Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
Amén.

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (2014)

Una herida, para curarse bien, tiene que sanar de dentro hacia fuera. Así quiso Dios que, desde dentro, sanase en nosotros la herida que había dejado el pecado original, llegando al fondo, haciéndose como uno de nosotros. Fue así como Él asumió lo nuestro y lo fue elevando, lo fue sanando.

Y para ello necesitó una madre: para tomar de ella carne de nuestra carne. Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nos dice la carta a los Gálatas[1]. Y se llamó Jesús. Dios se hizo Jesús en María. Años después una mujer del pueblo dirá a Jesús: Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron[2]. ¡Qué hermoso piropo para la madre del Señor! Quizá por ello la Iglesia, al recordar hoy la circuncisión de Jesús –a los ocho días de su nacimiento-, se acuerda de María, y le dedica esta fiesta. Hoy es la Solemnidad de Santa María, la Madre de Dios. Así también aparecen María y Jesús unidos, desde el principio, para salvar; como unidos los encontraron los pastores aquella noche, en Belén.

Nosotros no celebramos el Año Nuevo en la Iglesia; lo hicimos hace unas semanas al celebrar el primer domingo de Adviento, sin embargo los cristianos no podemos ni debemos, sustraemos al ambiente que nos rodea. Estamos en medio de imágenes y sensaciones que nos hablan de un año que termina y de un Año Nuevo que comienza. ¿Qué hacer ante todo eso? ¿Cerrar los ojos? ¿Sumarse, sin más?

Para este año que empieza hay también una palabra, y un deseo, en la liturgia de hoy: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti... y te conceda la paz[3]. La paz, anhelo renovado de una humanidad que sigue destrozándose. La paz: don de Dios, que sólo es capaz de acoger el corazón que viene de vuelta de la violencia.

La paz. Ésta es la oración de la Iglesia para todos en este Año Nuevo, una oración que hoy ponemos en la presencia del Padre a través de las manos de la Santísima Virgen María, bajo cuyo amparo y protección nos acogemos una y muchas veces más [4]



[1] Cfr. 4. 4.
[2] Lc 11, 27.
[3] Cfr Num 6, 22-27.
[4] J. Guillen García, Al hilo de la Palabra. Comentario a las lecturas de domingos y fiestas, ciclo B. Granada 1993, p. 27 ss.

Los Magos contemplaron en los brazos maternos 
al SumoHacedor del hombre. 
Sabiendo que era el Señor, 
aunque bajo la
apariencia de siervo, 
premurosos le ofrecieron sus dones, 
diciendo a la Madre bienaventurada:
Ave, oh Madre del Astro perenne,
Ave, aurora del místico día,
Ave, las fraguas de errores Tú apagas,
Ave, conduces con tu brillo a Dios.
Ave, al odioso tirano arrojaste del trono,
Ave, Tú a Cristo nos das, clemente Señor,
Ave, rescate Tú eres de ritos nefandos,
Ave, Tú eres quien salvas del cieno opresor.
Ave, Tú el culto del fuego destruyes,
Ave, Tú extingues la llama del vicio,
Ave, Tú enseñas la ciencia al creyente,
Ave, Tú gozo de todas las gentes.
¡Ave, Virgen y Esposa!


Estrofa del himno Akathistos, el himno mariano más famoso del Oriente cristiano, 
compuesto en griego a finales del siglo V es de autor desconocido.

Solemnity of the Blessed Virgin Mary, the Mother of God (2014)

Last Thursday, on Christmas, we focused on the infinite love that God has for each of us and all of us.  He became one of us and our “soul felt its worth,” to quote the verse in O Holy Night.  This Thursday, we consider another of God’s many gifts to us, the gift of a Mother, Mary the Mother of God and our Mother[1].

We know, if not quite understand, the theology. It is a mystery, after all. The Second Person of the Blessed Trinity became one of us by assuming a human nature. This happened when the Holy Spirit overshadowed Mary. Mary is the mother of the human nature of Jesus not the divine nature. Nature answers the question “What? What is Jesus?” with, “He is human and Divine.”  But Jesus is one person, not two people. Person answers the question, “Who?  Who is Jesus?” with, “He is the Second Person of the Blessed Trinity.” Mary as mother of the human nature of the Lord, is mother of the one person of Jesus, therefore, she is Mother of God. That is what we mean every time we recite the Hail Mary and pray, Holy Mary, Mother of God.

Mary, is not just the mother of God, she is also our mother.  Jesus entrusted her to us and us to her on Calvary when he told St. John to behold his mother and Mary to behold her son.  St. John represented the faithful disciple of the Lord.  He represented you and me.

But what does it mean when we say that Mary is our mother?  A mother nurtures life. A woman’s body is built to nourish a baby.  Her nurturing does not end when the baby is weaned.  As the child grows she finds new ways to care for her child.  Mary nurtures us.  She does this by leading us to her Son, the Bread we need to sustain our spiritual lives. “Bake us some bread, O Mary, O Mary, bake us some bread, we need to be fed,” the children sing in the Advent hymn, The Baker Woman.

A mother continually teaches her child.  Most of us learned to walk while our mothers held our arms.  Our mothers did most of the work teaching us to talk.  More important, most of our mothers taught us our first prayers. They taught us about God and how much we need Him in our lives.  Mary teaches us.  Her life is one of sacrificial love for God in union with her son.  Jesus always comes first, even when it is painful to observe how the world responded to his love with hate.  Simeon said to her in the Temple that a sword would pierce her heart, and it did, particularly as she stood under the cross.  But her union with her Son would not allow her to turn away from His sacrifice.  She joined him in sacrifice.  She teaches us not to turn away from the sacrifice of the Lord, but to join Him in sacrifice. Mary teaches us that Christianity demands that we empty ourselves of all so we can be thoroughly united to her son.

On this Solemnity of Mary, Mother of God, we are reminded that Mary is our mother too.  We call out to her to protect us from the enemy who would destroy the life of her son within us and among us.  We ask her as her children, to nurture us, to teach us and always to love us. So does our devotion to Mary distract us from our devotion to Jesus?  No, it strengthens our devotion to God.  He gave us Mary to be our mother so that we might always be guided by her to her Son


[1] The Blessed Virgin Mary, The Mother of God, Solemnity, January 1st. Readings: Numbers 6:22-27; Galatians 4:4-7; Luke 2:16-21. 

Jesús del alma.
duerme y no llores,
mi dulce amor.
Duerme y no llores,
que esas tus lágrimas
parten el alma, de compasión.

Os anunciamos un gozo eterno
hoy ha nacido el Salvador
En un pesebre sobre pañales lo encontraréis. 
...

Si por mi lloras, Jesús amado,
por mis pecados e ingratitud,
que cese el llanto, que en adelante
yo nunca, ingrato, te haré llorar.

Tus lagrimitas, perlas del cielo
son mi tesoro, prendas de amor,
mas calma el llanto Jesús del alma,
de lo contrario me harás llorar.

Cierre tus ojos tranquilo sueño;
duerme, mi cielo, duerme mi amor.
Con mis cantares y mis amores
tu sueño, oh Niño, arrullaré.

Pues que me buscas, pues que me amas,
ven, Jesús mío; ven Niño, ven.
Será tu cuna nido de amores
este pesebre del corazón.
Ya duerme el Niño plácido sueño
en esa cuna del corazón.
¡Oh dicha! ¡Oh gozo! ¡Qué paz, qué calma
derrama el Niño donde Él esta!

Sea, pues, mi pecho tu blanda cuna
y te caliente mi pobre amor;
ya no despiertes, sigue durmiendo
y mientras duermes yo velaré.
Ya mis cantares no te harán ruido,
ya mis cantares van a callar;
mas mis amores en el silencio
siguen velando, ¡no callarán!

Dios hecho carne como los hombres,
viene a salvarnos con gran amor.
En alimento Jesús se queda
para nosotros en comunión 

Solemnidad de la Natividad del Señor (2014)

Celebramos con mucha alegría el nacimiento del Hijo de Dios, y en eso podríamos centrar toda nuestra atención durante muchos días, sin embargo hay un segundo mensaje de la Navidad que tampoco podemos olvidar, que debemos como rumiar a lo largo de éstos días. Dios no vino sólo a nosotros –a la humanidad- hace dos mil años en el portal de Belén. Dios viene ahora a nosotros. A cada uno de nosotros, por lo tanto no podemos sentirnos excluidos de esta venida de Dios. El amor de Dios –plenamente manifestado en Jesucristo- es amor personal a cada persona: a ti que lees y a mi que escribo. Incluso, por más que quisiéramos, ninguno de nosotros puede excluirse de este amor personal de Dios.

Contemplar a Dios hecho niño, asomarnos al nacimiento y al arbolito en silencio quizá nos pueda ayudar a acoger esta venida tan personal, tan propia, tan amorosa y entrañable de Dios a cada uno de nosotros. Y recordemos entonces que, en el camino de Jesús, lo que fue una constante, fue su saber mirar y comprender y amar a cada persona, a cada hombre y a cada mujer. El Señor nos quiere con nuestros defectos y virtudes, nuestras luces y nuestras sombras. Su amor por cada uno de nosotros es verdaderamente incondicional. El Señor se hace especialmente cercano –es bueno que no lo olvidemos, y Papa Francisco nos lo recuerda constantemente con su predicación y su vida- a quienes se sentían más marginados, menos considerados, más alejados de quienes entonces eran los representantes oficiales de la religión.

Dios viene a nosotros –a la cueva de nuestra vida personal, a veces ordenada y a veces sucia y obscura- y espera ser acogido. Él ya conoce nuestra pobreza personal –conoce nuestro pecado, nuestra mediocridad, nuestros defectos-, pero quiere venir a nosotros y nos pide que le acojamos. No respondamos –aunque sea educadamente- que no hay sitio para El en nuestra casa.

Pidamos hoy, en la fiesta de navidad que es fiesta de esperanza, saber acogerle, saber hacerle sitio en nuestra vida. Y atrevámonos a preguntarnos –de verdad, pero también con confianza- qué significa eso para cada uno de nosotros. ¿Qué significa para mí acoger en mi vida personal la venida de Jesucristo? Quizá no hallemos en seguida la respuesta, quizá sea algo que debe ir madurando en nosotros. Pero atrevámonos a preguntarlo.


Que todos nos sintamos -y seamos realmente- más hermanos unos de los otros, sin exclusiones, de modo que crezca la calidad de nuestro amor. Porque eso es ser cristiano. Y que todos queramos acoger en nuestra vida la venida personal de Dios a nosotros, acoger su Palabra que es Jesús, para que cristianice nuestra vida, para que nos sintamos realmente queridos por El. Y para que así –no sólo hoy, sino durante todo este año que vamos a empezar- el amor de Dios dé fruto en todos nosotros

¡Venid y vamos todos!


laeti triumphantes,
venite, venite in Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoramus Dominum!
Venite, adoramus Dominum!

En grege relicto
humiles ad cunas,
vocati pastores adproperant,
et nos ovanti,
gradu festinemus.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoramus Dominum!

Adeste, fideles,
laeti triumphantes,
venite, venite in Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!

Venite, adoramus Dominum!

La Virgen gitana


a los gitanos camela,
San José como es gachón,
se rebela, se rebela.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pué emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

La Virgen vendió la mula,
porque le daba coraje,
San José como es gachon,
atrincó su correaje.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pué emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

Los gitanos son bronce,
y los payos de hojalata,
y el chaval del portal,
mejor que el oro y la plata.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pue emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

La Virgen estaba guisando,
y mirando por la ventana,
mientras que el niño cantaba,
como el coro de esta casa.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pue emborrachar.

Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios

neW-Old-IdeAs

Away in a manger, no crib for a bed,
The little Lord Jesus lay down His sweet head.
The stars in the bright sky looked down where He lay,
The little lord Jesus asleep on the hay.

The cattle are lowing, the baby awakes
But little Lord Jesus, no crying He makes.
I love Thee, Lord Jesus, look down from the sky.
And stay by my side till morning is nigh.

Sweet bells they ring, they ring out the news today,
That Christ was born, was born on Christmas day,
Be near me, Lord Jesus, I ask Thee to stay
Close by me for ever and love me, I pray.

Bless all the dear children in Thy tender care
And take us to Heaven to live with Thee there.
Sweet bells they ring they ring out the news
That Christ was born, was born on Christmas Day,

That Christ was born, was born on Christmas day

VISUAL THEOLOGY




K. von Soest (active 1394-1422 in Westphalie), Nativity (1403), Mixed media on wood, 73 x 56 cm,  Parish church, Bad Wildungen The work of the Dortmund painter Konrad von Soest should be seen in the context of early Cologne painting. This panel from the Wildung Altarpiece, which is dated 1403 and signed on the reverse side with "per conradem pictorem de suato" (by Konrad of Soest, painter), owe their effects to their detail and gently flowing style. The colour contrasts are surprising, with bright gold and yellows as well as deep blues and reds enlivening the scenes. Konrad's Nativity is a successful genre scene, showing Joseph on his knees, his cheeks puffed out as he blows on the fire. As we can see from his face, the world portrayed here is that of the earthy and blunt peasant - people and objects from everyday life provided religious painting with a range of pictorial effects and subjects

The Nativity of the Lord (2014)

A long with Silent Night and O Come all ye Faithful, O Holy Night is a Christmas hymn that touches us deeply[1]. One of the many beautiful verses in O Holy Night is:

Long lay the world in sin and error pining
Til He appeared and the soul felt it's worth[2]

This verse captures the depth of the mystery we celebrate tonight: God loves us so much that the Father sent the Son to defeat evil for us, to be one of us. Together the Father and Son gave us the Spirit to empower us to continue the Divine Presence and lead other back into intimate union with God. But who is this Jesus, who always existed but whose taking on humanity we celebrate today?  Let’s begin with the way we speak about him at Mass. As you know, the prayers of Mass have changed a bit, returning to a more precise translation of the Latin. Listen to what we will shortly be praying in the Creed:

I believe in one Lord Jesus Christ, the Only Begotten Son of God, born of the Father before all ages. God from God, Light from Light, true God from true God, begotten, not made, consubstantial with the Father. So why is this important for us? It is important because it tells us both who Jesus is and who we are. We are that portion of God’s creation that God loves so much that He became one of us, and suffered physical death for us. The verse puts it succinctly:

Long lay the world in sin and error pining
Til He appeared and the soul felt it's worth

Who are we?  We are people who are worth it. How much God values us! And not just us as people in general, but every single one of us as individual unique reflections of His Beauty, His Truth and His Goodness.  This is a message that He tells us over and over again in Sacred Scripture.  He values us. We are His.  And He is ours. We need to remember this simple fact: we are loved. Every person here is loved by God.

A few years ago, our retired pope, Pope Benedict XVI, gave weekly audiences focussing on the Fathers of the Church, the early theologians that put the mysteries of God into language. In his message about one of these fathers, Eusebius of Caesarea, Pope Benedict spoke about the mystery of Jesus. He concluded with this: «We cannot remain inert before a God who loves us so deeply». What a word, inert!  Inert is the opposite of motion, the opposite of action. When we recognize what God’s love has done for us, we have to go into action. We have to respond to this love.  We cannot be inert. We cannot act as though nothing has happened. Christmas has happened. The Divine Presence has become One with Us.  We must be part of the transformation of the world.

Come home to your faith, the Church calls to us on Christmas.  Come home to Jesus Christ. We need to be with Him.  We are too valuable, too worthy, to be anywhere else.

O Holy night, the stars are brightly shining
It is the night of our dear Savior's birth
Long lay the world in sin and error pining
Til He appeared and the soul felt it's worth
A thrill of hope the weary world rejoices
For yonder breaks a new and glorious morn

Fall on your knees
O hear the angels’ voices
O night divine!
O night when Christ was born.
O night divine!
O night, O night divine!



[1] Solemnity of the Nativity of the Lord (Christmas), December 25, 2011. You can see the different readings for different mases, here: http://www.usccb.org/bible/readings/122514.cfm
[2] "O Holy Night" ("Cantique de Noël") is a well-known Christmas carol composed by Adolphe Adam in 1847 to the French poem "Minuit, chrétiens" (Midnight, Christians) by a wine merchant and poet, Placide Cappeau (1808–1877). In Roquemaure at the end of the year 1843, the church organ was recently renovated. To celebrate the event, the parish priest asked Cappeau, native from this town, to write a Christmas poem. Cappeau did it, although being a professed anticlerical and atheist. Soon after, Adam wrote the music. The song was premiered in Roquemaure in 1847 by the opera singer Emily Laurey. Unitarian minister John Sullivan Dwight, editor of Dwight's Journal of Music, created a singing edition based on Cappeau's French text in 1855. In both the French original and in the two familiar English versions of the carol, the text reflects on the birth of Jesus and of humanity's redemption.
And ransom captive Israel
That mourns in lonely exile here
Until the Son of God appear
Rejoice! Rejoice! Emmanuel
Shall come to thee, O Israel.

O come, Thou Rod of Jesse, free
Thine own from Satan's tyranny
From depths of Hell Thy people save
And give them victory o'er the grave
Rejoice! Rejoice! Emmanuel
Shall come to thee, O Israel.

O come, Thou Day-Spring, come and cheer
Our spirits by Thine advent here
Disperse the gloomy clouds of night
And death's dark shadows put to flight.
Rejoice! Rejoice! Emmanuel
Shall come to thee, O Israel.

O come, Thou Key of David, come,
And open wide our heavenly home;
Make safe the way that leads on high,
And close the path to misery.
Rejoice! Rejoice! Emmanuel
Shall come to thee, O Israel.

O come, O come, Thou Lord of might,
Who to Thy tribes, on Sinai's height,
In ancient times did'st give the Law,
In cloud, and majesty and awe.
Rejoice! Rejoice! Emmanuel

Shall come to thee, O Israel 

IV Domingo de Adviento (B)

Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa para que habite en ella?[1] Escuchamos la voz de Dios en la primera de las lecturas… ¡Pensamos que podemos complacer a Dios con nuestras obras y, mediante unas normas, asegurarnos la propia salvación! ¡Ay insensatos de nosotros! Establecemos unas coordenadas y creemos encerrar dentro de ellas al Dios de la libertad.

La verdad es que ni el grandioso rey David ni Constantino, ni el Concilio Vaticano II pudieron ni podrán jamás convencer a Dios sobre el lugar, el tiempo y el modo de su presencia salvadora. Dios es libre y es imprevisible. Y, sobre todo, Dios es gratis. La salvación corre de su cuenta[2]. Y las casas donde habitar las prepara Él. Cuando quiso habitar entre los hombres –porque los amaba y necesitaba manifestarles su amor y salvarles- buscó el lugar donde quedarse. Conocemos bien la historia. No buscó lo grande, lo brillante, lo influyente, ni siquiera lo santo: buscó una muchacha, la más pequeña del pueblo más sencillo en una nación oprimida. Y la doncella se llamaba María[3]. Y, atención, no es que fuera tan buena y tan santa que atrajera la mirada y el corazón de Dios, sino que la mirada y el amor de Dios la hizo tan buena y tan santa. ¡Qué misterio!

Las preferencias de Dios no se entienden, la mayor parte de las veces. La iniciativa siempre parte de Dios, y cuando Él actúa deja siempre la marca inconfundible de la pequeñez y de la humildad. En otras palabras: Dios no quiere nuestras cosas, sino nuestro vacío; no quiere nuestras virtudes, sino nuestra pobreza; no quiere nuestros méritos, sino nuestra fe. Al que se cree digno y capaz, Dios le deja que se las arregle por su cuenta. Pero al que se cree pequeño e insuficiente Dios le envía el ángel de la Anunciación. Porque miró la pequeñez de su esclava[4].

Dios pide nuestra fe, que confiemos en Él, que estemos pendientes de toda palabra que sale de su boca, que nos pongamos en sus manos, que le dejemos actuar en nosotros y por nosotros, que le digamos que sí, pero cariñosa y gozosamente, como el niño más pequeño al Padre más querido.

El ángel de la Anunciación no ha terminado aún sus encargos. Tiene un anuncio que dar a cada uno de los pequeños. Porque la obra de Dios no ha terminado y quiere seguir dejándose ayudar. Dios sigue necesitando de una madre que le acoja en su corazón y lo revista de carne. Dios sigue necesitando de un padre que le defienda y le ayude a crecer. Dios sigue necesitando de hermanos y hermanas que compartan sus bienes y sus necesidades, sus alegrías y sus tristezas, sus crisis y sus ideales. Dios sigue necesitando de amigos que le comprendan y le sigan en el sacerdocio ministerial.

Y la Palabra se hizo carne". Es punto culminante de nuestro Credo. Y, antes, de la historia. Dichosa aquella muchacha María que acogió la Palabra y la revistió de su carne. Dichosa siempre. La Teotokos. Pero bendita sea, antes que todo, la Palabra que quiso llegar hasta nosotros y enseñarnos. Que Dios se haga hombre es, ante todo, un misterio de amor.

Da vértigo pensar que Dios haya aterrizado y se haya humanado tan verdaderamente. Porque ¿qué es esta tierra diminuta en el cosmos inmenso? "¿Y qué es el hombre para que te fijes en él?[5]¿Por qué y para qué tuvo que venir Dios a este manicomio humano? ¿No será un sueño de los nuestros? Da vértigo pensar que Dios se haya abajado tanto. Porque su encarnación no fue aparente, sino real y humillante, me refiero no solamente a la cruz sino a  los 30 años de vida oculta, totalmente desconocidos... El eclipse de Dios, como le gustaba decir al Padre Martín Descalzo.

El ángel de la Anunciación no ha terminado sus encargos. Y el mensaje será siempre propuesta de amor. No nos pide el Señor la ofrenda de una casa ni sagrarios ricos, ni salitas de estar monísimas ni bien decoradas, pero sí que quiere hacer del corazón de cada uno una casa, o mejor, su casa. Resulta que ya está aquí la Navidad,  y Dios sigue buscando un sitio para nacer. Ya muy cerca de la Nochebuena Jesús sólo nos pide que creamos en Él, que nos fiemos de Él; pide un confiado y entregado. No pide cosas, sólo te pide nuestra voluntad, nuestro corazón, y que lo veamos en Él en el hermano, en el necesitado y triste, en el que no tiene con quién hablar o reír[6]



[1] Cfr. 2 Sam 8-12.
[2] Pelagio enseñaba, entre otras cosas, que una persona nace con las mismas habilidades morales y de pureza como era Adán cuando fue creado por Dios. Así, la gracia de Dios se convierte simplemente en una ayuda para que los individuos lleguen a Él.
[3] Lc 1, 27.
[4] Id, v. 48.
[5] Salmo 8.
[6] Cfr. Caritas. Un Amor así de grande. Adviento y Navidad, 1990, p. 81.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris