IV Domingo de Cuaresma

Jesús siente por Nicodemo lo mismo que siente por la muchedumbre: una gran compasión. Por eso se toma todo el tiempo del mundo –la conversación es larga- para hablar con él[1].

La pregunta del Maestro a aquel personaje que lo visita de noche -¿tú eres maestro de Israel e ignoras éstas cosas?- nos ayuda a comprender que la ciencia humana, por muy grande que sea, será siempre insuficiente, y que las verdades divinas deben ser recibidas con la sencillez de un niño, para después ser meditadas durante toda la vida con la admiración del que sabe que la realidad divina siempre supera nuestra inteligencia[2] .

La constante meditación de los misterios de nuestra fe debe llevarnos a comprender que el Señor no se encarnó para contemplarse a sí mismo. Y lo mismo sucede con la Iglesia que no existe para ella misma, para su propia utilidad o salvación; existe para los demás, para el mundo, para la gente, sobre todo para los cansados y oprimidos.

El Concilio Vaticano II dedicó un documento entero, la Gaudium et spes, a mostrar cómo la Iglesia existe «para el mundo». Comienza con las conocidas palabras: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón»[3].

Los pastores de hoy, desde el Papa hasta el último párroco de pueblo, desde esta perspectiva, debemos presentarnos y actuar como los depositarios y continuadores de la compasión de Cristo. El cardenal vietnamita Van Thuan[4], que había pasado trece años en las prisiones comunistas de su país, en una preciosa meditación dirigida al Papa y a la Curia Romana, decía: «Sueño con una Iglesia que sea una puerta santa siempre abierta, que abrace a todos, llena de compasión, que comprenda las penas y los sufrimientos de la humanidad, una Iglesia que proteja, consuele y guíe a toda nación hacia el Padre que nos ama».

Todos en la Iglesia, tras su ascensión, debemos continuar la misión del Maestro que decía Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso...[5]. Es el rostro más humano de la Iglesia, el que mejor le reconcilia con los espíritus, y que permite perdonar sus muchas deficiencias y miserias.

El padre Pío de Pietrelcina llamó al hospital que fundó en San Giovanni Rotondo Casa de alivio del sufrimiento, un nombre hermosísimo que se aplica a toda la Iglesia. Toda la Iglesia y todos en la Iglesia debemos ser una casa de alivio del sufrimiento. En parte, hay que reconocer que lo es, a no ser que cerremos los ojos a la inmensa obra de caridad y de asistencia que la Iglesia desempeña entre los más desheredados del mundo.

Aparentemente las muchedumbres que vemos a nuestro alrededor no parecen cansadas y agobiadas, como en tiempos de nuestro Señor[6], sin embargo tras la fachada de bienestar, bajo los techos de nuestras ciudades, hay mucho cansancio, soledad, desesperanza, y a veces incluso desesperación. El grito de san Agustin –nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti- está más vivo que nunca[7].

Que en éste penúltimo domingo del tiempo de Cuaresma las palabras del Concilio Vaticano II que citábamos hace un momento verdaderamente nos muevan, como a Nicodemo, a replantearnos asuntos concretos de nuestra vida espiritual que conviertan la fe que profesamos en obras de amor y servicio.

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón[8] ■

[1] Nicodemo es el nombre de un judío que aparece en el Nuevo Testamento, importante por ser el protagonista de un profundo diálogo con Jesucristo. Según el evangelio de san Juan, Nicodemo era un rico fariseo, maestro en Israel y miembro del Sanedrín. De él, añade que era «principal entre los judíos». Este hecho hace que sea muy apreciado entre los cristianos pues Nicodemo, al igual que Pablo de Tarso o José de Arimatea, representan al sabio judío versado en la Ley que reconoce en Jesús al Mesías y se hace su discípulo. Su memoria se celebra el 31 de agosto. Los coptos en cambio, lo recuerdan el 25 de julio.
[2] Cfr. Raneiro Cantalamessa, ofmcap, La Iglesia existe para los cansados y oprimidos, homilía del XI Domingo del Tiempo Ordinario.
[3] n. 1
[4] François-Xavier Nguyen van Thuan (1928 - 2002) fue un obispo y cardenal de la Iglesia Católica. Fue ordenado presbítero en 1953 y doctor en Derecho Canónico en 1959. Durante ocho años fue obispo de Nhatrang (1967-1975). En 1975 Pablo VI le nombró arzobispo coadjuntor de Saigón, pero a los pocos meses, con la llegada del régimen comunista al poder de Vietnam, fue arrestado. Pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento. Juan Pablo II le nombró presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y posteriormente lo creó cardenal. Falleció el 16 de septiembre de 2002.
[5] Cfr Mt 11, 28.
[6] Me refiero a ciertas sociedades de ciertos países. Había que echarle un ojo a Camerún y Angola, por ejemplo, y ver las personas con las que Su Santidad se encontrará en los próximos días.
[7] Confesiones X, 10.
[8] Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes, n. 1
Our soul is irreplaceable, it can be exchanged for nothing in heaven or on earth, but until we have heard Christ speak, until we have received His call from the midst of the Christian assembly (every vocation to the faith comes at least implicitly through the Church) and until we have given to Him that secret and unique answer which no one can pronounce in our place, until we have thus found ourselves in Him, we cannot fully realize what it means to be a "person" in the deepest sense of the word ■ Thomas Merton, Seasons of Celebration, p. 24.

Fourth Sunday of Lent

When I first read through the readings for this week, I was struck by one phrase found at the end of the second reading: for we are his handiwork. It is true: we are God’s creation, a unique part of the new creation of the world through Jesus Christ[1].

And our beauty really does not come from our looks (thank God!). Our beauty comes from the way we reflect the Lord, the Infinite Beautiful One. Our reflection is not the static reflection of a painting or sculpture, but the dynamic action of people who make God’s presence real on the earth.

In the conclusion of today’s Gospel, Jesus tells Nicodemus: Whoever lives in the truth comes to the light, so that his works may be clearly seen as done in God.

There are times that we hide our Christianity. Someone is talking about someone else, and we join in the backstabbing. Someone is being vocal about his or her latest plunge into immorality, and we just go along with the rest listening to the exploits in silent agreement. A person is attacking our mother the Catholic Church, and we don’t make any effort to defend her saying the truth. And the artwork that God created, the handiwork of God, remains hidden, in the dark.

But there are those times that we do come into the light and let God’s handiwork be seen in the world. There are times that we give up our days and nights to stay at the bedside of a dying person, perhaps only an acquaintance who would be all alone if we left. And the beauty of God is seen in His Light. There are times that we sacrifice something that we really want to do so that we can spend time with someone who is hurting. You may take this for granted, but when you go to a wake or funeral, you are giving tremendous comfort to the family, even if you are just one of three hundred people there. The family will remember every person present and will thank God for the beauty of His people. There are times that we all take stands which are not popular, which can result in others being upset with us, but we stick with the truth for the sake of the Beauty of His Truth. And His Light overcomes the darkness.

We are God’s work of art. Artists take a deep pride in their work. But their work must be in the light to be seen. We pray today that we may have the courage to allow the light to reveal the Beauty we have be given by our Loving Savior, who is, after all, the Infinite Beauty ■

[1] Sunday 22nd March, 2009, 4th Sunday of Lent. Readings: 2 Chronicles 36:14-16, 19-23. Let my tongue be silenced, if I ever forget you!—Ps 136(137). Ephesians 2:4-10. John 3:14-21.

Ilustration: Diego Rodriguez de Silva y Velázquez, Las Meninas or The Family of Philip IV (1656-57), oil on canvas, 318 x 276 cm, Museo del Prado, Madrid (Spain).

De rodillas, Señor ante el sagrario,
que guarda cuanto queda de amor y de unidad.
Venimos con las flores de un deseo,
para que nos las cambies en frutos de verdad.
Cristo en todas las almas, y en el mundo la paz.

Como ciervos sedientos que van hacia la fuente,
vamos hacia tu encuentro, sabiendo que vendrás;
porque el que la busca es porque ya en la frente
lleva un beso de paz, lleva un beso de paz.

Como estás, mi Señor, en la custodia
igual que la palmera que alegra el arenal,
queremos que en el centro de la vida
reine sobre las cosas tu ardiente caridad.
Cristo en todas las almas, y en el mundo la paz ■
José María Pemán ■ Solemnidad del Corpus Christi, Oficio de Lectura

III Domingo de Cuaresma

Las palabras del Señor que acabamos de escuchar en el Evangelio –Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre- resuenan, como cada una de las palabras de Jesús, con una autoridad tal que invitan al silencio y a la reflexión. A preguntarnos si no hemos convertido nuestras celebraciones y parroquias en mercados en los que se hace de todo menos adorar al Padre en espíritu y en verdad[1].

Los gestos y las posturas que la liturgia de la Iglesia tiene previstas para la celebración de la santa Misa son importantes; es bueno detenerse un momento y comprender su significado.

ESTAR DE PIE, es una forma de demostrar nuestra confianza filial, y al mismo tiempo la disponibilidad para la acción, para el camino[2]. Estar de pie representa también la dignidad de ser hijos de Dios; no somos esclavos delante de su amo. Estar de pie significa confianza del hijo con el padre a quien respeta profundamente y por quien siente cariño y veneración.

Cuando la liturgia nos invita a estar SENTADOS es para que nos sintamos con la confianza de estar en familia, con paz y tranquilidad. Sentados podemos hablar con el Señor que está presente, como sucedió con los discípulos de Emaús[3]. El estar sentado significa también una actitud adecuada para escuchar y aprender cuando un maestro habla[4] y en medio de nosotros está el Maestro, con mayúscula.

El estar DE RODILLAS significa varias cosas: en primer lugar que estamos en la presencia de Dios, a quien adoramos incluso con el cuerpo. Significa también que nos reconocemos pecadores en Su presencia. Una de las decisiones tomadas por los Obispos de los Estados Unidos y aprobada por Roma es que la asamblea se arrodilla inmediatamente después del Sanctus y permanece así hasta el Amen con el que termina la Plegaria Eucarística. Por razones de salud, falta de espacio o alguna otra buena razón se puede permanecer de pie. Más adelante la asamblea vuelve a ponerse de rodillas para adorar al Cordero de Dios[5].

La POSTRACIÓN, que se usa en pocos momentos de la liturgia de la Iglesia como el Viernes Santo o en las ordenaciones sacerdotales o las profesiones perpetuas, significa no tanto el abatimiento, sino la necesidad de protección de Dios y la impotencia personal. Es un profundo signo de humildad y penitencia.

Los seres humanos –y más concretamente los cristianos- no podemos vivir sin gestos y actitudes corporales, con ellos expresamos lo que pensamos y sentimos: un abrazo, un beso, un apretón de manos, las lágrimas, el silencio, etc. La liturgia contiene muchos de éstos gestos, y los usa para expresar exterior y corporalmente nuestros sentimientos hacia Dios.

Por eso es que la Iglesia ha insistido siempre en la necesidad de hacerlos bien, para que sean más significativos. La repetición constante de los ritos, sin conocer su significado, produce un inevitable desgaste y entonces los gestos terminan por no decir o expresar nada.

La liturgia no es un teatro. Es necesario conocer el significado de los gestos y ejecutarlos con convicción, haciendo de ellos auténtica expresión de nuestros sentimientos religiosos.

Hoy, en el momento de la Epíclesis[6] vamos a pedirle al Espíritu Santo –que es Quien vivifica nuestras celebraciones, Quien convierte el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor- que nos ayude a celebrar y asistir la Eucaristía no de cuerpo presente y alma ausente[7] sino con todos los sentidos, a no convertir en un mercado nuestras celebraciones, a adorar al la Trinidad en espíritu y en verdad ■

[1] Cfr Jn 4, 23.
[2] Cfr Ex 12, 11.
[3] Cfr Lc 24, 13-35.
[4] «Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte y se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo la boca les enseñaba» (Mt 5, 1-2)
[5] Cfr Arquidiócesis de Santa Fe (Nuevo México), Carta Pastoral sobre la Instrucción General del Misal Romano. El texto completo puede consultarse en:
www.archdiocesesantafe.org/ABSheehan/ABSMessages/03.11.23LetterGIRMSpan.html
[6] Epíclesis es el nombre que recibe en la celebración de la misa la parte que se dedica a la invocación del Espíritu Santo. Deriva del término griego epíklesis. Como no es posible ninguna liturgia sin la presencia del Espíritu Santo, la epíclesis es una dimensión fundamental de toda celebración litúrgica. Y puesto que el Espíritu Santo está presente y actúa en la vida de la Iglesia, su presencia y su acción se requiere para la vida de los miembros del Cuerpo de Cristo, especialmente, en la acción litúrgico-sacramental. En todo sacramento o acción litúrgica, en cuanto acontecimientos de culto de la nueva economía de salvación “en espíritu y en verdad", siempre está presente el Espíritu Santo actuando en plenitud: siempre tiene lugar la introducción del Espíritu Santo por medio de su presencia invocada (epíclesis). En la eucaristía se invoca al Espíritu para que queden consagrados los dones ofrecidos, el pan y el vino, para que se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo. Y para que la comunión, ayude a la salvación de los que participan de ella y actúe sobre la comunidad eclesial celebrante, se invoca por segunda vez al Espíritu. La celebración es el lugar por excelencia en el que se invoca y se da al Espíritu Santo. En la bendición del agua bautismal. En el sacramento de la penitencia el ministro pide a Dios, "Padre de misericordia que... derramó el Espíritu Santo para remisión de los pecados", que conceda al penitente el perdón y la paz. En la unción de los enfermos, cuando hay que bendecir el óleo, se pide a Dios, Padre de todo consuelo, que envíe desde el cielo al "Espíritu Santo Paráclito". Pero es sobre todo en los ritos de ordenación donde se pone de relieve la acción del Espíritu en las epíclesis consecratorias, Sobre el obispo, el presbítero y el diácono. Por lo demás, no puede haber acción consecratoria sin la invocación del Espíritu Santo, asociada al gesto apostólico de la imposición de manos. Toda auténtica acción litúrgica es epíclesis del Espíritu, sacramento del Espíritu.
[7] La frase es de D. Juan Luis Bastero, rector del Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa hasta 1998.
Ilustración: Cristo en el Monte de los Olivos (s. XV), fresco en la parroquia de Brøns
The Church is guided by the Spirit of God Who embraces all in His infinite simplicity. The Holy Ghost is her life and He is also the source and mover of her prayer. The Holy Ghost prays in the Liturgy and, when we pray with the Liturgy, the Holy Ghost, the Spirit of Christ, prays in us. He teaches us how to pray by praying in us. He not only gives us words to say and sing, He also sings them in our hearts. And when, as must inevitably happen, we fall far short of understanding or appreciating what the prayers mean, the Spirit of God "helps our weakness," asking on our behalf, with a fervor of infinite love we shall never be able to comprehend ■ Thomas Merton, Bread in the Wilderness (New York: New Dimensions, 1953): 41

Third Sunday of Lent

Like the prophets before him, Jesus expressed the deepest respect for the Temple in Jerusalem[1]. It was in the Temple that Joseph and Mary presented him forty days after his birth[2]. Then, at the age of twelve he decided to remain in the Temple to remind his parents that he must be about his Father's business, and during his life he went there each year at least for Passover[3], so, we can see the profound relation between our Lord and the Temple[4].

Our churches and parishes are the authentic descendants of the temple in Jerusalem. Each tabernacle housing the Body and Blood of the Lord is a true Ark of the Covenant[5]. It is the presence of the living God himself who makes each church and chapel a true temple, where we must bow down in awe before the all-holy God.

Because of Christ our churches today are indeed a privileged place of encounter with God. Our reverence for the temples of today should far outstrip the reverence of the apostles for the Jewish temple.

So, let us do this evening some examination of conscience. Let is ask ourselves: do we offer the reverential worship demanded of us by Christ's divinity as we stand in his presence before the tabernacle?

Do we mistake his silent presence for permission to ignore him? Do we genuflect upon entering and prior to departing our Eucharistic chapels?

Do we struggle against the temptation to turn our churches into auditoriums, rehearsal halls, or theaters? Do we call attention to ourselves in needless conversation?

[My brothers and sisters] Like our Lord, we too must express the deepest respect for God and his house. We worship the true temple, the Lamb of God, in the Lord's Body and Blood, SO we have to be very sensitive to the reality that Christ himself is present in the most august sacrament of the Eucharist, and he makes a mere church building into the holiest place on earth. How is our attitude and behavior?

We don’t come to mass to socialize. We don’t come to mass to be entertained. We come to receive. We come to Mass to be fed and nourished by the Word of God –both in Scripture and in Sacrament. Let us open our heart, let us open our mind, and let us open our spirit[6].

Of course we must spend more time in the saving presence of the Lord, but especially we have to preserve in church a reverent silence for true prayer and authentic worship, let us make our parishes and church NOT marketplaces but holy places where we can adore our Lord in spirit and in truth ■

[1] His public ministry itself was patterned by his pilgrimage to Jerusalem for the great Jewish feasts, cfr. Jn 2:13-14; 15:1, 14; 7:1, 10, 14; 8:2; 10:22-23; CCC 583.
[2] Lk 2:22-39
[3] Cf. Lk 2:41.
[4] Sunday 15th March, 2009, 3rd Sunday of Lent. Readings: Exodus 20:1-17. Lord, you have the words of everlasting life—Ps 18(19):8-11. 1 Corinthians 1:22-25. John 2:13-25.
[5] The Ark of the Covenant (Hebrew: אָרוֹן הָבְרִית‎ Ārōn Hāb’rīt; Arabic: تابوت ﻓﻴﻪ سکینہ‎ Tābūt fīhi Sakīnihi) is described in the Bible as a sacred container, where in rested the Tablets of stone containing the Ten Commandments as well as Aaron's rod and manna. According to the Biblical account, the Ark was built at the command of God, in accord with Moses' prophetic vision on Mount Sinai (Exodus 25:10-16). God communicated with Moses "from between the two cherubim" on the Ark's cover (Exodus 25:22). The Ark and its sanctuary were "the beauty of Israel" (Lamentations 2:1). Biblical account relates that during the trip of the Israelites, the Ark was carried by the priests (Numbers 35:5; Joshua 4:5) in advance of the people and their army or host (Num. 4:5-6; 10:33-36; Psalms 68:1; 132:8). When the Ark was borne by priests into the bed of the Jordan, the river was separated, opening a pathway for the whole of the host to pass over (Josh. 3:15-16; 4:7-18). The Ark was borne in a seven-day procession around the wall of Jericho by seven priests sounding seven trumpets of rams' horns, the city taken with a shout (Josh. 6:4-20). When carried, the Ark was always wrapped in a veil, in tachash skins (the identity of this animal is uncertain), and a blue cloth, and was carefully concealed, even from the eyes of the Levites who carried it.
[6] Cfr. M. Kelly, Rediscovering Catholicism, Beacon Publishing, p. 194.
Ilustration: Arch of Titus (Rome, 90 AD), Moving the Arc of the Covenant to the Temple in Jerusalem, detail of relief from inner face.

Audi, benigne Conditor,
Nostras preces cum fletibus,
In hoc sacro jejunio
Fusas quadragenaria.

Scrutator alme cordium,
Infirma tu scis virium:
Ad te reversis exhibe
Remissionis gratiam.

Multum quidem peccavimus,
Sed parce confitentibus:
Ad nominis laudem tui
Confer medelam languidis.

Concede nostrum conteri
Corpus per abstinentiam;
Culpae ut relinquant pabulum
Jejuna corda criminum.

Praesta, beata Trinitas,
Concede, simplex Unitas;
Ut fructuosa sint tuis
Jejuniorum munera.

Oh bondadoso Creador: escucha
La voz de nuestras súplicas y el llanto
Que, mientras dura el sacrosanto ayuno
De estos cuarenta días, derramamos.

A Ti, que escrutas nuestros corazones
Y que conoces todas sus flaquezas,
Nos dirigimos para suplicarte
La gracia celestial de tu indulgencia.

Mucho ha sido, en verdad, lo que pecamos,
Pero estamos, al fin, arrepentidos,
Y te pedimos, por tu excelso nombre,
Que nos cures los males que sufrimos.

Haz que por la virtud de la abstinencia
Podamos dominar a nuestros cuerpos,
Y que, participando del ayuno,
No pequen más los corazones nuestros.

Oh Trinidad Santísima, concédenos,
Oh simplicísima Unidad, otórganos
Que los efectos de la penitencia
De estos días nos sean provechosos ■
Domenico Feti, La Magdalena penitente (1617-21),
óleo sobre tela (98 x 78,5 cm), Galleria Doria-Pamphili (Rome)

II Domingo de Cuaresma

Tengo un buen amigo que a sus muchos años no logra comer hígado. Simplemente no puede. De niño lo hacia porque su mamá se empeñaba. ¿Cómo lo lograba? Primero agotaba los recursos más tradicionales como dárselo al perro a escondidas, dejarlo debajo de la mesa, envolverlo en la servilleta o pasar pedacitos discretos al plato del hermano más cercano, etc. sin embargo todas estas técnicas eran rápidamente desactivadas por la mamá, por lo que casi siempre al final tenía que enfrentarse de frente con el problema. ¿Solución? Gracias a su afición a la mostaza, untaba medio tarro del frasco sobre el filete, y así conseguía neutralizar casi por completo el [terrible] sabor del hígado. Su técnica resultó durante algunos años exitosa[1].

Ésta técnica, aunque útil para muchas cosas, no funciona cuando la aplicamos a la fe que profesamos. El pescado con salsa tártara es una maravilla, nada mejor que una ensalada con un buen aderezo, sin embargo ni el cristianismo ni el evangelio soportan ningún condimento.

El evangelio nos pide amar a Dios sobre todas las cosas[2]. “Bien. Sí. Sobre todas las cosas menos sobre el ipod, o mi sabadito de golf o el partido de fútbol del fin de semana”. Cristianismo con catsup.

Jesús en el evangelio invita franca y sencillamente a tomar la cruz de cada día[3]. “Bien, de acuerdo, pero con un buen cojín para el hombro y alguien que me ayude ¿eh? Y que la cruz sea de la madera más ligera del mercado”. Cristianismo con azúcar.

El evangelio dice que los limpios de corazón verán a Dios[4]. “Hombre, sí, pero no es para tanto, tranquilo; no hay que exagerar, si todo el mundo lo hace no tiene que estar tan mal”. Cristianismo con miel de maple.

Jesús en el evangelio habla de amar a los enemigos[5]. “Sí, totalmente de acuerdo, sólo que a ése que me metió una zancadilla profesional lo odiaré toda mi vida”. Cristianismo con mayonesa.

El Evangelio nos pide perdonar setenta veces siete[6]. “OK, pero a ése no. Es un caso especial. Lo que me hizo es imperdonable”. Cristianismo con un chorrito de leche.

Jesús nos invita a no poner el corazón en los bienes de la tierra[7]. “Sí sí, lo que pasa es que en este mundo globalizado hay que tener de todo”. Cristianismo con unas rueditas de jitomate.

El Señor nos habla de la necesidad de la oración[8]. “¡Claro! Es importante, pero ¿no ves que no tengo tiempo, que soy una persona muy ocupada?”. Cristianismo con relleno de chocolate.

Nos pide también detenernos y ayudar al que está ahí tirado sobre el camino[9]. “Lo sé, pero hoy en día es peligroso. Nunca se sabe lo que puede pasar. Además, ayudas y ni te lo agradecen”. Cristianismo con un poco de mermelada.

El Evangelio nos pide fidelidad a Jesucristo[10]. “Bien pero uno debe tener sus propias ideas; yo comparto muchas cosas de las que dice Jesús, pero no estoy de acuerdo en algunos puntos de la moral de la Iglesia”. Cristianismo con Splenda.

Jesús nos recuerda constantemente que estamos de paso, que la vida es un instante, que hemos de aprovecharla minuto a minuto[11]. “Sí, bien, pero tampoco hay que amargarse, hay que hacer lo que a uno le gusta; mejor: no estresarse”. Cristianismo con mostaza.

Y así, poco a poco, terminamos todos pidiendo “¡Cristianismo con algún condimento, por favor!”

El Señor no le puso ningún otro sabor a su vida, ni condimento alguno que la hiciera ser más llevadera. No le agregó ni azúcar ni miel, no neutralizó el dolor de la cruz ni dejó que pasara el cáliz que el Padre tenía dispuesto que bebiese.

En la homilía durante la celebración del Miércoles de Ceniza, Su Santidad Benedicto XVI habló de la vocación de los cristianos: «resucitados con Cristo, han pasado por la muerte, y su vida ya está escondida con Cristo en Dios[12]. Para vivir esta "nueva" existencia en Dios es indispensable alimentarse de la Palabra de Dios. Para estar realmente unidos a Dios, debemos vivir en su presencia, estar en diálogo con él. Jesús lo dice claramente cuando responde a la primera de las tres tentaciones en el desierto, citando el Deuteronomio: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios[13].

Una idea de ésas tan características del Papa que puede ayudarnos a lo largo de ésos días a tomar alguna resolución concreta para vivir de manera profunda nuestra fe pues el cristianismo o se vive como es o no es cristianismo ■

[1] Homilía pronunciada el 8.II.2009, II Domingo del tiempo de Cuaresma, en la parroquia de St. Matthwew, en San Antonio (Texas).
[2] Cfr M5, 19.
[3] Cfr Mc 8, 34-38; Lc 9, 23-27.
[4] Cfr Mt 5, 1-12; Lc 6, 20-26.
[5] Cfr Mt 5,43.
[6] Id 18, 21-22.
[7] Cfr Lc 12, 32.
[8] Cfr Mc 14, 38.
[9] Cfr Lc 10, 30-37.
[10] Cfr Mt 10, 32-33.
[11] Id 25, 1-13.
[12] Cfr Col 3, 1-2.
[13] Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3; la homilía completa puede encontrarse en: www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2009/documents/hf_ben-xvi_hom_20090225_ash-wednesday_sp.html

Christian asceticism does not provide a flight from the world, a refuge from stress and the distractions of manifold wickedness. It enables us to enter into the confusion of the world bearing something of the light of Truth in our hearts, and capable of exercising something of the mysterious, transforming power of the Cross, of love and sacrifice ■ Thomas Merton, Seasons of Celebration, p. 132 ■ Catoira (Camino de Santiago) Cruceiro.

Second Sunday of Lent

As Moses and Elijah –famous mountain climbers- and of course as Jesus, we have many challenges in our lives.

Many times we have mountains that seem greater than we can conquer. These challenges may be a chemical dependency in one or several of the members of our family; the problem may be emotional or psychological. Whatever the challenge, if we take it up and put our trust in God to help us, God will provide. If God is with us, what could possibly keep us from our deepest desire, the desire to be happy with him forever? Nothing, St. Paul says, can keep us from the love of God. To paraphrase the letter to the Romans, neither persecution nor pain, nor suffering nor chemical dependency, nor psychological conditions nor even difficult relatives can destroy His presence in us[1].

Happiness comes from within. Happiness comes from recognizing that the One who has shared His intimate life with us, refuses to desert us as we climb the each challenge life presents[2].

During the last century we experienced many examples of people who were happy in the most desperate situations. Two particularly stand out. The great Catholic priest Maximillian Kolbe showed heroic virtue in a concentration camp during the Second World War. He offered his life to replace that the father of a family when the Nazis decided to kill a certain number of the prisoners as an example to the rest. In this midst of terror, Maximillian Kolbe found the peace of the Lord and as a result the Church was given a new saint[3].
The second is the great American Cardinal, Joseph Bernardino[4]. He was challenged with a spurious allegation and then was challenged with cancer. He died happy and in peace. One of the most beautiful books I have ever read is Cardinal Bernardine's The Gift of Peace. Treat yourself. Buy it, enjoy it and watch how Cardinal Bernardine's climb will encourage you to climb the mountains of your life. God alone turns tragedy into triumph. Yes, we struggle, we climb, we grope for every inch as we go up our latest mountain, but God cares for us and provides for us.

In this era of information and google, when the Internet open the world of knowledge to every home, we have to admit that information is not the solution to every problem. We don't have the answers for all the problems of the world. We don't even know all the right questions. We are called upon to trust in God and to have faith. He has always provided for us and he always will as long as we have faith in him.

Lent is a journey of faith. We are called in this second Sunday of Lent to trust in the Lord in our deepest struggles. Maybe the real mountain we have to climb is the mountain of faith. We don't climb this mountain alone. The one gift of the Lord that is never denied is the gift of faith. Let us pray together ■

[1] Cfr 8:35-39
[2] Sunday 8th March, 2009, 2nd Sunday of Lent. Readings: Genesis 22:1-2, 9-13, 15-18. I will walk in the presence of the Lord in the land of the living—Ps 115(116):10, 15-19. Romans 8:31-34. Mark 9:2-10. [St John of God]
[3] In 1907 Kolbe and his elder brother Francis decided to join the Conventual Franciscans. They illegally crossed the border between Russia and Austria-Hungary and joined the Conventual Franciscan junior seminary in Lwów. He professed his first vows in 1911, adopting the name Maximilian, and the final vows in 1914, in Rome, adopting the names Maximilian Maria, to show his veneration of the Blessed Virgin Mary. In 1912 he was sent to Kraków, and in the same year to a college in Rome, where he studied philosophy, theology, mathematics, and physics. He earned a doctorate in philosophy in 1915 at the Pontifical Gregorian University, and the doctorate in theology in 1919 at the Pontifical University of St. Bonaventure. In 1918 Kolbe was ordained a priest. In 1919 he returned to the newly independent Poland, where he was very active in promoting the veneration of the Immaculate Virgin Mary. Between 1930 and 1936 he took a series of missions to Japan, where he founded a monastery at the outskirts of Nagasaki, a Japanese paper and a seminary.
[4] He was born on April 2, 1928 in Columbia, South Carolina to Joseph and Maria Simion Bernardin, an Italian immigrant couple. He was baptized and confirmed at St. Peter's Catholic Church in Columbia. Bernardin's original academic ambition was to become a physician, inspiring him to enroll in the pre-medical program at the University of South Carolina. However, a year later, Bernardin recognized his calling to serve as a Catholic priest, and transferred to Saint Mary Seminary in Baltimore, Maryland. He graduated with a Bachelor of Arts degree in Philosophy in 1948, and subsequently enrolled in the Catholic University of America to complete his theological studies. On April 26, 1952, Bernardin was ordained a priest of the Diocese of Charleston by John J. Russell at St. Joseph Church. This diocese covers the entire state of South Carolina. During his 14-year tenure at the Diocese of Charleston, Father Bernardin served under four bishops in capacities including chancellor, vicar general, diocesan counselor, and, when the See was vacant, diocesan administrator. In 1959, Pope John XXIII named Bernardin a Papal Chamberlain. In the Consistory of February 2, 1983, he was elevated to the Sacred College of Cardinals by Pope John Paul II. He was given La Perrocchia di Gesú Divino Lavoratore (The Church of Jesus the Divine Worker) as his titular church. He also served as President of the National Conference of Catholic Bishops.
Ilustration: Unknowm master, The Transfiguration of Christ (fragment of Epistyle), First half of the 12th century, L Hermitage (St. Petesburg).

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris


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