La Pascua de los Judíos,
presagio de la otra Pascua.
¿Dónde habrá pan abundante
para esta asamblea santa?

Lo decía en plan de prueba
Jesús cuando preguntaba,
que el Panadero sabía,
dónde el Pan vivo guardaba.

Con divina majestad,
les dijo que se sentaran.
Las aguas de primavera
el césped hermoseaban,
que era un banquete mesiánico
el que Jesús nos brindaba.

Un muchacho en su mochila
cinco panes de cebada
y dos pescados recientes
de provisión los llevaba.

 Tomó Jesús el regalo:
los panes…, y dio las gracias
al Padre de la ternura
que todo don nos regala.

 A Jesús miren los ojos,
mírenlos… qué luz les baña,
que es oración sacramento
la oración de su mirada.

 La Iglesia que a Dios celebra
era la gente sentada,
cinco mil eran los hombres…
aquella tarde dorada…

 Y Jesús, el Limosnero
del Padre que cuida y ama,
en persona, con sus manos,
el Pan vivo regalaba.

Doce canastos sobraron
del festín de la abundancia;
que no se pierdan los panes,
que otros lo necesitaban.

 Así fue el regio banquete,
de aquella Pascua cercana.
Quisieron hacerle Rey,
pero él huyó a la montaña 

Tlalpan, Verbo Encarnado, 21 julio 2009.

Fr. Rufino María Grández

XVII Domingo del Tiempo Ordinario (B)


A partir de éste domingo –el decimoséptimo del Tiempo Ordinario- se interrumpe la lectura del evangelista San Marcos[1], que es el que corresponde al año en curso, y empezaremos a escuchar el hermosísimo capítulo sexto del evangelio de San Juan que será dividido para la celebración litúrgica durante varios domingos sucesivos. Todo el capítulo seis es una gran catequesis eucarística y cristológica, que se abre con el milagro de la multiplicación de los panes.

A Jesús le seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Y esta multitud curiosa, que busca milagros y situaciones extraordinarias, hoy va a ser testigo y de un gran signo, algunos lo comprenderán, otros no. Miles de años después nos sucede exactamente lo mismo. Aquel grupo de hombres. Mujeres y niños sentían hambre, igual que la humanidad de hoy.

Existe hambre física. Los gritos de los pobres, de los que no tienen nada siguen soñando hoy con la misma fuerza que en tiempos del Señor. Es escandaloso que en la mesa del mundo los alimentos mejores y la abundancia pertenezcan a los pueblos llamados cristianos, mientras que la gran mayoría, como nuevos Lázaros, están sentados a la puerta sin tener que comer. Son muchos miles los que diariamente mueren de hambre. Lo sabemos y volteamos la mirada hacia otro sitio.

Y también existe hambre espiritual. Hambre de paz de unidad, de salvación, de cariño y de compañía. Y tampoco hacemos mucho, amodorrados, como estamos, en medio de nuestro confort.
     
     Vamos éste domingo misa a la parroquia, más o menos entendemos el mensaje y nos quedamos con la idea de que debemos hacer algo por los demás. Listo. Vámonos. Sin embargo no profundizamos en la idea que de que para multiplicar el pan necesitamos la presencia del Señor –la Iglesia nos la brinda en nuestras comunidades parroquiales- pero también la colaboración humana. Ambas. Al mismo tiempo. Necesitamos una buena dosis de solidaridad, por decirlo con una palabra más de moda. Sin cinco panes no hubiesen podido comer cinco mil hombres.

Siempre es sorprendente constatar que Dios multiplica con más generosidad y por encima de los cálculos humanos, lo que aquí nos importa es que colaboremos con la acción del Señor. No importa que lo que pongamos no baste, o sea imperfecto, o impuro, el Señor siempre completa, y perfecta y embellece.

No somos poderosos; ni debemos serlo; nuestro auxilio no es el marketing, ni el poder, ni el dinero, ni la fama, sino el nombre del Señor[2], su palabra que es veraz y transformadora. Aprendamos de él y luchemos para que también nuestra voz esté siempre acompañada de nuestras obras[3]. Esta puede ser nuestra oración de ésta mañana •



[1] La Sagrada Escritura ha sido dividida, desde el Concilio Vaticano II, en tres ciclos completos de lecturas, de tal manera que quien asistiera a Misa todos los días, durante tres años seguidos, conseguiría escuchar casi toda la Palabra de Dios.
[2] Sal 123.
[3] Cfr. L. Gracieta, Dabar 1985, 39.

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Y descendió con ellos, y vino a Nazaret y les estaba sujeto»... Descendió: toda su vida no hizo más que descender: descender al encarnarse, descender haciéndose niño pequeño, descender obedeciendo, descender haciéndose... pobre, abandonado, exiliado, perseguido, ajusticiado, poniéndose siempre en el último lugar: Cuando os inviten a un banquete, poneos siempre en el último lugar, es lo que hizo Él desde su entrada en el banquete de la vida hasta su muerte. Vino a Nazaret, el lugar de la vida oculta, de la vida ordinaria, de la vida de familia, de oración, de trabajo, de oscuridad, de virtudes silenciosas, practicadas sin más testigo que Dios, sus prójimos, sus vecinos, testigos de esa vida santa, humilde, bienhechora, oscura, que es la de la mayor parte de los humanos, y de la que dio ejemplo durante treinta años... les estaba sujeto, El, Dios, a ellos, humanos = ejemplo de obediencia, de humildad, de renuncia, en sentido propio, infinita como su divinidad • C. de Foucauld, Obras espirituales. Antología de textos Madrid 1988, n. 226.

VISUAL THEOLOGY


According to tradition, Saint Anne was born in Bethlehem, and married Joachim of Nazareth, both descendants of David. In the Protoevangelium of James, Joachim is described as a rich and pious man, who regularly gave to the poor and to the synagogue at Sepphoris. Tradition has it that the parents of the Blessed Virgin, who, apparently, first lived in Galilee, came later on to settle in Jerusalem. However, as his wife was barren, the high priest rejected Joachim and his sacrifice, as his wife's childlessness was interpreted as a sign of divine displeasure. Joachim consequently withdrew to the desert where he fasted and did penance for forty days. Angels then appeared to both Joachim and Anne to promise them a child. Joachim later returned to Jerusalem and embraced Anne at the city gate. There was ancient belief that a child born of an elderly mother who had given up hope of having offspring was destined for great things. Parallels occur in the Old Testament in the case of Hannah, mother of Samuel. The cycle of legends concerning Joachim and Anne were included in the Golden Legend and remained popular in Christian art until the Council of Trent restricted the depiction of apocryphal events. No liturgical celebration of Saint Joachim was included in the Tridentine Calendar. It was added to the General Roman Calendar in 1584, for celebration on March 20, the day after the feast day of Saint Joseph. In 1738, it was transferred to the Sunday after the Octave of the Assumption of Mary. As part of his effort to allow the liturgy of Sundays to be celebrated, Pope Pius X transferred it to August 16, the day after the Assumption, so that Joachim may be remembered in the celebration of Mary's triumph. It was then celebrated as a Double of the 2nd Class, a rank that was changed in 1960 to that of 2nd Class Feast. In the 1969 revision of the General Roman Calendar it was joined to that of Anne, for celebration on July 26. The Eastern Orthodox Churches and Greek Catholics commemorate Joachim on September 9, the Synaxis of Joachim and Anne, the day after the Nativity of the Theotokos •

Seventeenth Sunday in Ordinary Time (B)

This Sunday we begin a five week focus on the 6th chapter of the Gospel of John. We do this every three years, just as we repeat all the Sunday readings every three years. That the Church should spend five weeks on John 6 demonstrates that this is one of the most important sections of the Gospels[1].

The 6 chapter of John’s gospel begins with the multiplications of the loaves and fish. Why is this miracle retold so often in the Gospels? There are two accounts of the multiplication in Matthew and Mark, one in Luke and one in John. In each passage phrases are used that are repeated at the Last Supper. "He took, He blessed, He broke." Each passage refers to God’s continual gift of the one food we need, the Eucharist.

The Gospel of John places the multiplication of the loaves and fish at the time of the Passover. This isn’t just a passing note. The Passover was the sacred meal of the Jews celebrating their freedom from slavery in Egypt and thanking God for His continual protection. In today’s Gospel Jesus provided a meal at the Passover time. He would provide another meal during another Passover. Holy Thursday took place at the time of the celebration of the Passover. The Last Supper was really the First Supper of the new People of God. The food would no longer be the Passover lamb, but the Lamb of God. The people would eat the Body and Blood of the Lord. It would be a meal of deliverance from slavery, slavery to the devil, slavery to sin. It would be a meal that would provide freedom. It would be a meal that would celebrate the New Life of the Lord. So, from the very start of today’s Gospel, we know that John is speaking about more than loaves and fish. He is speaking about the meal of the Christian Community, the Eucharist.

In today’s Gospel Jesus sees the needs of the people. He restores their strength with his food. This is not just about loaves and fish. Jesus is performing a prophetic action. He provides the banquet Psalm 23 spoke of, the Banquet of the Lord. Those who eat this food will continue to eat it in the House of the Lord forever. When we receive communion, we share in the meal of the Kingdom of God. We are united to people throughout the world and throughout time who also share in this meal.

When we receive communion, we are present at the Last Supper, the First Supper, and the Banquet of the Lord. When we receive communion we enter into the intimate union with God that Jesus came to earth to provide.

How much our God cares for us! He has found a way to nourish our spiritual lives. His very Body and Blood keep us strong. He gives us the strength to proclaim his Kingdom.

We need to ask ourselves at communion time: "What am I doing?" Am I just following the crowd? Hopefully not. Am I receiving some sort of blessing? Hopefully, we realize that communion is much more than a blessing. What is it that I am doing when I receive communion? I am receiving the Food that God provides.

Today we pray for a deeper appreciation, a deeper reverence for the great gift of Love that is the Eucharist •



[1] 17th Sunday of Ordinary Time (B), July 26, 2015. Readings: 2 Kings 4:42-44; Responsorial Psalm 145:10-11, 15-16, 17-18;Ephesians 4:1-6;  John 6:1-15.
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,
pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás para esperar los pies clavados?

• Lope Feliz de Vega y Carpio

XVI Domingo del Tiempo Ordinario (B)

Me pregunto con mucha frecuencia si no nos habremos vuelto esclavos de una especie de «sociedad de la eficacia» donde poco a poco hemos ido perdiendo la capacidad no solo de sorprendernos ante el misterio y lo sobrenatural, sino también la capacidad para descansar y disfrutar hondamente de la vida. A base de esfuerzo y trabajo y logística (al menos en éste bandito país) hemos logrado crear unas  condiciones más aptas para una vida digna, pero ¡ay! Quizá no sabemos luego disfrutar de esa vida, o del descanso.

En el tiempo de vacaciones de muchos hombres y mujeres de hoy, «ya no hay culto ni celebración ni  descanso, sino tan solo derecho al tiempo libre y al placer»[1]. Olvidamos con frecuencia que el hombre no es sólo «una máquina» que necesita una recuperación, sino  un ser que necesita encontrase consigo mismo y redescubrir las raíces mismas que le dan  sentido a su vida. Por eso el descanso verdadero no es tiempo muerto, o placer vacío, o un espacio lleno de egoísmo. El descanso –a propósito de las palabras del Señor en el evangelio- ha de ser «re-creación», actividad que nos libera de nuevo para la vida y el amor. El problema de muchos es que, al dejar su trabajo y no estar ya ocupados por las  obligaciones habituales, se encuentran con su propio vacío y su incapacidad de  comunicarse con un poco de ternura no ya solo con las personas más cercanas, sino incluso consigo mismos, y así las vacaciones se convierten en una huida llena de desenfrenos, y el descanso se convierte en un  esfuerzo vano por llenar el vacío interior acumulando experiencias siempre nuevas,  buscando estimulantes siempre más fuertes o dejándose estrujar de manera infantil por «la industria del tiempo libre». Triste situación.

Al final, sin la fuerza del espíritu, sin la compañía de un silencio fecundo (el gran silencio de la oración), todo se vuelve aburrido, ya que uno  mismo, con su propio vacío, es la fuente y la causa de su propio tedio y aburrimiento. Pascal lo describió infinitamente mejor: «he dicho  con frecuencia que toda la desgracia de los seres humanos procede de una sola cosa que es no saber permanecer en paz dentro de una habitación»[2].

La música y los libros pueden ser dos buenos compañeros para los días de vacaciones. Bach, por ejemplo, es uno de los mejores médicos del alma que ha producido nuestro mundo. Bach era casi algo que hoy no apreciamos: un buen burgués, alguien bien instalado en la sociedad que le rodeaba, que no soñaba en destruir el orden (desorden) en su inundo, que hizo una verdadera revolución en la música sin siquiera habérselo propuesto, sin soñar innovar, pero haciéndolo.

Bach era lo que nosotros no sabemos ser: un hombre feliz. Su cara no nos gusta mucho y su peluca llega a poner nerviositos, pero él conocía la felicidad de componer, la felicidad de existir. En su obra no hay tensiones ni altibajos. Es un genio regular, casi diríamos que un burócrata de la genialidad. Y todo ello sin estar en demasiado conflicto con su mundo y mucho menos consigo mismo, Lo contrario del mundo contemporáneo, que sólo produce genios ariscos, genios a contraorden, a contra- mundo, permanentemente ansiosos, insatisfechos.

Bach era alguien seguro de sí mismo. «Buen marido, buen padre, buen profesor, buen amigo», dicen sus biógrafos. Hoy unimos el concepto de genio al de locura. Nada loco hay en Bach. O, en todo caso, hay una locura muy racional. El dolor es, para él, parte de la historia y jamás desequilibrará esa asombrosa armonía que vivió entre su cabeza, su corazón y su mismo vientre.

Bach supo ser, sin proponérselo, la síntesis de cosas tan opuestas como la música alemana, francesa e italiana de la época. En él se unían -¡milagro!- Pachebel, Buxtehude, Couperin, Vivaldi y Corelli. En una Europa tan desgarrada como la suya supo ser un ferviente luterano, en el que nos sentimos hoy perfectamente expresados los católicos. Oyendo su música parece imposible la desgarradura que entonces sufría la Iglesia. Porque él supo unir lo que no conseguiría sanar el Concilio de Trento.

Los hombres de hoy no encontramos la paz, ni el acuerdo, porque sólo se encuentra lo que se lleva dentro. Y, con almas en guerra, ¿qué se puede generar sino discordia?

Prueba, hermano mío, hermana mía, a llevar contigo unos libros y a darte un chapuzón en la música Bach (o en la de Mozart) y verás cómo junto con una buena Confesión, el alma alcanza el descanso que tanto anhela. 

El descanso engendra tedio y se vuelve insoportable cuando el hombre no sabemos abrirnos hacia lo mejor que hay dentro de nosotros, pero sobre todo cuando no sabemos abrirnos hacia Aquél que es fuente de vida y de libertad[3]. Ojalá sepamos escuchar en medio de nuestras vacaciones las palabras del Señor: venid a un sitio tranquilo a descansar un poco



[1] H. Rombach
[2] Los Pensées (literalmente, "pensamientos") fue una defensa de la religión cristiana escrita por Blaise Pascal, el renombrado filósofo y matemático del siglo XVII. La conversión religiosa de Pascal lo condujo a una vida de asceta, y los Pensées fueron de varias maneras la obra de su vida. La "Apuesta de Pascal" se encuentra contenida en los Pensées.
[3] J. A. Pagola, Buenas Noticias, Navarra 1985, p. 211 ss.

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Quizá nos quedemos encerrados algunas veces, sin posibilidad de tomar aires nuevos (o viejos), sin derroteros o sendas para andar. Esto puede ser muy frecuente en las horas que no dejan respiro o que repiten las mismas "melodías" o vuelcan las copias de dichos pasados en la frialdad de un papel muerto... Pero la realidad no es esto que leo con mis sentidos quizá turbados. La realidad no es lo que llega sin aureola o sin profundidad. No, no es lo que estoy viendo o padeciendo ahora, porque lo REAL siempre está escondido y respira muy hondo donde no acierto a imaginar y mucho menos a encerrar... Sí, lo REAL. Miras para un lado o para otro y nada distingues y hasta puedes quedar sumergido en algún sueño. Pero, es preciso descubrir lo REAL más allá de cualquier desengaño o desesperación o desilusión. Porque esto que me aprisiona, esto que me limita no es mi camino ni "el" camino. Nada ni nadie nos detiene. La "aspiración" profunda en la plegaria, en la vida, es "soplo" de Dios. En un sólo instante, en menos de un instante, por gracia del Altísimo descubrimos lo REAL y desvelamos el corazón más allá de las fronteras repetidoras y asfixiantes. Siempre amanece... Más alto que el sol y todas las estrellas y más cerca que cualquier inmediatez imaginable o no.  Sigamos, pues, nuestra peregrinación, que no estamos aquí ni más allá... "¡Señor, mándanos ir a Tí caminando sobre el agua!"... ¡Hombre de poca Fe nunca dudes! Alberto E. Justo

VISUAL THELOGY

The Papal ferula (from Latin ferula, "rod") is the pastoral staff or crosier used by the Pope. It is a rod with a knob on top surmounted by a cross. This is in contrast to other bishops, who use a crosier which is shaped like a shepherd's crook: bent or crooked at the top and pointed at the lower end. The use of a staff is not mentioned in descriptions of Papal Masses in the Ordines Romani (Roman Ordinals). In the early days of the church, a crosier was carried on some occasions by the pope, but this practice disappeared by the time of Pope Innocent III. Innocent III noted in his De Sacro altaris mysterio (“Concerning the Sacred Mystery of the Altar,” I, 62): “The Roman Pontiff does not use the shepherd's staff.” The reason was that a crosier is often given by the metropolitan archbishop (or by another bishop) to a newly elected bishop during his investiture. In contrast, the pope does not receive investiture from another bishop and is invested with the pallium during his coronation or inauguration •

Sixteenth Sunday in Ordinary Time (B)

This evening let’s do a quick through one of the most popular of all the Psalms, the Psalm 23[1].

The Lord is my shepherd. God wants to direct our lives. Jesus felt so bad for the people in today's Gospel because they had no one to shepherd them. He mourns also for us. The world can be a confusing place. Life can be confusing. Governments like those mentioned in the first reading, often demand that people violate their consciences for what they claim in the greater good. Historically, this has always resulted in the people participating in hidden, immoral agendas. We witnessed this happening the last century with the two extremes of fascism and communism. But what should we do when confronted with what is presented as a small moral sacrifice for what is claimed to be a greater moral good? We need a shepherd to direct us. We have one. The Lord is our shepherd. We should follow God. Right is right and wrong is wrong. We have to let God direct our lives, not politicians. This will protect us from taking the steps that would lead to great evil.

I shall not want. God provides that which we really need in life: a reason for being alive. Following our conscience leads us to rest in Christ, at peace with God, at peace in our inner worlds. Those are the restful waters where He leads us. United with Him, we are who we were meant to be, unique reflections of the image and likeness of God.

He restores our souls. Jesus said in the Sermon on the Mount that we should be perfect as His Heavenly Father is Perfect. How can we be perfect? We are human, we are frail!...

And though I walk through the valley of death, I fear no evil. Yes there are continual challenges in life. In fact, the present life is just a part of the totality of our lives. Here, we are in the valley of death. We are mortal. We become sick and die. Worse, our loved ones die. Still, through all the pain, the suffering and the sorrow, we ultimately trust in God. You are with me, the Psalm proclaims. He is. He guides us with His rod and staff. We are comforted with knowing that whatever happens, the Lord is in charge. He will take care of us. In fact, even when others attack us for our devotion to Him, when others mock us for our faith, even when other Catholics deride us for our determination to live what we profess, even when others mock us because we are not afraid to say what we pray, God will win out. God always wins. Jesus Christ is the Victor. Those who oppose us because we live our faith will eventually witness God's caring for us at the banquet of His Love.

He sets a table before me in the face of my foes. Psalm 23 ends with the great promise: Live united to the Lord and you will experience his goodness and kindness in this life and union with Him in the next life. Surely goodness and mercy shall follow me all the days of my life; and I shall dwell in the house of the Lord forever.

So often we sing this Psalm. So often we pray this Psalm. Today, with the help of the Spirit of God let us resolve to live this Psalm •



[1] 16th Sunday of Ordinary Time (B), July 19, 2015. Readings: Jeremiah 23:1-6; Responsorial Psalm 23:1-3, 3-4, 5; Ephesians 2:13-18; Mark 6:30-34.

Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la buena nueva,
para sanar las almas.

Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que ama.

Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.

Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras,
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén


• Del Oficio de Laudes de la Liturgia de las Horas

XV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

Cómo podría la Iglesia recuperar el prestigio moral y ejercer de nuevo aquella influencia que tuvo en nuestra sociedad hace algunos años? Sin confesarlo en voz alta recordamos (¿sin añorar?) aquellos tiempos en que la Iglesia podía anunciar su mensaje de manera mucho más abierta y sin que los medios de comunicación se le echaran encima. ¿Por qué se ha dejado de prestar atención a lo que la Iglesia tiene qué decir?  ¿No deberíamos hacer algo más –mucho más- por los más jóvenes de manera que al crecer puedan transmitir la fe de manera persuasiva y convincente ¡contagiosa! atrayendo de nuevo a los demás hacia la verdad?

Las palabras del Señor en el evangelio de éste domingo al enviar a sus discípulos sin pan ni alforja, sin dinero ni túnica de repuesto nos invitan a pensar más bien en «caminar» pobremente, con libertad, ligereza y disponibilidad total, es decir, lo importante no son los planes pastorales o los cerros de papeles sobre un escritorio que nos den seguridad, sino la fuerza misma del evangelio vivido con sinceridad, pues el evangelio penetra en la sociedad no tanto a través de medios eficaces de propaganda, cuanto por medio de testigos que viven fielmente el seguimiento a Jesucristo. En otras palabras: La Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción; la atracción testimonial de este gozo que anuncia Jesucristo. Ese testimonio que nace de la alegría asumida y luego transformada en anuncio. Es la alegría fundante.

Necesitamos cristianos bien formados doctrinalmente, pero necesitamos, mucho más, testigos vivos del evangelio, al más puro estilo de Papa Francisco. Son necesarias en la Iglesia la organización y las estructuras, sí, pero sólo para sostener la vida evangélica de los creyentes.

Una Iglesia que no es ligera de equipaje, una Iglesia que no está en salida, y unos sacerdotes que no olemos a oveja y que parecemos sargentos con cara de mal pagados, que decía mi nana Chuy. Una Iglesia corre el riesgo de hacerse sedentaria y conservadora, una Iglesia que a la larga se preocupará más de abastecerse a sí misma que de caminar libremente en el evangelio

Una Iglesia más desguarnecida, más desprovista de privilegios y más empobrecida de poder socio-político, es una Iglesia más libre y más capaz de ofrecer el evangelio en su verdadera pureza[1]




[1] J. A. Pagola, Buenas Noticias, Navarra 1985, p. 209 ss.

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Esto piénsalo con gran reverencia, temor y temblor, y al mismo tiempo con suma discreción y ardentísimo amor; unas veces, postrado a los pies de su inmensa majestad, pídele perdón de tus pecados con el corazón contrito; otras, postrado ante la cruz, traspasado de compasión y herido con Cristo, gime y llora la sacratísima pasión del Hijo de Dios; otras, medita la vida toda de Cristo para convertirla en norma de tu vida torcida; otras, repasa en tu espíritu los innumerables e inmensos beneficios que de Él has recibido y dale rendidas gracias; otras, herido ardentísimamente por los estímulos de su amor, contemplále en todas las criaturas, considerando ora su potencia, ora su sabiduría, ora su bondad, ora su clemencia, a fin de alabarle y ensalzarle en todas sus obras; otras veces, atraído por el deseo de la patria celestial, anhela por Él con gemido y suspiros; otras, considerando las entrañas de su inestimable caridad, derrítete de gozo y excesiva admiración hasta desfallecer tu corazón y tu espíritu en Dios; otras veces, considera ora tu caída, ora tu huida, cuando Él te retenía, te levantaba, te atraía; ora tu continua ingratitud, a pesar de que el seno inefable de la misericordia divina siempre está abierto para recibirte, y, arrastrado de ardentísimo amor, arrójate a Él deshaciéndote en lágrimas; otras veces fija tu atención en los decretos de su justicia soberanamente ocultos, profundos, admirables, misteriosos y extremadamente maravillosos, reverenciándolos todos con gran amor y a la vez con gran temor y temblor, fiel, constante, discreta, suplicante y humildemente; y, por encima de todo, renueva constantemente en tu espíritu y en tu cuerpo la viva memoria de su sacratísima passion • San Buenaventura, Veinticinco memoriales de perfección, 22.

VISUAL THEOLOGY

El Códice Sinaítico o Codex Sinaiticus (Londres, Biblioteca Británica, Add. 43725; Gregory-Aland n.º א (Aleph) o 01) es un manuscrito uncial del siglo IV de la versión griega de la Biblia, escrito en scriptio continua entre los años 330 y 350. Originalmente contenía la totalidad de ambos Testamentos, pero solo han llegado hasta nuestros días trozos de la Septuaginta, la totalidad del Nuevo Testamento, la Epístola de Bernabé y fragmentos de El Pastor de Hermas (lo que sugiere que estos últimos dos textos podrían haber sido considerados parte del canon bíblico por los editores del codex). Junto con el Codex Alexandrinus y el Codex Vaticanus, el Codex Sinaiticus es uno de los manuscritos de mayor valor para la crítica textual del Nuevo Testamento en su versión griega, al igual que la Septuaginta. En la mayor parte del Nuevo Testamento, el Codex Sinaiticus está de acuerdo con el Codex Vaticanus y con el Codex Ephraemi Rescriptus, confirmando un tipo de texto alejandrino; sin embargo, en Juan 1,1-8,38, muestra mayor coincidencia con el Codex Bezae (que tiene mayores similitudes con un tipo de texto occidental) •

Fifteenth Sunday in Ordinary Time (B)

Today’s first reading is from the Book of the Prophet Amos.  Amos was quite different than most of the prophets we come upon in Hebrew Scriptures.  He did not wear strange clothes like Ezekiel and Jeremiah.  He was not a prophet throughout his life like Isaiah or Samuel.  He did not even do strange prophetic actions like Elijah, Hosea and most the prophets.

Amos was a shepherd and a dresser of sycamore trees. These were every day type jobs for an everyday sort of a guy.  He lived just south of the border between the Kingdom of Judah and the Northern Kingdom, the kingdom of Israel. One day he received the message from God that he was to drop everything, cross the border into the Northern Kingdom, go to the holy city of the North, Bethel, and tell the people that they were facing destruction unless they changed their lives. The local priest of Bethel, Amaziah, was upset that this foreigner was infringing on his area and told him to go back to his home. Amos responded that he didn't need this.  He didn't ask to become a prophet. God sent him. But he had no choice but to proclaim the truth of the Lord.  In another part of the book of Amos, Amos says:” The lion has roared; who will not fear? The Lord GOD has spoken; who can but prophesy?"

Amos' concern was focused on the message and the one who gave him the message.  He was not concerned whether or not the people were impressed with him as an individual or even whether or not they wanted to hear what God told him to proclaim.

We see the exact same action taking place in the Gospel reading for this Sunday.  Jesus sends his disciples out to proclaim the coming of the kingdom of God. These disciples were everyday people.  Nothing special about them.  Jesus tells them to carry little luggage and to just proclaim the word and then move on.  If people accept the word great, if they don't, leave quickly, but bring the word of God to the next village.

All of this goes very must against the standard procedures of our information age. Standard procedure of our time is to get a test sampling of what people believe or want to believe and then deal with that as a truth. USA Today, CNN polls, Gallup polls, all tell us what the majority is thinking and then treat it as though this were a truth. The truth is not dependent on the people to whom it is addressed.  The truth is dependent on the fidelity of the proclaimer to the message received by God.  There was a time in history that two thirds of the Church questioned the divinity of Jesus Christ.  That was the time of the Arian heresy. Two thirds of the church!  The numbers still didn't make the Arians correct. The truth always wins. The Arians are forgotten, buried in history and the Church lives on believing in the divinity of Christ.

I am sure you come upon people in your neighborhood or even in your families who tell you that things have changed. Certain things that were seen as immoral before are not immoral now.  I'm sure you have come upon people who tell you that it is OK for people to live together if they are not married, it is OK for people to us certain drugs, it is OK for people to ignore their responsibility to bring their children to the Eucharist on a regular basis, etc.  Their message is that everyone accepts this or that new way of living.  They do not want to hear someone telling them that the majority does not determine the truth.  They do not want to hear the preaching of Amos or Jesus if it goes against their desires in life.

Faced with this, the temptation that we have, you and I, is to keep quiet, not make waves and just let things slide.  Like Amos, we can all claim:  We don't need this. Let the priests talk about morals and attempt to practice them.  I'm just an everyday person.


The readings today tell us that we do not have the right to walk away from our responsibilities to the Truth. We have to stand for the truth of the Lord, whether it is popular or not, whether it is convenient or not. We have all received the mandate of Jesus to go out and proclaim his Word.  Today we pray for the courage to proclaim the truth at work, in our neighborhoods and in our families •

Por el dolor creyente que brota del pecado,
por no haberte querido de todo corazón,
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
con súplicas te pido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido, por no haberte encontrado,
porque es como un desierto nevado mi oración;
porque es como una hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión,

Porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a ti, viejo tronco, poco a poco me enlace,
y que mi vieja sombra se derrame a tus pies. Amén 

• Liturgia de las Horas, himno para el Oficio de Laudes

XIV Domingo del Tiempo Ordinario (B)

El texto que escuchamos en la segunda de las lecturas de éste domingo pertenece a la segunda carta que san Pablo escribe a los cristianos de Corintio, una carta tan compleja que a menudo se ha dicho que se trataba de diversos fragmentos de cartas unidos en una sola[1]. Sea como fuere, los capítulos finales[2] forman una unidad que San Pablo dedica a la defensa de su ministerio. Al comienzo del capítulo 12 él da como un salto al interior de si mismo: habla de las visiones y revelaciones que ha recibido y que le ponen en una especial relación con Dios, sin embargo rápidamente señala que esta relación podría correr el peligro de provocarle orgullo y creerse superior. Así, con el fin de evitarle esa tentación, Dios mismo le ha enviado algo que le hace tomar conciencia de su debilidad. San Pablo describe así esta tribulación: una espina en la carne, y va más allá: un ángel de Satanás que me abofetea…

Es a partir de la experiencia de San Pablo, de aquel terrible agujón, que podemos detenernos un momento y reflexionar sobre el sentido de las debilidades que vivimos como creyentes y que proceden de la debilidad de nuestra condición humana; debilidades que nos hacen experimentar que toda la fuerza viene de Dios, y toda obra al servicio del Evangelio se realiza porque Dios la realiza. Por eso, si bien san Pablo preferiría ahorrarse el sufrimiento que esta situación que le provocaba (y así lo pedía al Señor), después se da cuenta de que su debilidad hace resaltar en él la fuerza de Cristo. Por eso, vivir la debilidad era para él un motivo de gloria, porque es en la debilidad donde se ve la única fuerza verdadera[3]. Hoy me pregunto si tú, lector, y yo, el que predica, tenemos la misma sensación cuando echamos un ojo al interior de nuestro corazón.

El difícil equilibrio que encontramos en éste hombre –orgullo de su misión sin vanagloria, reconocimiento de su debilidad sin pusilanimidad- debería ser una actitud permanente en cada uno de nosotros [¡esta podría ser nuestra petición de hoy al recibir la eucaristía!]: sin dejar de ser débiles, hemos recibido la fuerza de Dios. Debemos ser, por tanto, atrevidos en la proclamación del Evangelio, a pesar de nuestras propias infidelidades al mensaje que anunciamos. Cuanto más clara sea la conciencia de nuestra debilidad, más eficaz será la fuerza de Dios, y sobre todo más alejados viviremos del estúpido triunfalismo que tanto daño nos hace en nuestra vida cristiana.

La vida espiritual –es el padre Grün quien escribe- consiste en vivir bajo los ojos amorosos de Dios y sentir en mí no sólo el amor hacia los seres humanos sino hacia Dios, el Único que puede satisfacer los deseos existentes en cada amor humano… se trata de vivir una espiritualidad que experimenta a Dios con el corazón y todos los sentidos y que desea encontrar en Dios paz y vida abundante.

»Puedo sólo ser uno conmigo mismo cuando soy uno con Dios, el fundamento de mi vida. Al mismo tiempo, en la unidad con Dios se expresa mi mayor dignidad como ser humano. No estoy solamente llamado a cumplir con los mandamientos de Dios. Puedo elevarme en el éxtasis del amor y ser uno con Dios. Por otro lado, experimento a Dios como aquel que me ama incondicionalmente. En la presencia de Jesús me encuentro con un Dios amoroso y tierno, otro que en mi anhelo de un amor eterno me agrada y atrae.

»No debemos dejarnos determinar únicamente por leyes, sino sólo por el Espíritu de Cristo, el cual también siempre es el Espíritu del amor. No debemos dejarnos atribular por los propios cargos de conciencia, pues a menudo provienen de una educación medrosa y estrecha. El cristiano es libre. El mundo ya no tiene poder sobre él». Ser limpio o puro no significa no tener errores, sino tener un núcleo puro y estar conectado una y otra vez con ese centro, ese centro que el Jesucristo •



[1]
[2] del 10 al 13.
[3] J. Lligadas, Misa Dominical 1994, n. 9
Ilustración: Miguel Angel, El tormento de San Antonio (1487-1488), óleo y tempera sobre mandera (47cm x 35), Kimbell Art Museum (Forth-Worth Texas). 

nEw-olD-iDeAs

La pureza de corazón es una total aceptación de nosotros y de nuestra situación como querida por Dios. Esto significa la renuncia a todas las ilusiones sobre nosotros mismos, toda estima exagerada de nuestras propias capacidades, para obedecer a la voluntad de Dios como se nos presenta en los momentos difíciles d la vida en su verdad exacta … (…) … La pureza del corazón es el reconocimiento iluminado del hombre nuevo, como opuesto a las complejas y lamentables fantasías del hombre viejo … (…) … ¿Acaso Dios impone un sentido para mi vida desde fuera, a través de los acontecimientos, la costumbre, la rutina, la ley, un sistema, el impacto de aquellos con los que vivo en sociedad? ¿O bien estoy llamado a crearme desde dentro, con Él, con su gracia, un sentido que refleje su verdad y que me haga su “palabra” hablada libremente en mi situación personal? Mi verdadera identidad subyace en la llamada de Dios a mi libertad y en mi respuesta a Él • T. Merton

VISUAL THEOLOGY


In the year 1846, on May 10, the Fourth Sunday after Easter, Archbishop Samuel Eccleston and twenty-two bishops of the United States were gathered in the city of Baltimore, in the Cathedral of the Assumption of Our Lady, for the opening of the First Session of the Sixth Provincial Council of Baltimore. Archbishop Eccleston offered up a Solemn Holy Mass, and Bishop Purcell of Cincinnati preached an appropriate sermon. The ecclesiastical province of Baltimore at this time comprised the whole United States, and hence the Sixth Provincial Council was able to issue decrees for the entire country. On May 13 the bishops of the United States who were gathered in the residence of the Archbishop and under his chairmanship for the third private meeting of the Council, which began at nine in the morning, adopted a decree by which they chose the Blessed Virgin Mary, conceived without sin, as Patroness of the United States. This decree, translated from the Latin into English, is as follows: With enthusiastic acclaim and with unanimous approval and consent, the Fathers [of the Council] have chosen the Blessed Virgin Mary, conceived without sin, as the Patroness of the United States of America; without, however, adding the obligation of hearing Mass and abstaining from servile work on the feast of the Conception of Blessed Mary. And, therefore, they decided that the Supreme Pontiff be humbly asked to transfer the solemnity, unless the feast fall on a Sunday, to the nearest Sunday, on which both private and solemn Masses may be celebrated of the feast thus transferred, and the vesper office of the same feast may be recited

Fourteenth Sunday in Ordinary Time (B)

The second reading for today is written by a troubled man. The reading itself is troubling for us.  In St. Paul’s Second Letter to the Corinthians, he writes about a thorn in the flesh that he suffered from.  Three times he begged the Lord to remove this from Him.  But all he heard was the Lord saying, “My grace is sufficient for you, for power is made perfect in weakness.”  What was it that was upsetting St. Paul so much?  People have speculated over the years, but we have no way of knowing.  Whatever it was, it was significant for Paul.  It could not have been something as minor as a speech impediment as some have speculated.  Nor could it have been his caustic temper. It was something far more personal and even more severe.  It probably kept him awake at night[1].

It is troubling for us to think about the great St. Paul have a major personal problem.  Even in our cynical age, we still want to turn our saints into perfect little plastic statues. But people are not perfect, and even the greatest of the saints were people like you and me, continually fitting our own tendencies to sin.

The voice of the Lord told Paul that His Power, the Lord’s Power, is made perfect in weakness. It was clear to Paul that the wonders of the Lord that took place through his ministry only occurred because God was working through him.  He went on to write I can do all things through Christ who strengthens me[2].

It is easy for people to get so bogged down with their own conception of what the minister of the Lord should be like that they miss the Word of God. It is also easy for all of us to get so bogged down with the recognition of our own sinfulness that we refuse to allow the Lord to use us for others.

We often make the same mistake. Some people seem too ordinary to us to be vehicles of God’s truth. They may be our parents or our children, our neighbors or our companions at work or school. They proclaim a reality that could change our lives, but we don’t want to hear it.  Who does he think he is?  Who does she think she is?  We get so bogged down in the humanity of the proclaimer that we refuse to listen to the proclamation.

Perhaps what is even worse is when we are so overwhelmed with our own sinfulness that we refrain from proclaiming the Lord.  Some adults’ views of themselves are such a negative way that they refuse to lead their children properly. “Who am I to tell my child not to do this or that, when I know that I often do things far worse.” And the Word of God is not proclaimed.  And children think that they have implicit approval from their parents to do things their parents do not discuss.

Paul was told that Christ’s power is made perfect in his weakness.  Paul realized that it was God working through him that brought so many people to the faith.  Christ’s power also works through us.  We really don’t have the right to deny our responsibility to the Lord. We may think that we are not good enough to talk about the Lord, but we are good enough.  He makes us good enough.  Furthermore, the positive effects of what we say come from the Lord, not from us.

So we come before the Lord today and say with St. Peter, St. Paul and so many of the saints, “I am sinful, I can’t do your work” and Jesus says, “Yes you can. My power will work through you in ways greater than you can ever realize. And you will know that it is me working, not you.  My power is made perfect in your weakness.” •



[1] 14th Sunday of Ordinary Time (B), July 5, 2015. Readings: Ezekiel 2:2-5; Responsorial Psalm 123:1-2, 2, 3-4; 2 Corinthians 12:7-10; Mark 6:1-6
[2] Cfr. Philippians 4:13. 

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris