IV Domingo de Pascua

El próximo martes comienza el primer viaje apostólico del Papa a los Estados Unidos. Hoy que celebramos el Domingo del Buen Pastor[1] seguramente a nuestro Señor no le importará que centremos un poco más la atención en el Papa, al fin y al cabo es Su representante, Su vicario; justo por eso es que le llamamos Santo Padre o Su Santidad[2].

Se cuentan ya por cientos los textos en los que Benedicto XVI habla de las relaciones entre Dios y los hombres. En Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo…afirma «¿En dónde consta que el tema de la salvación debe asociarse únicamente con las religiones? ¿No habría que abordarlo, de manera mucho más diferenciada, a partir de la totalidad de la existencia humana? ¿Y no debe seguir guiándonos siempre el supremo respeto hacia el misterio de la acción de Dios? ¿Tendremos que inventar necesariamente una teoría acerca de cómo Dios es capaz de salvar, sin perjudicar en nada la singularidad única de Cristo?»[3].

Es a través de la vocación, es decir, del camino personal por el que cada uno se salva (salvación entendida como madurez hacia el amor), como el hombre va configurando su vida y su felicidad, eso que el Papa llama «la totalidad de la existencia humana». No es cuando hay crisis y caídas que se deja el arado o se pierde la fe[4]. No. Es cuando se deja de ser quién de verdad se debe de ser cuando empieza la verdadera tragedia de la vida.

Para realizarse en la propia vocación –la que sea, la que haya recibido cada uno- se necesita tiempo, el tiempo también es gracia: y con el tiempo llega el conocimiento personal: saber quién soy, como soy, aceptarme, quererme en lo bueno y en lo malo, y darme al mundo. A partir de allí se va caminando. Al que le vaya bien con los Terciarios Capuletos de Nuestra Señora del Sentido Común (ésta Orden me la acabo de inventar para no herir susceptibilidades) pues perfecto, al que no, pues también. Al que le ha tocado vivir en el Islam, pues lo mismo.

«Por ejemplo –sigue diciendo el Papa- hoy en día contemplamos diversas maneras en las que se puede vivir el Islam: formas destructoras y formas en los que podemos reconocer cierta cercanía el misterio de Cristo. ¿Podrá y tendrá el hombre que arreglárselas simplemente con la forma que encuentre ante sí, por la forma que en que se practica en su entorno la religión que le ha correspondido? ¿O acaso no tendrá que ser una persona que tiende a la purificación de su conciencia y que –al menos eso- va así en pos de las formas más puras de su religión»[5].

Como cristianos no podemos ir cortando cabezas cuando alguien no comparte nuestras convicciones o creencias; o cuando vemos que aquel duda y el de más allá desfallece. Tampoco movernos en el mundo de la mera justicia, ligada a la medida, pues Dios no debe nada a nadie, y aunque hagamos sacrificios increíbles y admirables por Él sus recompensas siguen siendo gratuitas y generosas.

No podemos ser como aquellos de la parábola del obrero de la undécima hora: los contratados por la mañana hablan con el lenguaje de la justicia –exigen equivalencia entre trabajo y salario: A éstos últimos que han trabajado sólo una hora le das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor?”. Porque me sale de las ganas, podría haber contestado el dueño de la mies (y yo mismo, por ejemplo); pero aquel hombre es más fino, más educado, y contesta: ¿Es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno?[6].

No hace mucho le preguntaron al Papa en una entrevista si conoce a su ángel de la guarda, y contestó: «No. Yo me siento tan remitido a Dios, que aunque estoy agradecido por creer en el ángel de la guarda, me comunico directamente con Dios mismo. Para otras personas supone una certeza muy consoladora. Lo importante es no detenerse allí, sino dejarse conducir de verdad a Dios, y que la auténtica meta de la comunicación siga siendo siempre Dios mismo».

Mucho tenemos todavía que aprender aún en nuestras relaciones con nuestro Dios. El Papa, que camina delante de muchos de nosotros en edad y en sabiduría, tiene muchas cosas qué decirnos. Como sacerdote, como Obispo y actualmente como Pontífice posee un conocimiento especialmente claro y luminoso de la humanidad y del Creador. Abramos sinceramente el corazón y la inteligencia para escuchar sus palabras, que nos remitirán desde luego a la Palabra de Dios. Y acompañémosle a lo largo de los siguientes días con nuestro cariño y nuestra oración como hijos de la Iglesia, Madre y Maestra ■

[1] 16.IV.2008, IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor.
[2] La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos –United States Conference of Catholic Bishops- tiene preparada una página para seguir día a día el viaje apostólico del Papa, basta con hacer click en www.uspapalvisit.org/
[3] www.zenit.org/article-10202?l=spanish
[4] Cfr Lc 9, 62.
[5] P. 48, Ediciones Sígueme. Salamanca, 2005
[6] Cfr Mt 20, 1-16.


Ilustración: Yu Jiade, El Buen Pastor.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris