El lomo del borriquillo
es el trono del Mesías,
los mantos de los discípulos
y las ramas extendidas
son tapizado de amor
para dar la bienvenida.
Acoge a tu Rey, Sión,
que llega tu bella dicha.

No gritéis las mudas piedras,
oíd, que los niños gritan;
un coro de primavera,
alza canciones y vivas;
son por Jesús bondadoso,
sanador de toda herida,
aquel que del Padre llega
con la Palabra divina.

Avanza, oh Paz del Oriente,
y entra en la Ciudad querida,
Jerusalén te recibe,
el Templo espera tu cita,
el pueblo de los patriarcas
ve las promesas cumplidas,
¡que entre el Hijo de David,
Dios le dé soberanía!.

Salve, Jesús Nazareno,
montado en humilde silla;
oh Rey de los corazones,
que miras y pacificas,
hoy es día de homenaje,
la Iglesia en amor respira:
¡Salve, enviado del Padre,
salve Jesús, paz y vida!

¡Honor a la cruz gloriosa
de verdes palmas vestida;
a Jesús, Hijo de Dios,
clavado con cinco heridas;
gloria al Cordero inmolado,
en la hora vespertina,
al que en la cruz da el Espíritu
y en el huerto resucita! Amén

P. Rufino María Grández, ofmcap.
Cuautitlán Izcalli, 13 abril 2003


Domingo de Ramos de la Pasión del Señor (2015)

El evangelio de este domingo presenta un cuadro dramático y terrible: Fuera de la ciudad sagrada, junto al camino, a la vista de la mucha gente que pasaba por allí, cuelga de una cruz el mismo que pocos días antes había sido recibido y aclamado triunfalmente por el pueblo como el Rey y Mesías. El letrero en lo alto de la cruz explica la causa de la condena: El rey de los judíos[1].

Todos se ríen de él, ridiculizando las palabras que había pronunciado cuando predicaba: los que pasaban por ahí, la gente del pueblo que quizá lo había aclamado el domingo de Ramos y que ya había perdido toda esperanza en él; los sumos sacerdotes que habían vuelto a engañar al pueblo para que rechazara a Jesús y que ahora celebraban lo que creían que era su triunfo, y hasta los que estaban crucificados con él. Todos de acuerdo en que ése no es modo de salvar al mundo: si el salvador no es capaz de salvarse a sí mismo..., ¿a quién podrá salvar? Todos de acuerdo en que si Dios estuviera con él la suerte de aquel condenado no sería la que estaban viendo. Si aquel hombre fuera de verdad el Hijo de Dios, ¿qué clase de Padre sería ese Dios? Y, al final, parece que hasta el mismo condenado les da la razón: ¡Eloi, eloi, lema sabaktani", que significa Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?[2]

La liturgia de este domingo nos pone delante a un Dios sin poder. Justo esto es lo que se ve en el crucificado. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, decimos domingo tras domingo al profesar la fe, pero ¿en qué consiste su poder? Ciertamente, el poder de Dios no es como el de los poderosos de la tierra. El Padre no cambia el curso de los acontecimientos que los hombres, en el uso de su libertad, han decidido; no fuerza nuestra libertad. Dios es amor, dice San Juan[3]. Y ése, el amor, es su poder. Y de ese poder sí que está lleno el crucificado. Los hombres y mujeres que veían aquello no fueron capaces de descubrirlo, y quizá también a nosotros nos resulta difícil creer que el amor puede transformar el mundo. Sin embargo, conocemos por experiencia la fuerza del amor: si se apodera de nosotros nos cambia la vida.

Como Jesús, hay que poner en juego la vida. El Señor tuvo que afrontar la muerte solo, como un simple hombre. La confianza que él tenía en Dios no alivió ni el dolor de verse rechazado por su pueblo ni la angustia, tan humana, de enfrentarse a la muerte. Pero así manifestó el poder del amor de Dios[4]. Sólo un forastero, un –pagano, por cierto- supo verlo y expresarlo: verdaderamente este hombre era Hijo de Dios[5].

Cuenta la historia –y cada quién es libre de creerlo o no, o incluso de arquear la ceja, dudoso- que Clodoveo, cuando escuchó por primera vez el relato de la pasión lloraba a gritos mientras se la leía, y echándose mano a la espada, decía: "¡Ah! si hubiese estado yo allí con mis francos"[6]. Lo estremecedor en realidad es que en la  pasión de Cristo estábamos todos, seguimos estando todos. La Pasión no es historia, es  verdad de cada día. Y sin acudir a sentimentalismos, podemos vernos cada uno  de nosotros: o traicionando, negando o ayudando a llevar la cruz; o abofeteando o  limpiando el rostro de Jesús; o jugando distraídos a los dados o reconociendo a Jesús  como Salvador


[1] Cfr. Jn 19, 19.
[2] Mc 15, 34.
[3] 1 Juan 4:7-21
[4] R. García Avilés, Llamados a ser libres. Ciclo B. Edic. El Almendro, Madrid 1990, p. 76 ss.
[5] Cfr. Mc 15, 39.
[6] Clodoveo I (en francés Clovis) fue el rey de todos los francos del año 481 al 511. Clodoveo recibió el bautizo con unos 3000 guerreros de las manos de San Remigio, en Reims, el 25 de diciembre del 496. Este bautizo se convirtió en un evento significativo en la historia de Francia, casi todos los reyes franceses fueron a partir de entonces consagrados en la catedral de Reims, hasta 1825, fecha en la cual el rey Carlos X de Francia accedió al trono.

nEw-oLd-iDeaS

Perforar la vida es estar en la conciencia cierta de que Dios está en todas partes, de que la oración es posible en cualquier lugar donde haya un ser humano, en cualquier alegría o en cualquier monotonía, en cualquier esperanza o en cualquier utopía, en cualquier desesperanza o entre las injusticias de que son víctimas los indefensos de esta sociedad. La oración es posible en esta hora, en este momento, en cualquier momento. Ni en este monte, mujer, ni en Jerusalén... Llega la hora, y es ahora, en que los verdaderos adoradores adorarán a Dios en espíritu y en verdad. Estamos viviendo una época en que los hombres no recurren, como en la antigüedad, a los lugares sagrados para poder mantener una relación equilibrada con el Señor de la vida. No. El rechazo a las instituciones y a lo que es habitual en las expresiones religiosas se da un modo especial entre la juventud (…) Con Jesús ha llegado la hora en que es posible que todos se encuentren con el Señor Madeleine Delbrel

VISUAL THEOLOGY

El Expolio es un cuadro pintado por El Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614) para la Sacristía de la Catedral de Toledo. Es un Óleo sobre lienzo y mide 285 centímetros de alto y 173 cm de ancho, fue realizado entre los años 1577 y 1579 y se conserva todavía en la Sacristía de la Catedral de Toledo, España. La obra está firmada sobre una hoja de papel que aparece abajo a la izquierda, en caracteres griegos minúsculos: Doménikos Theoto [Kópulos]Krès Ep[oíei]. El momento del expolio no era un tema frecuente en aquella época en el arte occidental. En la composición representa a Cristo en el centro, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición; y a su alrededor, una masa de figuras dispuestas a desnudarlo para comenzar la Pasión. Tanto el modelado de las figuras como el cromatismo provienen de su época veneciana. La idealizada figura de Jesucristo destaca vigorosamente del resto y parece ajena al gentío violento que lo rodea. Una figura en la parte trasera con un sombrero rojo apunta acusadoramente a Cristo, mientras otros dos discuten sobre sus vestiduras. Otro hombre vestido de verde a la izquierda de Cristo lo sujeta con una cuerda y va a proceder a desnudarlo para su crucifixión. Mientras otro vestido de amarillo en la parte inferior derecha se inclina hacia la cruz y perfora un agujero para facilitar la inserción de un clavo que atravesará los pies de Cristo. El rostro melancólico del Salvador queda violentamente yuxtapuesto a las figuras de sus ejecutores, que se amontonan en torno a él, creando una impresión de desorden con sus movimientos, gestos, picas y lanzas. En la parte inferior izquierda aparecen las tres Marías contemplando la escena con angustia




Palm Sunday of the Lord’s Passion (2015)

Today’s Proclamation of the Passion was from the Gospel of Mark. This is the Gospel that often presents crowds of people pressing on Jesus to be healed[1].  Jesus heals many people in this Gospel, but he then he directs them, tell no one about this.  Jesus silences devils that call out from the possessed that they know who He is.  Why?  Why the secrecy?  Why does Mark present what scripture scholars would call, the Messianic Secret? The message behind the secret is that no one can understand the healings or the Messiah until they understand the cross. Jesus accepts the cross in obedience to the Father, opposite of Adam’s disobedience.  He accepts the cross to defeat the power of hatred and death through sacrificial love. When the centurion looked up and saw the love flowing from the man whose crucifixion he had supervised, he was the first to proclaim, Truly, this is the Son of God

My brother, my sister, it is only from the perspective of the cross, of sacrificial love, that we can understand the wonders of the Lord.  Viewed from the cross, there is no longer a secret as to who Jesus is.

Nor should who we are be a secret. We are Christians. We are called to love as Jesus loved.  We are called to sacrificial love.  The world needs to see us emptying ourselves in obedience to God.  The world needs to experience His Love flowing through us.

We wear crosses around our necks. This is more than jewelry. Nor do we wear crosses only to remind us of the event that took place on Golgotha two thousand years ago.  We wear crosses to remind us to proclaim with our lives that the Love of God is not a secret



[1] Palm Sunday of the Lord's Passion, March 29, 2015. At the Procession with Palms: Mark 11:1-10 or John 12:12-16. Readings: Isaiah 50:4-7; Psalm 22:8-9, 17-18, 19-20, 23-24; Philippians 2:6-11. Mark 14:1-15:47



Misericordia, Dios mío;
por tu bondad, por tu inmensa compasión,
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.

Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero
y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
13no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
15enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu )justicia.
Señor, me abrirás los labios
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos;

sobre tu altar se inmolarán novillos.■ Salmo 50 (Miserere) 

V Domingo de Cuaresma (B)

Llegamos ya al quinto –y último- domingo del tiempo de Cuaresma (el próximo es el Domingo de Ramos), y poco a poco se llega la hora de Jesús, la hora de la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. Pero esa hora tiene también un lado terrible, un costo muy alto: la cruz. Y El Señor tiembla: a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía liberarlo de la muerte, lo describe la carta a los Hebreos[1]. El hombre que hay en Él se estremece ante el dolor supremo que se le viene encima: ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esa hora[2].

¡Cuánto bien le hace a nuestra espiritualidad ver a este Jesús tan humano y por lo tanto tan cercano! En los días de la Semana Santa –especialmente durante el Triduo Pascual[3]- vemos a un Jesús que se estremece ante el dolor. Por el contrario no hacemos bien cuando hablamos de su pasión y muerte sin afrontar de cara el misterio: un Dios que, como si no lo fuera, se ve desprotegido en medio de olas enormes que lo destrozan, a completa merced del sufrimiento. Personalmente me gusta verlo así porque ahí es donde llego a comprender mejor el amor desbordante que nos tiene y sobre todo donde más claramente se manifiesta que la Encarnación no fue un juego, un teatro o una apariencia como decían los docetistas[4], sino un compromiso total, un asumir todo lo nuestro hasta sus últimas consecuencias.

Viendo así al señor, con miedo ante la muerte, podemos comprender mejor el miedo y la angustia de tantos hombres y mujeres, y al mismo tiempo encontrar consuelo con la realidad de que si en algún momento llega para cada uno de nosotros una hora semejante, tenemos un modelo a quien mirar, una imagen cercana en la que confiar: Jesús que sufre pero que triunfa.

Pero esta hora de Jesús no se queda ahí. Esta cruz tiene, aunque no la veamos todavía desde este lado nuestro, otra vertiente gloriosa. Este dolor total lleva ya, dentro de sí, una carga de vida que lo hace cambiar de signo. Esta muerte es ya un comienzo de triunfo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. La misma cumbre del calvario, terrible cuando se ve desde el camino de la cruz, espeluznante desde nuestro subir con la cruz a cuestas, es al mismo tiempo puerto de esperanza y de gloria. El Señor, desde lo alto de su cruz, desde la hondura de su muerte, nos abre una salida hacia una vida ya sin muerte. La cruz, a  la vez que es la plenitud del dolor, es el comienzo de una alegre celebración que nunca tendrá fin.

Estamos, pues a poco tiempo de la hora de Jesús. Este es el último domingo de Cuaresma. Vemos de la cruz solo su lado triste, el mismo lado que Él vio cuando se puso a nuestra altura. Jesús fue más allá. Nosotros debemos hacer lo mismo. La fe en el triunfo de Cristo, la celebración de la Pascua, nos ayudará a descubrir, cuando llegue nuestra hora, ese otro lado glorioso de la cruz: el que da la vida. Y se nos encenderá la esperanza[5]



[1] 5, 7.
[2] Jn 12, 27.
[3] La expresión «Triduo Pascual» es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años 1930. Pero ya a finales del siglo IV San Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas históricas del misterio pascual de Jesús que durante tres días et passus est, et quievit et resurrexit. San Agustín utilizó una expresión parecida, Sacratissimum Triduum, para indicar los tres días de Cristo crucifixi, sepulti, suscitati.
[4] El Docetismo toma este nombre de la raíz griega dokéō (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno. Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.
[5] J. Guillen García, Al Hilo de la Palabra. Comentario a las lecturas de domingos y fiestas. Ciclo B. Granada, 1993, p. 51 s.

nEw-oLd-IdeAs

No entorpezcas tu vida prestando atención a las banalidades de la moda, a esas "murmuraciones" o reclamos de atención de tantos desorientados. Acepta las limitaciones y las dificultades, pero -de ningún modo- te detengas a considerar lo que no tiene espacio en la vida espiritual. Muchos esgrimirán hasta motivos "religiosos" para hacerse valer y dominar a los viandantes. Pero todo eso, todo lo que produce desazón, angustia o temor, no viene de Dios. El verdadero testigo del espíritu no necesita ni quiere recordar "poderes", ni pierde el tiempo en afirmarse invocando presuntos derechos... Nada de "ley del más fuerte". Si has abrazado el honor y el decoro del desierto, quédate en el silencio profundo y despréndete de lo que no cuenta... Despierta al inmenso paisaje de la aurora en tu corazón. Mira la ternura de Aquél que es tu vida Ermitano urbano

VISUAL THEOLOGY


El ángel Gabriel (en hebreo: גַּבְרִיאֵל, Gavriʼel; en árabe جبريل Yibrīl o جبرائيل Yibrāʼīl; en latín Gabrielus; en griego Γαβριήλ Gavril) significa: (en hebreo) «fuerza de Dios», «poder de Dios» o «fortaleza de Dios», de gabar (fuerza) y El (Dios), es uno de los tres arcángeles principales dentro de las religiones judía, cristiana e islámica. Las Iglesias católica, ortodoxa y Protestante, junto con el islam, lo consideran arcángel por ser junto con Miguel (el «vencedor de dragones» [=demonios]) y Rafael («guía de médicos y de viajeros»), los únicos «ángeles con nombre», mensajeros de Dios encargados de llevar a cabo misiones especiales. Su jerarquía está vinculada a su «proximidad al trono de Dios». Se lo considera el «guardián del tesoro celestial», el «ángel de la redención», el «iniciador», y el «mensajero supremo de Dios». En el islam se considera a Gabriel como uno de los principales mensajeros del Altísimo, y se lo presenta como aquel que reveló el Corán a Mahoma. Su representación más común es la de la Anunciación y en el caso musulmán, la de la revelación a Mahoma, aunque también ha sido retratado llevando un mensaje escrito en la mano. En las pinturas, Gabriel suele aparecer con figura majestuosa, ricamente ataviado, y su diestra suele figurarse en actitud de saludo y de bendición

Fifth Sunday of Lent (B)

In the first reading, the Prophet Jeremiah spoke about a time when God’s people would be so united to God that they would know within themselves how to serve Him.  That time is now.  God’s law is written deep within each of our hearts. We don't need anyone to tell us what we should do.  Deep within ourselves we know if we are true to God or not. Some people will argue with us.  They will say, "It's OK to get drunk, to try this, to do that.”  They will argue that all the bad things that high school, college and basically people of all ages get into is really normal behavior.  We know that is a lie. Everything within us, deep within us, tells us that this is a lie. We know that we cannot behave immorally and face our God. So much of what the world tells us to do conflicts with the deep life within us.  We have to recognize that what some call normal behavior is for us Christians, abnormal behavior[1].

This is our time.  This is our hour. We have the choice to stand for Christ and live in peace with God and with ourselves, or to turn towards that which is popular and sinful and live in turmoil.  See, that is what sin does to us. It puts us in turmoil. We make believe that we are cool with whatever is happening, but we aren’t. Sometimes we even have a hard time looking into the mirror.  We can’t stand looking at ourselves because we can’t stand the person we are becoming when our actions contradict all that is within us.

Jesus spoke about time in today’s Gospel. He called it His Hour. When Andrew and Philip told him that people were asking Him to go to the Passover Festival in Jerusalem, Jesus knew what was going to happen.  He didn’t run from it.  He embraced it.  This was His Time.  It was what He was put on earth to do.  He would stand against evil.

We all have hours, and we have our hour.  We have many times in our lives when we have to stand up for God and be whom we are. All during Lent we have been asking ourselves, “Am I the person I want to be? Do I try to reflect the image of God within me, or am I untrue to my very self. There is no question about it.  There are many temptations, many ways that we are tempted to hedge on our commitment to Christ.  The cost of being true to the law written within our hearts can sometimes be quite heavy. We might find ourselves excluded from that society, that sport, or those people with whom we really want to belong. It hurts to have someone say, “What, are you too good to join us?” But the peace of Christ surpasses all things. Nothing is more important than living in this peace, then living united to the Lord.

We all have our hours, and we have our hour. There are continual choices for God that we make throughout our lives.  Those are our hours. There is also that one choice that is the reason why God placed us one earth.  That is our hour.  Our hour is the action that expresses whom we are deep within ourselves.  It is the fundamental expression of our Christian life.  For some people that hour is a public affirmation of Christ in the face of death. St. Agnes was probably only 12 when she refused to embrace paganism and was tortured to death. Old St. Ignatius of Antioch was probably in his 70's or 80's when he would not let his friends bribe the Romans to save him from being thrown to the wild animals in the Roman Coliseum.
 
Maybe something so radical will not happen to us. Perhaps our hour will be the sum total of the choices we have made in our lives which we present to the Lord when this life is over. The big question is: Are we ready for our hours?  Are we ready to embrace the moment of our lives when all of our existence proclaims our union with Christ? Are we ready at all times to embrace all that we can be? The entire little yes’s we make to Christ, all those times that we deny ourselves what others say we should have or do, all these affirmations of our Christianity strengthen us for the total affirmation of our life, strengthen us for our hour ■



[1] Fifth Sunday of Lent (B), March 22, 2015. Readings: Jeremiah 31:31-34; Psalm 51:3-4, 12-13, 14-15; Hebrews 5:7-9. John 12:20-33

De noche le fue a buscar
un doctor a su Maestro:
está mendiga la Ley
de Espíritu y Evangelio.

- Tú vienes de Dios, Rabbi,
hacedor de signos nuevos;
a la fimbria de tu manto
yo discípulo me siento.

- El Reino de Dios irrumpe
y es para ti, Nicodemo:
hay que nacer desde arriba
con un nuevo Nacimiento.

Sopla el Espíritu, ven,
al alma mueve este Viento;
es la hora del amor
que Dios guardaba en secreto.

Que tanto amó Dios al mundo
que tal fue su anhelo eterno,
que Dios es hombre y hermano,
palabra humana es el Verbo.

Abierto quedó el camino,
ven a la luz, Nicodemo;
y para Dios humanado
prepara mirra y un lienzo.

¡Honor a Jesús amigo,
Dios y luz de mis senderos:
que se alce tu santa Cruz
estandarte en el desierto! Amén

P. Rufino María Grández, ofmcap.

Cuautitlán Izcalli, 30 marzo 2003

IV Domingo de Cuaresma (B)

La historia del pueblo de Israel es muy similar a la de cada uno de nosotros, se trata de una historia de idas y vueltas, de pecado y de conversión. Hoy en la primera lectura encontramos un resumen de esta historia. La infidelidad de Israel, desde los jefes y sacerdotes hasta el pueblo, fue grande. Aquella Alianza que habían firmado y prometido cumplir con Moisés a la salida de Egipto había sido olvidada rápidamente. Israel abandonó a su Dios y se hizo otros dioses más cómodos. Y sucedió lo que tenia qué suceder: el destierro a Babilonia. Los ejércitos invasores destruyeron el Templo, incendiaron la ciudad, saquearon todo lo que pudieron y llevaron al destierro a los habitantes. El autor de esta crónica interpreta todo como consecuencia del pecado: ha sido el mismo pueblo el que al alejarse de la Alianza con Dios se ha precipitado en la ruina en todos los sentidos. Fue una experiencia muy amarga. El salmo que cantamos este domingo lo resumen aun mejor (y quizá de manera aún más triste): Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar.

Pero en la misma lectura hemos escuchado la otra cara de la historia. A los sesenta años del destierro, Dios movió el corazón del rey Ciro y éste permitió a los israelitas volver a Jerusalén para reedificar su nación y su Templo. No se consumó la destrucción del pueblo elegido de Dios, ni de su religión. Dios superaba, una vez más, con su amor y su perdón, la realidad del pecado. ¿No nos sucede lo mismo a cada uno de nosotros: una historia de destierros y regresos, de pecado y de perdón?

En Cuaresma somos invitados de modo especial a confiar en esta misericordia de Dios y a reconciliarnos con Él. Como Israel, se nos presenta el camino para volver del destierro, del pecado, y a renovar en nuestras vidas la Alianza con Dios. La vuelta para los judíos fue un reto para la reedificación de sus casas, de su ciudad, de su templo, de los valores que habían perdido por toda una generación de exilio en medio de una sociedad pagana.

También para nosotros la Cuaresma y el tiempo de Pascua son una invitación a reedificar. A reconstruir. Cada uno sabremos qué exactamente. Es una historia personal de pecado y conversión, una historia comunitaria de renovación de fidelidades.

A los israelitas en el camino del desierto se les puso delante la imagen de una serpiente, como medicina de sus males. No sabemos cuál era el sentido de esta serpiente. Pero lo que sí sabemos es que Cristo en la Cruz es para nosotros cátedra de sabiduría, lección magistral para nuestra vida, medicina y remedio para nuestros males. Ahí, en la Cruz de Cristo, es donde entendemos qué significa el amor de Dios y qué respuesta espera de nosotros. Y también de ahí proviene la Luz que quiere iluminar nuestra existencia.

En la Vigilia Pascual encenderemos la luz del Cirio Pascual que es imagen de Cristo, y nosotros mismos, con cirios más pequeños, iremos recibiendo participación de esa luz. Es todo un símbolo de lo que la Pascua quiere producir en nosotros: que reedifiquemos nuestra vida, que nos dejemos iluminar por Cristo, que renovemos nuestra Alianza, y que vivamos pascualmente, como hijos de la luz. En medio de un mundo en muchos aspectos desorientado, los cristianos reorientamos nuestra vida según la Alianza de Dios en Cristo Jesús[1].

Dios nos está siempre, siempre, perdonando, recreando, amando: envolviéndonos en su amor, abriéndonos su Corazón para que entremos en El y nos abrevemos de su Fuente. Nacer del Espíritu, como acabamos de escuchar en el evangelio, significa que se empieza a grabar la imagen de Cristo en nosotros, que se hace resucitar a Cristo en nosotros. Es empezar a vivir la vida de Cristo, o que Cristo empieza a vivir en nosotros. Nacer del Espíritu es ponerse en comunión con Dios, entrar en su amistad, sentir el aliento que nos da vida. Es permitir que el Padre siga engendrando a su Hijo en nosotros; siga repitiendo su eterno Tú eres mi hijo predilecto[2]



[1] Cfr. J. Aldazábal, Misa Dominical 1991, n. 5
[2] Cfr. Caritas. Un Camino Mejor, Cuaresma 1987, p. 101 ss.

NeW-Old-IdEas


Siempre es grato insistir acerca de lo más bello, digámoslo así... El descenso al corazón, a la ermita interior, comporta el desasimiento que nos eleva, que nos lleva a morar en el mismo Corazón de Dios. Es que, saliendo de las sombras, que parecen abrumarnos y encerrarnos, liberados de las ataduras o de las cosas en las que nos introducíamos, descubrimos inmediatamente esa Presencia inefable que de "modo sin modo" se nos revela como el Único, Aquél que es nuestra Vida, y que nos llama, y que nos da ese "nombre nuevo que nadie conoce sino el que lo recibe." Es necesario que prestemos entera fe a la Bondad de Dios y a su Misericordia. Nada hay de mezquino en las sendas de la Gracia. ¿Está habituado nuestro corazón a la "generosidad" divina? Meditemos, con quietud, en ese Desierto Interior. Una y otra vez acogiendo sin reservas, sin condiciones, sin temores, sin reparos... Sí, ha de ser así, sin exigir explicaciones, ni estatutos, ni certificados, ni un más y ni un menos... Así como recibimos la Vida y nos gozamos en el Misterio... Volvamos incesantemente a lo que es y a lo que somos. ¡Tanto nos habla el Silencio! ¡Esa Mirada de Dios! ■ Ermitaño Urbano

VISUAL THEOLOGY



Los desposorios de la Virgen es la denominación convencional de un tema frecuente del arte cristiano, que representa el enlace matrimonial entre la Virgen María y San José. La escena no aparece en los evangelios canónicos, pero sí en varios de los evangelios apócrifos y otras fuentes posteriores, particularmente en la Leyenda Áurea de Jacopo da Voragine. No ha sido incluido en el calendario litúrgico como otras escenas que han dado origen a festividades. En la tradición de la iglesia oriental se representa una escena con muy similar iconografía, pero el tema se denomina Encomendación de María a José donde lo que ocurre es que las autoridades del templo confían a la doncella a José para que la custodie (implicando la continuidad de su virginidad, protegida por la ancianidad de José -en algunas fuentes se indica su condición de viudo-). En la tradición de la iglesia occidental se representa una escena de boda, incluyendo un cortejo nupcial, especialmente en las versiones más antiguas. La figura de José se representa con su atributo identificativo: el bastón o vara florecida

Fourth Sunday of Lent (B)

This Sunday of Lent (the fourth already!) we have the opportunity to reflect on a very important fact: God endowed man with wondrous gifts to use to find him, but instead mankind hid behind the gifts and refused to see or seek the Creator behind the creation[1].

The extent of man’s suffering the result of his own actions still effects us as we experience the horrors that man inflicts upon man, be they dictators or liberators, as we silently witness the death of children from sickness and famine, as we experience the destruction of marriages due to the impact of selfishness and materialism.

So, we call upon God during Lent to restore beauty to his world.  We call upon God to teach us once more what true love is. And God answers with the simple sentence that Jesus gave Nicodemus: For God so loved the world that he gave his only Son, so that everyone who believes in him might not perish but might have eternal life. My brother, my sister: love is experienced, beauty is restored, order defeats chaos, and goodness conquers sin through the Cross of Jesus Christ.

The power of God is greater than the machinations of man. In today’s second reading Paul tells the Ephesians and us that God is rich in mercy. He has tremendous love for us.  Even when we were dead in our transgressions, he brought us to life with Christ.

The awesome love that was displayed on the cross is the continual means of our salvation.  God has not thrown out his canvas. He is still completing his artwork. Only, we must now be his paintbrushes. We have to paint over the smudge marks of hatred with the Love of the Lord. We have to fill in the empty spots of selfishness with sacrificial love. We have to turn from the glorification of materialism to the determination to live the spiritual life given to us by the Passion, Death and Resurrection of the Lord.

The restoration of God’s artwork began with Jesus, but it must continue with us. Are we really ready and open for this? For God says, "At just the right time, I heard you. On the day of salvation, I helped you." Indeed, the "right time" is now. Today is the day of salvation[2]



[1] 4th Sunday of Lent B, March 15, 2015. Readings: 2 Chronicles 36:14-16, 19-23; Psalm 137:1-2, 3, 4-5, 6; Ephesians 2:4-10; John 3:14-21.
[2] 2 Corinthians 6:2.
Porque eres tú el Esposo sin pecado,
tú solo puedes hasta mí acercarte,
posar en mi tu mano sanadora,
mirarme con dulzura y abrazarme.

 Y así has venido, Cristo Nazareno,
uniendo cielo y tierra en este instante:
mi corazón es puro en tu pureza,
mis ojos luz, mirando tu semblante.

Qué dulce es el perdón que me regalas,
sin cuentas, sin reproche, sin rescate:
la luz de tu mirada toca el alma,
y todo lo hace nuevo, dulce y suave.

Moriste en cruz; ya nadie nos acusa,
que todos mis pecados tú pagaste,
y el loco amor de Dios, de Dios mendigo,
amando hasta la muerte nos mostraste.

Esposo de la Iglesia perdonada,
ya bella y sin arruga por tu sangre;
Esposo, intimidad, que te derramas,
y solo, amor, me pides que te ame.

En esta Comunión, que es tu alianza,
mi corazón, cual puede, a ti se abre;
a ti suplico, Dios de toda gracia,
que nunca ya, Jesús, de ti me aparte.

Estrecha tus amores fuertemente
en esta vida mía, en mi combate;
traspásame de ti, de tu ternura,
y habítame, mi Dios, divina carne.

¡A Dios sea la gloria eternamente,
porque es perdón y gozo interminable,
oh Dios del Evangelio, el trino y santo:
a ti todo el amor, oh Dios amable! Amén  

P. Rufino María Grández, ofmcap.

Tres Ojitos (Chihuahua), 24 marzo 2007.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris