero también esperanzado, con el consuelo de saber que puedo ayudar y debo hacerlo. Las vidas que pasan a mi lado exigen que me implique por completo, que no sea sólo médico, ni sólo maestro, ni sólo juez. Ante todo amigo, como Jesús lo fue. No sé si esto es un "pensiero" o un desahogo. Sea lo que fuere, anoto que el corazón se cansa, que a veces también es duro ser cura. Y sin embargo ninguna otra cosa vale tanto la pena. Por eso el corazón no se rinde. Y el motriz ayuda ■ querido D. Enrique nadie podía decirlo mejor ¡gracias!

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris