Sois la semilla que ha de crecer,
Sois la estrella que ha de brillar,
Sois levadura, sois grano de sal,
antorcha que ha de alumbrar.

Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar.
Sois aguijón y caricia a la vez,
testigos que voy a enviar.

Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor,
mensajeros de la vida, de la paz y el perdón.
Sed, amigos, los testigos de mi Resurrección.
Id llevando mi presencia. ¡Con vosotros estoy!

Sois una llama que ha de encender
resplandores de fe y caridad.
Sois los pastores que han de guiar
al mundo por sendas de paz.

Sois los amigos que quise escoger,
sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza a engendrar
justicia, amor y verdad.

Sois fuego y savia que viene a traer,
sois la ola que agita la mar.
La levadura pequeña de ayer
fermenta la masa del pan.

Una ciudad no se puede esconder,
ni los montes se han de ocultar.
En vuestras obras que buscan el bien

los hombres al Padre verán

Solemnidad de la Ascención del Señor (2014)

Año con año sucede lo mismo al celebrar la ascensión del Señor, inevitablemente nos vienen a la memoria los versos de Fray Luis de León: Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro…[1], es decir, no logramos recordar el acontecimiento de fe sin que nos traicione el corazón ante la despedida. Sin embargo, tales sentimientos, por más que naturales, están muy lejos del evangelio, que es la buena noticia de la presencia de Jesús que nos promete seguir con nosotros hasta el fin. En otras palabras: Jesús no es un difunto. Es alguien vivo que ahora mismo está presente en el corazón de la historia y en nuestras propias vidas. No hemos de olvidar que ser cristiano no es admirar a un personaje del pasado que con su doctrina puede aportarnos todavía alguna luz sobre el momento presente. Ser cristiano es encontrarse ahora con un Cristo lleno de vida cuyo Espíritu nos hace vivir. Por eso Mateo no nos ha dejado relato alguno sobre la ascensión de Jesús. Ha preferido que queden grabadas en el corazón de los creyentes estas últimas palabras del resucitado: Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Este es el gran secreto que alimenta y sostiene al verdadero creyente: el poder contar con el resucitado como compañero único de existencia, como compañero de camino, como roca sólida en el momento de la tentación y aún, sí, en el momento de la caída, del pecado. El amor del Señor no desaparece, ni disminuye ni se lastima cuando tenemos la desgracia de pecar. Él permanece ahí, porque Él es fiel. 

Día a día, él está con nosotros disipando las angustias de nuestro corazón y recordándonos que Dios es alguien próximo y cercano a cada uno de nosotros. El está ahí para que no nos dejemos dominar nunca por el mal, la desesperación o la tristeza. Jesús infunde en lo más íntimo de nuestro ser la certeza de que no es la violencia o la crueldad sino el amor, la energía suprema que hace vivir al hombre más allá de la muerte. El Señor nos contagia la seguridad de que ningún dolor es irrevocable, ningún fracaso es absoluto, ningún pecado imperdonable, ninguna frustración decisiva. Él nos ofrece una esperanza inconmovible en un mundo cuyo horizonte parece cerrarse a todo optimismo ingenuo. Él nos descubre el sentido que puede orientar nuestras vidas en medio de una sociedad capaz de ofrecernos medios prodigiosos de vida, sin poder decirnos para qué hemos de vivir. El nos ayuda a descubrir la verdadera alegría en medio de una civilización que nos proporciona tantas cosas sin poder indicarnos qué es lo que nos puede hacer verdaderamente felices. En él tenemos la gran seguridad de que el amor triunfará. No podemos darle entrada al desaliento. No puede haber lugar para la desesperanza. Esta fe no nos dispensa del sufrimiento ni hace que las cosas resulten más fáciles, desde luego, pero Él es el gran secreto que nos hace caminar día a día llenos de vida, de ternura y esperanza. El resucitado está con nosotros[2], y está para siempre



[1] Fray Luis de León (1527-1591) fue un poeta, humanista y religioso agustino español de la Escuela salmantina y uno de los escritores más importantes de la segunda fase del Renacimiento español junto con Francisco de Aldana, Alonso de Ercilla, Fernando de Herrera y San Juan de la Cruz. Su obra forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI y está inspirada por el deseo del alma de alejarse de todo lo terrenal para poder alcanzar a Dios, identificado con la paz y el conocimiento. Los temas morales y ascéticos dominan toda su obra.
[2] Cfr. J. A. Pagola, Buenas Noticias, Navarra 1985, p. 59 ss.

nEw-oLD-IdEAS


Se aprovecharon tanto los Apóstoles de la Ascensión del señor que todo lo que antes les causaba miedo, después se convirtió en gozo. Desde aquel momento elevaron toda la contemplación de su alma a la divinidad sentada a la diestra del padre, y ya no les era obstáculo la vista de su cuerpo para que la inteligencia, iluminada por la fe, creyera que Cristo, ni descendiendo se había apartado del Padre, ni con su Ascensión se había apartado de sus discípulos San León Magno, Sermón 74.


VISUAL THEOLOGY


The epitaphios is a liturgical ornament which is used today in the Good Friday service. During Vespers it is brought in procession out of the sanctuary and placed under a canopy –or on a simple table on Mount Athos– which stands in the centre of the church, for the veneration of the faithful. In the course of Matins of Easter Eve, after it has been carried in procession outside the church, at the end of the Te Deum, it is placed on the altar, where it remains until Ascension Day. The epitaphios of Vatopaidi belongs to the purely liturgical type which is derived from the large aer. Its decoration shows the dead Christ, depicted as a eucharistic allegory of the Lamb of God, King of all things, attended by the angelic powers – to quote from the Great Entrance. In the worship offered by the angelic powers the community of the faithful, which, in the vision of Revelation is shown gathered round the altar on which is the Lamb, who was, and is, and is to come, participates through the Liturgy. As in the Revelation, the Christ of the aer also has an eschatological meaning: it is the image of the Coming which will take place before the host of men and of angels. It is this theology which is encapsulated in the Vatopaidi epita­phios. Angel-deacons are shown ministering with the flabella in the four corners of the ornament, and all the angels stood around the throne, where the Lamb stood … as it had been slain. But the heavenly powers will also be present at the Second Coming. The dead Jesus, the king of Glory, who lies on the altar, is at the same time the Saviour who has sacrificed Himself, and the Judge



The Ascencion of the Lord (2014)

There were only eleven of them, eleven disciples. Judas had left the group and Matthias had not yet been chosen. So just eleven men went to Galilee following the message Jesus had given to them on Easter Sunday through Mary Magdalen. They were told to meet Jesus on the mountain in Galilee.  What were they thinking when they climbed that mountain? Were they thinking about Moses who climbed Mt. Sinai to receive God’s covenant of the Ten Commandments? Perhaps they were thinking about Elijah who climbed that same mountain, only called Horeb. Elijah was told he would experience the Presence of God and expected the same display of power and awe that Moses experienced. Only for Elijah, God’s power was in the still, quiet voice of the Spirit.  Maybe the disciples were thinking about a mountain they climbed only a few years before, the Mountain of the Beatitudes and the teaching that Jesus gave there, the Sermon on the Mount.  Perhaps they were thinking about the Transfiguration, the mystical appearance of Jesus, Moses and Elijah, also on a mountain.  Certainly, they knew that there would be a special experience of God waiting for them on the mountain in Galilee.

When they got to the top, they found Jesus there. They saw Him, and they worshiped him. They realized that He was the Son of God.  Yet, some of them still were full of doubt.  How could it be possible that this man with whom they walked and ate and talked over the last three years, whose violent death they had fled, how could it be that he could have risen from the dead and be waiting for them on the mountain? Was this a dream? Was it an apparition?  Some of the disciples still doubted. Jesus answered their doubts immediately: All power in heaven and earth has been given to me.  Now, go from here and make disciples of all nations. Baptize them in the Name of the Father, Son and Holy Spirit. Jesus himself proclaims the Divine Trinity and empowers the disciples to bestow the life of the Trinity on the Baptized.
    
Teach them to carry out everything I have commanded you, and know that I am with you always, until the end of time. The disciples became apostles. The learners, disciples, were sent, apostles.  How could these eleven transform the world?  They could transform the world through the power they received. They could transform the world through the Presence of the Lord. But Jesus was ascending to the Father. He would no longer be walking with them, teaching them and guiding them as He had been the last three years. Still, He said to them, Know that I am with you, always. They would not be alone.

We are not alone, either; even though we often have feelings of abandonment in life.  We often feel alone. Even the busiest of Moms with a house full of children and an attentive husband feels alone in the world. How can anyone understand her fears, her struggles, her upset? Everyone compliments her, but no one realizes how tired she is. She can talk to her mother, but her mother only says it will pass.  She might as well talk to the wall.

That attentive and dutiful husband likewise feels overwhelmed with his responsibilities to the present and future of his family.  He doesn’t want to burden his wife.  She doesn’t fully understand why his fear of unemployment is so intense. Men have been raised to be the provider for the family.  Most men are devastated when they are unable to provide.  The husband can try talking to his friends, but the conversations men have with each other are very different than those women have with other women. Even the most pious senior who says three rosaries a day feels very alone in the world.  Everyone thinks that he is a man of supreme faith, she a woman like the matriarchs of the Old Testament.  How can they tell others that they are afraid to die? How can they tell them that they are often afraid to think about the past because most of those they knew way back then are no longer alive?

Jesus knows what it is like to be alone.  Jesus, one of us, the one who died deserted by all, felt the loss of his Father’s Presence and cried out, My God, My God, Why have you forsaken me? He experienced the human feeling of loneliness. Jesus’ answer to loneliness is his Resurrection, Ascension and the sending of the Spirit, Pentecost. Now no one who calls upon Him will ever be alone.  Know that I am with you always until the end of days. So, I don’t think that there are any more reassuring words of Scripture than those.  We are not alone.  Jesus is with us.  In fact the name he is given in this same Gospel is Emmanuel, God with Us.  He never deserts us.  He never leaves us alone.


So go out and get to work! Tell the world about the Messiah! Let us preach through our lives, and when we think we are alone, we need to realize that Jesus is closer to us than ever before. He didn’t ascend into heaven to leave us. He entered into the dimension of the spiritual so we could experience the Power of God within us, the Holy Spirit, and bring His Presence to the World. We will never be alone. Know that I am with you always until the end of time

Tú eres el que vives,
el Hijo de Dios vivo,
bandera desplegada de la vida,
que llamas a vivir, oh Dios, contigo.

Tú eres el que amas
y el Padre es tu latido;
envueltos en tu amor, que es nuestro triunfo,
¡oh!, déjame sentir que soy querido.

Tú eres el que estás
y marcas el camino;
condúcenos, Pastor de la Alianza,
tú que llevaste al pueblo peregrino.

Tú eres nuevo mundo
y luz de mi destino;
tú eres sacramento que se abre
y das el cielo al dar el Pan divino.

Tú eres la alabanza,
el gozo desmedido;
enciende con el ósculo de amor
a quien hiciste esposa en el bautismo.

Tú eres paz y gloria,
retorno y paraíso;
tu Nombre con el Padre y el Espíritu
santificado sea por los siglos. Amén

P. Rufino María Grández, ofmcap, Pascua del 2001.

VI Domingo de Pascua (A)

Dentro de poco vamos a celebrar la solemnidad de la Ascensión y pocos días después Pentecostés. Este domingo la liturgia nos invita a prepararnos. Al recordarnos Jesús que el mundo no es capaz de verle a él, ni tampoco al Espíritu que el Padre nos enviará, nos está previniendo sobre algo importante. En el mundo y ambientes en que vivimos se da hoy una perspectiva, digamos, profana de la persona de Jesús. Para cada vez más personas Jesús es un personaje como otro cualquiera en la historia, importante, sí, o interesante, pero uno más, a la altura de cualquier otro líder religioso. Para nosotros, cristianos, católicos, Jesús además de ser un hombre histórico, es también Dios, es la segunda persona de la Santísima Trinidad y por ello en él encontramos el fundamento de nuestra fe, y con él sabemos dar razones de nuestra esperanza[1].

Y junto con Jesús, la Iglesia, Mater et Magistra, Madre y Maestra[2]. Caemos ¡tantas veces! En la tentación de verla con una mirada puramente de mundo. Constituida por todos nosotros, pecadores, es lógico que sea limitada, y se parezca demasiado a instituciones terrenas, sin embargo se hace necesario reforzar nuestra actitud hacia ella pues sabemos que está guiada por el Espíritu. Creemos en la Iglesia no por la prudencia de quienes la dirigen, sino porque creemos en el Espíritu que continúa asistiéndola[3]. Además –son palabras de Papa Francisco- «el aporte de la Iglesia es enorme. Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor: ayudan a tanta gente a curarse o a morir en paz en precarios hospitales, o acompañan personas esclavizadas por diversas adicciones en los lugares más pobres de la tierra, o se desgastan en la educación de niños y jóvenes, o cuidan ancianos abandonados por todos, o tratan de comunicar valores en ambientes hostiles, o se entregan de muchas otras maneras que muestran ese inmenso amor a la humanidad que nos ha inspirado el Dios hecho hombre»[4]. Pero esto no basta. Quedarnos solamente con ésta parte también nos haría daño. No podemos ni debemos obsesionarnos con la pura apariencia de la Iglesia. Esto se evita –es nuevamente Papa Francisco quien nos avisa- «poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!»[5]

Con el relato del libro de los Hechos que escuchamos en la primera de las lecturas comprendemos que Jesús vive y está en la comunidad. Hoy nos preguntamos ¿Somos comunidad? ¿Qué es lo que tenemos en común? ¿Nos sentimos unidos en la fe, en la esperanza y en el amor? ¿Estamos disponibles para trabajar por nuestra comunidad y por la Iglesia, o tenemos tantas obligaciones que no nos queda tiempo para convivir y compartir con los hermanos de la parroquia? El Señor vive y está en los pobres y en los enfermos: ¿Los atendemos? ¿Nos olvidamos de ellos o les sacamos la vuelta?

Esta sociedad difícilmente puede entender o aceptar una vida animada -¡vivificada!- por el Espíritu. Pero es este Espíritu a cuya fiesta nos preparamos es el que defiende al creyente y le hace caminar hacia la verdad, liberándose de la mentira social, la farsa de nuestra convivencia y la intolerancia de nuestros egoísmos diarios. Alguien decía que el cristiano es un soldado sometido a la ley cristiana. Es más exacto decir que el cristiano es un «artista». Un hombre que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu aprende el arte de vivir con Dios y para Dios [6]



[1] Cfr. 1 Pe 3, 15-18.
[2] Por cierto, Mater et magistra (latín: 'Madre y Maestra') es una carta encíclica del Papa Juan XXIII que fue promulgada el 15 de mayo de 1961. Trata sobre el reciente desarrollo de la cuestión social a la luz de la Doctrina Cristiana y presenta a la Iglesia como Madre y Maestra, de allí su nombre en latín Mater et Magistra. Fue anunciada el día anterior ante miles de personas en un discurso dirigido "a todos los trabajadores del mundo".
[3] R. Malla, Misa Dominical 198, n. 11.
[4] Papa Francisco, exhortación apostólica Evangelii Gaudium, n. 76. El texto completo puede leerse aquí: http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf
[5] Id., n. 97.
[6] J. A. Pagola, Buenas Noticias, Navarra 1985, p. 57 ss.

neW-olD-iDeAs


Nuestra gloria y nuestra esperanza es que somos el Cuerpo de Cristo. Cristo nos ama y nos desposa como Su propia carne ¿No nos basta? Pero no lo creemos realmente ¡No! Estemos contentos, estemos contentos. Somos el Cuerpo de Cristo. Le hemos encontrado, Él nos ha encontrado. Estamos en Él, Él esta en nosotros. No hay mas que buscar excepto la profundización de esta vida que ya poseemos. Estemos contentos Thomas Merton

VISUAL THEOLOGY

La Cruz de Jerusalén, también denominada Cruz de las Cruzadas, es una cruz heráldica y un símbolo del cristianismo. Se compone de una cruz griega rodeada por otras cuatro cruces de la misma forma y menor tamaño, llamadas crucetas, situadas en cada uno de los cuadrantes delimitados por sus brazos. El diseño más esquemático de la Cruz de Jerusalén es conocido como "Cruz de las Cruzadas", ya que fue la enseña entregada a los cruzados por el papa Urbano II durante la Primera Cruzada (1096-1099). Esta cruz fue adoptada como símbolo del Reino de Jerusalén. Las cuatro cruces de menor tamaño simbolizan para algunos a los cuatro evangelistas y para otros los cuatro puntos cardinales por los que el mensaje de Cristo se difundió desde Jerusalén. También se considera que las cinco cruces que componen este emblema, representan las cinco heridas que sufrió Jesucristo cuando fue crucificado 

Sixth Sunday of Easter (A)

They were the people that everyone hated. They were the Samaritans. The Romans and Greeks and other gentiles hated them because they saw them as just another group of Jews, only ones who could not benefit the empire much. The Jews hated them because they saw the Samaritans as half-breeds. The Jews believed that the Samaritans had polluted blood, part gentile and part Jew.

Back in the 8th century before Christ, the Assyrians conquered the Northern Kingdom of Israel and brought thousands to exile in Assyria. Many of those who remained in the Northern Kingdom married pagans and worshiped both Yahweh and the pagan gods.  These were the Samaritans. When two hundred years later the Jews of the Southern Kingdom returned to Jerusalem from the Babylon exile, the Samaritans offered to help them rebuild the Temple in Jerusalem.  The Jews refused their help telling them that their very presence in the Temple would desecrate it. The Samaritans hated the Jews for looking down on them, and the Jews hated the Samaritans for their history of accommodation with the pagans.

The Samaritans were also looking for the Messiah, but they knew that the Messiah would come through the Jews. What chance did they have of being brought into the New World Order the Messiah would establish? On the other side of the dispute, as difficult as the Jewish had in accepting the concept that salvation would be available for the gentiles, the concept that salvation would be offered to the Samaritans was not even considered a remote possibility.  The Samaritans were lower than low.

And then Philip arrived at the capital of Samaria. He spoke about the Messiah, Jesus of Nazareth. Could it be that the Messiah of the Jews would also be the Messiah of the Samaritans? The Samaritans were open to faith in the Gospel. Through Philip they witnessed the signs of the Messiah being worked right there among them.  Cripples walked. Demons came out of people. Everything that the prophets wrote about was taking place not just among the Jewish Christians, but right there among the Samaritans. They accepted Jesus with joy. They were no longer rejects, but one with the people of the New Way of Jesus Christ.

As happy as they were, the new Samaritan Christians were given an even greater gift as they could have ever expected.  Peter and John had heard about Philip’s work among them. The two great apostles went to Samaria. They prayed over them asked God to send the Holy Spirit upon them. They laid their hands on them and the Samaritans received the Holy Spirit the same way that the apostles received the Holy Spirit on Pentecost Sunday. It was very clear to all the followers of Jesus, these Samaritans were equals in the faith, equals in the Body of Christ, and equals in salvation.

Have you ever had feelings like those Samaritans must have had before Philip visited them with the Gospel?  Have you ever felt that you were not good enough to receive the gifts of the Lord?  Have you ever looked at another person in the Church and wished you could be half as good as he or she is?  Perhaps we have all felt that way at various times throughout our lives! Perhaps some here are feeling that way right now. This reading tells us that in the eyes of God we are good enough. He makes us good enough. He calls us to faith, and then showers us with the gifts of faith. The joy that the Samaritans had is our joy. We are loved by God. He gave us His very life.  He gave us his very spirit, the Holy Spirit. We are precious in the eyes of God.  We are also precious in the eyes of all who truly proclaim God.

It is a mistake for me to compare myself with other priests.  It is wrong for you to compare yourselves with other people at whatever stage of life you are in. We are individuals, not clones. It is wrong for any of us to think, as the Samaritans must have thought, that we are not as good as others. God loves each of us for whom we are, not for whom we think we should be like, but for whom He created us to be. We are created in the image and likeness of God; yet in the mystery of God’s creation, each of us is a unique reflection of this image and likeness. He loves us for whom we are. We are not rejects. We are precious, precious in the eyes of God, and precious in the eyes of all those who really love the Lord.

And He gave us His Son. We possess Jesus Christ. In the Gospel reading Jesus says, I am in the Father. You are in me, and I am in you. We are not orphans. We are not alone in the world. We are not rejects from the society that matters. For the society that matters is called the Kingdom of God. Every other society has value only to the degree that it participates in the Kingdom of God.  We belong to God.  He belongs to us.


The Samaritans embraced the New Way, embraced Jesus because He first embraced them through the teaching of Philip. This is the way of Grace. Grace always begins with God’s gifts of love. It reaches its goal when we respond by loving God in return. We have received grace. God has showered us with His love. Now He calls us to give witness to the world that His love is real. We can do this. We can proclaim Jesus Christ with our lives. We are good enough, plenty good enough.  We are sons and daughters of God! ■

Alégrate, María, Virgen Madre,
de gracia ungida y llena de dolor;
la Cruz ha florecido para siempre:
¡resucitó el Señor!

La gloria del sepulcro la anunciaba
el casto vientre que él santificó,
¡oh Espíritu de luz y maravillas!:
¡resucitó el Señor!

Alégrate, María, la primera,
de nuevo en fe recibe el grande don,
y en ti se alegrará la santa Iglesia:
¡resucitó el Señor!

Oh Virgen humildísima y amable,
fue grande tu silencio cual tu amor;
exulta ahora, exulta con el Hijo:
¡resucitó el Señor!

Los hombres, buscadores de alegría,
a ti te llaman, abre el corazón;
anúncianos, oh Madre, tu secreto:
¡resucitó el Señor!

¡Jesús de Nazaret, victoria nuestra,
a ti el amor y toda bendición!
La Iglesia con María te repite:

¡resucitó el Señor! Amén  

R. M. Grández [letra] – F. Aizpurúa [música], Himnario de la Virgen María: Ciclo anual de celebraciones de la Virgen María. Curia provincial de Capuchinos, Burlada, 1989.

V Domingo de Pascua (A)

Arnold J. Toynbee escribía «Estoy convencido de que ni la ciencia ni la técnica pueden satisfacer las necesidades espirituales a las que todas las grandes religiones quieren atender. La ciencia no ha suplido nunca a la religión, y confío que no la suplirá nunca. ¿Cómo podemos llegar a una paz duradera y verdadera? Estoy seguro de que para la paz verdadera y permanente es condición imprescindible una revolución religiosa. Tengo para mí que ésta es la única clave para la paz. Hasta que lo consigamos, la supervivencia del género humano seguirá puesta en duda»[1].

En este mundo tan tech, pro y consumista, tan racional y seguro, quedan todavía por llenar las grandes cavernas del corazón humano donde habita la necesidad de la paz, de la bondad, del amor y la justicia, de la felicidad verdadera. Asistimos a un doble movimiento. Por una parte aumenta la ciencia y la racionalidad, la técnica y los bienes, las riquezas..., pero por otra parte disminuye cada vez más el sentido y la felicidad de los hombres. La necesidad de Dios, de algo que esté más allá de los bienes y de las cosas, de los trabajos y del placer, sigue viva entre nosotros  con idéntica o mayor fuerza que en el hombre primitivo e inculto de las cavernas.

Muchos ateos convencidos y militantes, no han logrado nunca sacudirse de encima el problema de Dios. Feuerbach y Nietzsche, quienes por la proclamación pública de su ateísmo se creyeron más liberados que nadie, permanecieron hasta el final de sus días anclados en el problema de la religión. La utopía que Marx anunciara de la total "extinción" de la religión tras el proceso revolucionario ha sido desmentida por la misma evolución de los estados socialistas: sesenta años después de la revolución de octubre, y tras indescriptibles persecuciones y vejaciones de iglesias e individuos, el cristianismo en la Unión Soviética es una realidad en crecimiento más que en regresión[2].

La religión no es una ética, una moral, una teoría, una costumbre, un conjunto de ritos ¡o una hojita de normas! No. Lo religioso va más allá, es toda una dimensión del hombre. La ciencia nos dice muchas cosas, sin embargo, de lo más importante, de lo que realmente necesitamos para vivir, sabemos poco y eso poco está envuelto en el misterio; son verdades que sólo se resuelven y perciben en la fe.

Todos nos hemos preguntado por qué la vida, por qué la muerte, por qué el amor y el egoísmo, por qué la paz y el odio, la calma y la violencia, el hambre, la injusticia, la opresión, el dolor, el tiempo, la enfermedad, la vejez, la soledad, la frustración... Hace dos mil años, un hombre nació en un lugar oscuro de Palestina y murió a los 33 años clavado en una cruz. Se llamaba Jesús. Muchos han dicho que era un iluso o un impostor. Sin embargo, mil millones de hombres creemos en él. Creemos que fue un hombre nacido de mujer, pero creemos también que era Dios, el Hijo de Dios, que apareció entre nosotros suscitado por Dios para revelarnos su misterio, que es el nuestro. Murió verdaderamente, pero resucitó. Por eso afirmamos no sólo que vivió sino que sigue vivo, en un modo de existencia que nosotros también tendremos más allá de la muerte y de este cuerpo frágil.

Millones creemos en él porque en él hemos encontrado personalmente el Camino, la Verdad, la Vida. En él hallamos una respuesta a las preguntas esenciales del hombre, que nos satisface más que cualquier otra respuesta balbuciente que se haya aventurado en la historia de todos los pueblos.

Millones de hombres preguntan. Jesucristo es la respuesta. Haberla hallado personalmente eso justamente es ser cristiano. Transmitir esa noticia a todos los hombres –lejanos y cercanos- eso es la Misión, así con mayúscula. Y la Misión comienza por nosotros mismos: en la medida en que nuestra propia vida nos manifiesta que en Jesucristo hemos encontrado realmente la solución de nuestras preguntas, en esa misma medida hay un sentido nuevo y gozoso para nuestra existencia ■



[1] Toynbee, (1889- 1975) fue un historiador británico y especialista en filosofía de la historia que estableció una teoría cíclica sobre el desarrollo de las civilizaciones. Según Toynbee, las civilizaciones son el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que sufre, ya sean naturales o sociales.
[2] Según los datos más recientes (quizá ya superados), uno de cada tres rusos adultos (y los rusos constituyen aproximadamente la mitad de todos los habitantes de la Unión Soviética) y uno de cada cinco ciudadanos soviéticos adultos es cristiano practicante (la idea es de H. Küng, por cierto).

nEw-oLd-iDeaS

Tened cuidado del engaño cuando oráis o cantáis salmos al Señor. Los demonios sorprenden los sentidos del alma y nos hacen, traicioneramente, decir una cosa por otra, cambiando por blasfemias los versículos de los salmos y haciéndonos proferir impiedades. O bien, cuando entonamos el salmo, nos hacen llegar rápidamente al final, borrando de nuestro espíritu la parte del medio, o nos hacen dar vueltas en redondo sobre el mismo versículo, sin dejamos encontrar la continuación del salmo. O, cuando hemos llegado al justo medio, bruscamente nos retiran el recuerdo de todos los versículos que siguen, de modo que olvidamos el versículo que teníamos sobre los labios y no podemos reencontrarlo ni volverlo a atrapar. Actúan de ese modo para debilitamos y disgustamos y también para arruinar los frutos de la oración, volviéndonos sensibles a su extensión. Pero resistid valientemente y ligaos cada vez más a vuestro salmo para, en la contemplación, recoger en los versículos los frutos de la oración y enriqueceros con la iluminación del Espíritu santo, reservada a las almas que oran Nicetas Stethatos (aldededor del a. 1005) 

VISUAL THEOLOGY


Fragments (3) of The great Ayala Altarpiece, commissioned 1396. This alterpice is made up of 15 scenes that show the story of Christ’s life. It depicts the Adoration of the Magi, or kings, from the Christian story about three kings who journeyed, following a star, to bring gifts to the newborn Christ Child. Each scene is accompanied by words found in the borders and separated or framed by columns. The altarpiece was made more than 600 years ago for a Spanish nobleman named Don Pedro López de Ayala to be placed in his funerary chapel. Wearing clothes of the time, Don Pedro and his son appear in one scene. The artist who painted this altarpiece is unknown. During medieval times, many works of art were left unsigned because art was considered a craft, much like carpentry or metalsmithing. It was not until the Renaissance that artists regularly began signing their work and became widely recognized for their individual creative talents ■




Fifth Sunday of Easter (A)

How do I get there from here? Jesus promises us heaven. He tells us that there is a place for each of us in His Father’s House. St. Paul adds that the eye has not seen nor the ear heard the wonders that God has in store for us. The union with God, the eternal swirl of His Love, is there for us. Union with our loved ones who have gone before us, union with the great ones of history, union with the Mary and the saints and the angels is all waiting for us[1].

So, we join Thomas in the Gospel and ask, “How do I get there from here? And Jesus says to Thomas and to all of us, You know the way.  I am the way, the truth and the life.

But where exactly is there?  The final goal of the race of our lives is heaven, but there is not just heaven. There is living our spiritual life to the fullest. There is overflowing with the Presence of the Lord so that we can naturally bring His Life to the world. There is being where Paul said that all Christians are when he wrote in his (second) letter to the Corinthians: The love of Christ compels us[2].

This is what I want. This is what you want. But I, we, often fall short, very short of the goal. Distractions dominate us. We are more concerned with the minutia of life than the reason why we do what we are doing. Teens may be more concerned with going to school than the reason why they are there, to develop their God given abilities to serve Christ. Parents may be so concerned with the daily chores of raising children that they forget why they are working so hard, doing so much. They may forget that they are raising children of God and for God. Priests can get so involved in the minutia of performing their duties before the Lord, that like the Temple priests and Levites in the Parable of the Good Samaritan, they often walk right by the opportunity to serve the Lord in the man on the side of the road.

And then there is the constant noise of our society that keeps our minds from our mission. The bickering and gossip of our everyday lives is just plain noise, distracting us, hurting others. Movies and television shows are often written by people determined to promote atheism, abortion, and immorality and looking for any excuse to take a shot at Christians, particularly Catholics. They distract us from standing up for whom we are and even whittle us down into accepting their lies to a degree. And the internet with its virtual worlds, they social networks, complex games, or the things that moral people need to avoid, not only cause us to waste hours a day, but lead us where we should not go.

We can’t get there, to the place we want to be, unless we let Christ lead us away from the distractions. We can’t get there to the place we want to be unless we focus on Christ as we go about the daily duties and chores of our lives. We can’t point others to where they also need to go unless our lives are pointing to the Lord.

Jesus is the way. When we focus on Him, He draws us to Himself.  He draws us away from the distractions, away from the noise. The One who loved us to death now loves us to life.  He loves us so much that He draws us to His Life if only we let Him into our lives.

That is why we need to have an active prayer life. An active prayer life includes talking to the Lord throughout the day, but that is not enough. We also need to set time aside for prayer. We have to be a little cautious when we consider what an active prayer life is, though. An active prayer life does not mean feeling the prayers, feeling all warm and fuzzy like we do at times during retreats, or during Holy Week. All that is good, but it is simply one of many manifestations of our union with God. A prayer life is active even though we often struggle just to concentrate on what we are doing and saying when we pray.

Many distance runners purposely hold a little back during the race and focus in on the runner ahead of him or her. They let that runner draw them, then they pass the runner and focus on the next runner until the only runner left is the one leading the race. With their eyes and minds focused on the leader they draw close and use the energy they have been storing to sprint to the finish line.

The spiritual life is a distance race. Our eyes are fixed on the Leader of the race. He draws us to Himself. He gives us the energy to sprint to the finish line.  He gives us the power to get there ■





[1] Fifth Sunday of Easter A, May 18, 2014. Readings: Acts 6:1-7; Responsorial Psalm 33:1-2, 4-5, 18-19; 1 Peter 2:4-9; John 14:1-12
[2] 5:14

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris