XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Con mucha simpatía cuenta Juan Manuel de Prada en uno de sus artículos que hubo épocas en que los cristianos se acogieron a la disciplina del arcano, ocultando las cosas de la religión a los paganos, pues comprobaban que, por mucho que se esforzasen en explicarles los misterios de su fe, los paganos lo entendían todo del revés y propalaban, por ejemplo, que la Eucaristía consistía en comerse a un niño crudo y otras aberraciones semejantes. La vida es así[1].

Y lo cuenta a propósito de un libro que está preparando sobre Leonardo Castellani, sin duda alguna uno de los mejores escritores católicos del siglo XX[2]. En una de sus artículos titulado Al arcano de nuevo, Castellani propone volver a aquella disciplina de los primeros cristianos, viendo que los señores incrédulos de nuestra época se obstinan en creer que Jesús estuvo enamorado de María Magdalena o que la burra de Balaam se llama así porque milagrosamente una vez baló[3].

Tratar de aproximar la religión a ciertas personas con mentes retorcidas lo considera Castellani trabajos de amor perdidos; y propone con mucha gracia que en lugar de gastarnos escribiendo tratados de apologética que rechazarán (aunque luego crean en el espiritismo, o en el Progreso, o en cualquier otra tontería pues ya se sabe que cuando se deja de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa), nos dediquemos a hacerles creer aquellas tonterías que afirman categóricamente. Por ejemplo: que al Papa todos los cristianos deben adorarlo como Dios; o que la Santísima Trinidad la componen la paloma del Espíritu Santo, el Cordero de Dios y el Buey de Belén. Tonterías que, indudablemente, se tragarán; pues nadie hay más crédulo que un incrédulo profesional.

Todo esto viene a cuento porque estaba echándole un ojo a lo que dijo Papa durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Sydney hace unos meses[4]. Su Santidad dijo allí muchas cosas hermosas, incisivas o clarividentes; desafortunadamente a la prensa sólo le interesó resaltar que ha vuelto a mostrar su vergüenza por los abusos perpetrados por ciertos sacerdotes pederastas. O, dicho más exactamente, a la prensa le importa un pepino que el Papa haya mostrado su pesar por estas conductas abominables, o que haya declarado que el sufrimiento de las víctimas es el suyo propio (pues, en el fondo, a la prensa le importan más bien nada tales víctimas).

Casi siempre a la prensa le interesa únicamente resaltar que los sacerdotes somos pederastas; ni siquiera que haya unos pocos que denigran el ministerio entre tantos miles de sacerdotes que cada día luchamos por hacer de la Iglesia un sitio valioso, sino que los sacerdotes somos pederastas por naturaleza.

Y es que cuando se trata de envilecer a la Iglesia, una golondrina sí hace verano; y de nada sirve que por cada sacerdote pederasta hayamos muchos más que queremos ayudar a muchos niños a encontrarse con Dios, esto por no mencionar a mis hermanos sacerdotes que se parten la cara trabajando en países pobres y sin medios económicos. Estos últimos nada importan; o importan tanto que se oculta su mera existencia. Pues, si se divulgara, se correría el riesgo de que la gente bienintencionada pensase que tal vez los pocos sacerdotes pederastas que desgraciadamente existen entre tantos que no lo somos son una ilustración de aquella parábola del trigo y la cizaña que nos contó nuestro Señor[5].

Y de nada sirve que el Papa exprese su pesar ante conductas tan abominables como aisladas y exija que la justicia humana las castigue; de nada sirve que haya mostrado su disposición a limpiar la suciedad que se refugia en el seno de la Iglesia con soluciones dolorosísimas ante las que no le ha temblado jamás el pulso; de nada sirve que haya extremado su celo y reclamado a los obispos que extremen el suyo, vigilando la conducta de sus sacerdotes y seminaristas[6], a la prensa sólo le interesa ventilar que los sacerdotes somos un desastre; y mañana dirá, si es necesario, que nos comemos crudos a los niños, por poner un ejemplo extremo. Saben que cuentan con una clientela crédula que, por cerrazón de inteligencia o suciedad de corazón, está dispuesta a tragarse todo.

Celebramos hoy en las arquidiócesis y diócesis de los Estados Unidos una jornada especial de oración por los sacerdotes, a ver si además de orar con más fuerza a Dios Padre que nos haga a quienes trabajamos a Su servicio sacerdotes a la medida del corazón de Su Hijo, salimos en defensa –frente a la prensa especialmente- de los sacerdotes. Que no se nos olvide que el sacerdote es segregatus a peccatoribus (separado –y sacado de entre-los pecadores) et excelsior coelis factus (Y subido por encima de los cielos). Ab hominibus assumputs (Escogido de entre los hombres) pro hominibus constitutus (Y constituido en servicio de los hombres) ut oferta dona et sacrificia pro peccatis (Para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados). Qui condolere possit (que sepa compadecerse) quoniam et ipse circundatus est infirmitate (porque también a él le abraza la enfermedad).

En menos palabras: el sacerdote, indigno y pecador, actúa in persona Christi et in nomine Ecclesiae[7]

[1] Texto preparado para el XXX Domingo del Tiempo Ordinario (26.X.2008), en las arquidiócesis y diócesis de los Estados Unidos Priesthood Sunday (http://www.priestsunday.org/)
[2] Sacerdote católico y escritor argentino, figura importante en los círculos tradicionalistas de su época. Tras una vida agitada, dedicó sus últimos años a un acendrado misticismo.
[3] Cfr. Nm 22, 7 ss
[4] Cfr http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2008/index_australia_sp.htm
[5] Cfr Mt 13:24-30;36-43
[6] Cfr. Discurso de Su Santidad Benedicto XVI en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington, D.C. el 16.4.2008 en la Celebración de las Vísperas y encuentro con los Obispos de los Estados Unidos: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2008/april/documents/hf_ben-xvi_spe_20080416_bishops-usa_sp.html; Discurso del Santo Padre Juan Pablo I en la reunión interdicasterial con los Cardenales de los Estados Unidos: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2002/april/documents/hf_jp-ii_spe_20020423_usa-cardinals_sp.html
[7] Sacerdotium ministeriale seu hierarchicum essentia non gradu tantum a communi fidelium sacerdotio differre docens, Concilium Vaticanum II eo ipso fidei certitudinem expressit, iuxta quam tantummodo Episcopi et Presbyteri potestate gaudent Eucharisticum mysterium peragendi. Quamvis, enim, fideles universi unum idemque Christi sacerdotium participent et in oblationem Eucharistiae concurrant, solum tamen sacerdos ministerialis, vi sacramenti Ordinis, potestate gaudet sacrificium Eucharisticum conficiendi in persona Christi illudque totius christiani populi nomine offerendi; Cfr Lumen Gentium, 10. 17. 26. 28; Sacrosanctum Concilium, 7; Christus Dominus, 15; Presbyterorum Ordinis, 2 et 3; cfr. etiam PAULI VI Mysterium Fidei, die 3 sept. 1965: AAS 57 (1965) 761.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris