Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (2013)


Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (2013)


La mayéutica[1]es una técnica que consiste en interrogar a una persona para hacer que llegue al conocimiento a través de sus propias conclusiones y no a través de un conocimiento aprendido y preconceptualizado. La invención de este método del conocimiento se remonta al siglo IV a.C. y se atribuye por lo general a Sócrates… desde entonces y muchas veces resulta útil hacerse preguntas, sobre todo cuando se hacen en el silencio de la reflexión o la meditación. Hoy, en este solemne y glorioso día de Pascua, al iniciar la gran fiesta de los cristianos –la gran fiesta de la fe- es bueno que nos preguntemos si sabemos exactamente en qué creemos los que creemos.

¿Qué es ser cristiano? ¿El cristiano, es el hombre que cree en Dios? Sí, pero no es necesario ser cristiano para creer en Dios: hay millones de creyentes que no son cristianos.

¿El cristiano, es aquel que cree en una vida que no termina con la muerte? Sí, pero tampoco es exclusiva nuestra creer en la pervivencia: también hay hombres que esperan otra vida sin ser cristianos.

¿El cristiano, es el hombre que cree en la necesidad de cierto tipo de comportamiento, basado en el amor, en la justicia, en la verdad...? Sí, pero -una vez más- debemos reconocer que no es necesario ser cristiano para creer en la exigencia de un camino de amor, de lucha por la justicia, de búsqueda de la verdad... Hay muchos hombres –Incluso no religiosos- que de hecho procuran vivir así.

Todas estas preguntas no definen lo que es nuestra fe. Pero tampoco basta decir que el cristiano es aquel que quiere inspirar su vida en la palabra y en el ejemplo del Señor Jesús. Ciertamente, el cristiano –como dice la misma palabra- se define en relación, en referencia con Cristo. Pero para nosotros, Jesús no es únicamente un maestro, un ejemplo. Nuestra fe nos pide un paso más, un paso de una importancia -y no lo escondamos: de una dificultad- decisiva.

La pregunta sobre nuestra fe tiene una respuesta precisa y concreta: ser cristiano es creer en la resurrección de Jesucristo. Quien tiene esta fe -con todas sus consecuencias- es cristiano; quien no cree en la Resurrección, no puede llamarse cristiano (por más que pueda ser un hombre admirador de Jesús o un hombre religioso o un hombre justo). Ser cristiano no pide nada más ni nada menos que esto: creer que Jesús de Nazaret, después de seguir su camino de anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios, para ser fiel a ello hasta el extremo, aceptó el camino de la cruz con una fe, con un amor, con una esperanza total. Y que por ello Dios Padre le resucitó, es decir, le comunicó aquella plenitud de vida que Él había anunciado, constituyéndole así Señor –es decir, criterio y fuente de vida-, para todos los que creyeran en Él.

Hay más. Hagámonos otra pregunta: Los que creemos en Cristo resucitado, vivo ¿cómo vivimos vinculados a su vida? La respuesta es sencilla: la consecuencia de nuestra fe en Jesucristo vivo, es que nosotros creemos que su Espíritu –aquel Espíritu de Dios que dicen los evangelios que estaba en él- está en nosotros.

El tiempo de Pascua debe significar para los cristianos un progreso en esta fe en el Espíritu del Señor que penetra, ilumina, fortalece, nuestro camino. Porque es gracias a que el Espíritu Santo está presente en cada uno de nosotros, que todos estamos injertados vinculados con el Señor resucitado.

El error más común de nosotros los cristianos es que nos lo queremos arreglar solos, porque olvidamos el Espíritu de Dios que está en nosotros, como estaba en los primeros cristianos, o peor aún, pensamos que por la repetición de unos actos perfectos vamos a convertirnos en hombres y mujeres perfectos y no es así. Creer en la Resurrección del Señor (¡esto que define nuestra fe) es lo mismo que creer que tenemos en nosotros su Espíritu. El camino no lo hacemos solos: el camino es el Espíritu quien lo hace en nosotros[2].

Y si ésta es nuestra fe, ésta es también la causa de nuestra alegría. Por eso, la Pascua es tiempo de alegría, de fiesta, de abrirnos sin miedo a la vida de Dios. De ahí que ahora, como hemos hecho en la celebración de anoche, en la solemne Vigilia Pascual, renovemos nuestro compromiso bautismal de lucha contra todo mal, de fe en el Padre que es amor, en el Hijo que es nuestro camino, en el Espíritu que está presente y vivo en nosotros.

Renovación de nuestra fe que es renovación de vida y llamada a la alegría


[1] Del griego μαιευτικη, por analogía a Maya, una de las pléyades de la mitología griega.
[2] Cfr J. Gomis, Misa Dominical 1989, 7.

NeW-olD-iDEaS


En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado 

Canciones del alma
San Juan de la Cruz 

VISUAL THEOLOGY

File:Dornstadt St. Nikolaus 148.JPG


In Christian iconography, an Agnus Dei is a visual representation of Jesus as a lamb, since the Middle Ages usually holding a standard or banner with a cross. This normally rests on the lamb's shoulder and is held in its right foreleg. Often the cross will have a white banner suspended from it charged with a red cross, though the cross may also be rendered in different colors. Sometimes the lamb is shown lying atop a book with seven seals hanging from it. This is a reference to the imagery in the Book of Revelation 5:1-13, ff. Occasionally, the lamb may be depicted bleeding from the area of the heart (Cf. Revelation 5:6), symbolizing Jesus' shedding of his blood to take away the sins of the world (Cf. John 1:29, 1:36). In Early Christian art the symbol appears very early on. Several mosaics in churches include it, some showing a row of twelve sheep representing the apostles flanking the central Agnus Dei

Easter Sunday 2013 (The Resurrection of the Lord)


Towards the end of The Lord of the Rings (a famous and great epic novel written by an English author, Tolkien) there comes a remarkable moment. Frodo, the hobbit-bearer of the Ring of Power, has fulfilled his task. The Ring has gone back into the fire, and the Kingdom of Mordor, a king of evil and death, has imploded. It is “the end of all things”. So, Both Frodo and his faithful companion Sam now expect to die, and collapse exhausted as the mount dissolves around them. And then some morning later[1] Sam wakes up[2]. Then, more astonished, he sees Frodo asleep in the bed beside him. Then he says in a loud voice: “‘is everything sad going to come untrue? What’s happened to the world?’[3]

This is fiction, fantasy, of course but take that question: Is everything sad going to come untrue? It’s the question a child might ask. It isn’t a fictional question, it is important: is everything sad going to come untrue?[4]

My brother, my sisters, today, Easter Sunday, all the elements of the liturgy give us the right answer. The Paschal candle, the chant of Alleluia, the beauty of the Liturgy gives their answer. Our own presence here, our faith, it is also an answer too… All those throughout the world who were baptized and confirmed and made their first Communion will stand up and will speak up. The Church throughout the world and throughout the ages, give their answer.

So, is everything sad going to come untrue? Yes! In Christ, who in obedience and love has gone before us, it already has. And if, we by faith and baptism are found in Christ, everything sad will come untrue for us as well.
The power of sin and death has already been broken. The end of all things has already come. Something has happened to the world. This is precisely what the New Testament claim for the Resurrection. A mutation -as our Pope emeritus Benedict XVI has often said- has taken place in the person of Christ. One of our race has been changed from mortality to immortality, one of our race has entered into invincible overflowing life.

But let us be realistic, there are also our doubts, our fears and of course our sins. The real difficulty of our Christian life lies in our “nah! Too good to be true”… I once asked a man, “Why can you not believe?” I have never forgotten his answer. “My hands are too small.” There is the difficulty! So, is everything sad going to come untrue? How hard that can be to answer with a ‘yes’! We are so committed to, so steeped in, so expectant of the sad…  however if we want, if we are really open, the Holy Spirit, the Joy of God in person, can enlarge our hands to accept the joy, or, if you like, re-open in us the open heart of a child.

Christ is risen. He is truly risen! And so we can say even now: everything sad will come untrue. We have a sure and certain hope.

My brother, my sister, this is the most important and biggest Sunday of the year; from this Eucharist celebration comes all the strength we need for the rest of the year.

If we are really open, the Holy Spirit, the Joy of God in person, can enlarge our hands to accept the joy, or, if you like, re-open in us the open heart of a child. Happy Easter to each one of you


[1]And it happened at the second week of April, according to the book, by the way.
[2] To his astonishment “he found that he was lying on some soft bed”, and “over him gently swayed wide beechen boughs, and through their young leaves sunlight glimmered, green and gold. All the air was full of a sweet scent”. “‘A great Shadow has departed,’ said Gandalf, and then he laughed, and the sound was like music, or like water in a parched land; and as he listened the thought came to Sam that he had not heard laughter, the pure sound of merriment, for days upon days without count. It fell upon his ears like the echo of all the joys he had ever known. But he himself burst into tears. Then, as a sweet rain will pass down a wind of spring and the sun will shine out the clearer, his tears ceased, and his laughter welled up, and laughing he sprang from his bed” (The Return of the King, pp. 930-1).
[3] The Return of the King, p. 930
[4] Saturday 30th March, 2013, Easter Vigil.

Viernes Santo 2013


Te miro a los ojos
y entre tanto llanto
parece mentira
que te hayan clavado.

Que seas el pequeño
al que he acunado,
y que se dormía
tan pronto en mis brazos,
el que se reía
al mirar el cielo
y cuando rezaba
se ponía serio.

Sobre este madero
veo aquel pequeño
que entre los doctores
hablaba en el templo,
que cuando pregunté,
respondió con calma
que de los asuntos
de Dios, se encargaba.

Ese mismo niño,
el que está en la cruz,
el Rey de los hombres,
se llama Jesús.

Ese mismo hombre
ya no era un niño
cuando en esa boda
le pedí más vino.

Que dio de comer
a un millar de gente
y a pobres y enfermos
los miró de frente.

Río con aquellos
a quienes más quiso,
y lloró en silencio,
al morir su amigo.

Ya cae la tarde,
se nublan los cielos,
pronto volverás
a tu Padre Eterno.

Duérmete pequeño,
duérmete mi niño,
que yo te he entregado
todo mi cariño.
Como en Nazareth,
aquella mañana,
¡He aquí tu sierva,
he aquí tu esclava!

Viernes Santo 2013


Por qué un hombre inocente, un hombre que había vivido de una manera sencilla, que era amigo de todos, que estaba siempre junto a los enfermos y débiles termina de ésta manera? Nunca había retrocedido cuando se trataba de defender la verdad y la justicia, la causa del Reino. Nunca hizo concesiones ante el amor apasionado por Dios y por los hombres, aunque sus contradictores invocaran leyes religiosas. Nada le apartaría del amor de Dios.  Ni siquiera la muerte.

¡Crucifícalo, crucifícalo! Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tienen que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios. ¿Cuál es esta ley? ¿No será acaso la ley que imponen los fuertes? ¿No es la ley que defiende los intereses de los poderosos? Conviene que muera un solo hombre por el pueblo, había dicho Caifás, y podemos añadir nosotros, antes que el pueblo descubra la hipocresía de muchas palabras y gestos que dicen defender la paz, el bien, el orden y la cultura y que, en cambio, es sólo la defensa de unos privilegios o el afán de dominio sobre los demás.

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado "de la Calavera… ¿Cómo es posible? Bendecía a los niños, decía que era necesario poner la otra mejilla, perdonar setenta veces siete, compartir los panes y los peces fraternalmente....

Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo… En la liturgia de hoy, Viernes Santo, adoraremos el árbol de la cruz, árbol inmenso que une el cielo y la tierra, árbol que tiene sus raíces en nuestro mundo, en esta tierra a veces reseca y pedregosa, a veces empapada de agua fecunda. Cristo es el árbol que da cobijo y arraiga en tanta personas que son capaces de darlo todo por los demás, sea en servicios humildes a la familia, en el trabajo, en responsabilidades sociales o profesionales, sea como mártires en países en los que los derechos humanos están muy lejos de ser respetados. Un árbol inmenso que lleva en su tronco las marcas de tantos sufrimientos, tantos oprobios a la dignidad humana, un árbol que tiene la fuerza de la vida en su interior, que se eleva tocando con sus hojas el sol de la esperanza.

Nuestra cruz, la cruz de Jesús, es una cruz que nos conduce a la gloria, que ya es un signo de victoria porque sabemos que el amor de Dios que da vida, está ya presente en esta cruz. Porque sabemos que la corona de espinas que le colocaron los soldados, expresaba la profunda verdad del amor de Dios, la verdad del supremo valor de la vida humana y de toda la naturaleza.

Este es el misterio profundo del Viernes Santo: la contemplación y la adoración del Hombre-Dios crucificado que lo ha dado todo y se ha humillado hasta el extremo, para que nosotros nos demos cuenta del fango del pecado que hay en nosotros y en nuestro mundo y, con Él, nos levantemos para ser fieles a la Vida. Él libró de Egipto al pueblo de Israel y le condujo hacia la Tierra Prometida, y este mismo pueblo le lleva ahora al patíbulo de la cruz. Nosotros también nos hemos comportado así: El, por el bautismo y a lo largo de nuestra vida, nos conduce hacia el bien y la verdad y nosotros, a menudo, nos alejamos hacia el individualismo y el olvido de los demás.

Hoy, la adoración de la Cruz y la participación en la Eucaristía tendrán esta profunda unidad: comulgar en Cristo significará sentirnos identificados con Aquel que se da para ser vida y alimento para los demás. No es ya el recuerdo de un hecho histórico lejano. También, hoy, Cristo sufre y muere en tantos hermanos nuestros de todas las partes del mundo, víctimas del hambre y la violencia. Nosotros con El, estamos dispuestos a hacer crecer el árbol de la esperanza, del consuelo, de la solidaridad, el árbol que conduce a la vida por siempre ■

Stabat Mater



juxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!
Quae moerebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
nati poenas inclyti.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?
Quis non posset contristari
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?
Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.
Eia, Mater, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.
Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.
Sancta Mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.
Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.
Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.
Juxta Crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.
Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.
Fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.
Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari,
et cruore Filii.
Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.
Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriae.
Quando corpus morietur,
fac, ut animae donetur
paradisi gloria. Amen.

At the Cross her station keeping,
stood the mournful Mother weeping,
close to her Son to the last.
Through her heart, His sorrow sharing,
all His bitter anguish bearing,
now at length the sword has passed.
O how sad and sore distressed
was that Mother, highly blest,
of the sole-begotten One.
Christ above in torment hangs,
she beneath beholds the pangs
of her dying glorious Son.
Is there one who would not weep,
whelmed in miseries so deep,
Christ's dear Mother to behold?
Can the human heart refrain
from partaking in her pain,
in that Mother's pain untold?
For the sins of His own nation,
She saw Jesus wracked with torment,
All with scourges rent:
She beheld her tender Child,
Saw Him hang in desolation,
Till His spirit forth He sent.
O thou Mother! fount of love!
Touch my spirit from above,
make my heart with thine accord:
Make me feel as thou hast felt;
make my soul to glow and melt
with the love of Christ my Lord.
Holy Mother! pierce me through,
in my heart each wound renew
of my Savior crucified:
Let me share with thee His pain,
who for all my sins was slain,
who for me in torments died.
Let me mingle tears with thee,
mourning Him who mourned for me,
all the days that I may live:
By the Cross with thee to stay,
there with thee to weep and pray,
is all I ask of thee to give.
Virgin of all virgins blest!,
Listen to my fond request:
let me share thy grief divine;
Let me, to my latest breath,
in my body bear the death
of that dying Son of thine.
Wounded with His every wound,
steep my soul till it hath swooned,
in His very Blood away;
Be to me, O Virgin, nigh,
lest in flames I burn and die,
in His awful Judgment Day.
Christ, when Thou shalt call me hence,
be Thy Mother my defense,
be Thy Cross my victory;
While my body here decays,
may my soul Thy goodness praise,
Safe in Paradise with Thee.
Translation by Edward Caswall
Lyra Catholica (1849)





Good Friday 2013


For the second time this week we participated in the solemn  proclamation of the Passion of the Lord. Last Sunday proclamation was from Luke, this Friday’s proclamation is from John. The purpose of these proclamations is to lead us to ask ourselves this fundamental question: What does the Passion and Death of the Lord mean to me? Again: What does the Passion and Death of the Lord mean to me?

The One who loved me before I ever knew him, before I ever knew myself, suffered and died for me. He took the sins of the world upon himself because I needed him to defeat evil, not just in the world, but in my life. I can’t view the sacrifice of Calvary as an event in the past.  It is a present reality for me.

He conquered sin for me and for you because we need him so badly.
The old, wise man Ignatius said, “Let me go to the Coliseum. I want to give witness, I am willing to die even if I have to coax the beasts to kill me”[1]. How strange!

The young rich girl, Cecilia, said, “Neither impoverishment, nor scorn, nor torture nor the threat of death will convince me to give up my Lord”[2] How strange!

Young and old, male and female throughout the ages, sought to lose everything the world valued as a testament to God. How strange!  And Jesus embraced his cross.  How very wonderful. He died for us that we might live for him.  How incredibly beautiful!

Today is a very good day ■


[1] Ignatius of Antioch (Ancient Greek: Ἰγνάτιος Ἀντιοχείας, also known as Theophorus from Greek Θεοφόρος "God-bearer") (ca. 35 or 50-between 98 and 117)[1] was among the Apostolic Fathers, was the third Bishop of Antioch, and was a student of John the Apostle. En route to Rome, where according to Christian tradition, he met his martyrdom, he wrote a series of letters which have been preserved as an example of very early Christian theology. Important topics addressed in these letters include ecclesiology, the sacraments, and the role of bishops.
[2] Saint Cecilia (Latin: Sancta Caecilia) is the patroness of musicians and Church music because, as she was dying, she sang to God. It is also written that as the musicians played at her wedding she "sang in her heart to the Lord". St. Cecilia was an only child. Her feast day is celebrated in the Roman Catholic, Anglican, Eastern Orthodox, and Eastern Catholic Churches on November 22. She is one of seven women, excluding the Blessed Virgin, commemorated by name in the Canon of the Mass. It was long supposed that she was a noble lady of Rome who, with her husband Valerian, his brother Tiburtius, and a Roman soldier Maximus, suffered martyrdom in about 230, under the Emperor Alexander Severus. The research of Giovanni Battista de Rossi, however, appears to confirm the statement of Venantius Fortunatus, Bishop of Poitiers (d. 600), that she perished in Sicily under Emperor Marcus Aurelius between 176 and 180. A church in her honor exists in Rome from about the 5th century, was rebuilt with much splendor by Pope Paschal I around the year 820, and again by Cardinal Paolo Emilio Sfondrati in 1599. It is situated in Trastevere, near the Ripa Grande.

JUEVES SANTO 2013



Ven a mí dulce Pan de la Vida
Ven consuela mi amargo dolor
soy la oveja que andaba perdida
lejos, lejos de Tí, mi Señor

Sacramento adorable y divino,
Verbo santo delicia de Dios;
para hallar la salud y la vida,
levantamos a Ti nuestra voz.

Ven, angélico pan de los cielos,
a las almas que van de Ti en pos;
ven al hombre que gime en la vida.
la amargura de tanto dolor.

Soy el hombre que va fustigado
de la vida de tedio al rigor;
voy llorando mi cielo perdido
en el mar de una fiera pasión.

Tú que formas un cielo en la nada,
a mi nada ven luego Señor;
y convierte las sombras en luces
y mi pecho en alcázar de Dios.

Ven, Cordero de dulces baladas,
ven alivia mi grande aflicción:
ven herido en el mundo y mis penas
se disipan oyendo Tu voz.

¡Bienvenido maná de los cielos!
blanco lirio del valle de Hebrón
aquí tienes un alma que gime
de placer al oír tu perdón.

Soy mendigo que busca en la noche
de su larga ceguera de horror,
una luz que me lleve seguro
a los altos confines de Sión.

Ven Pastor adorable, ven Tú;
ni un momento me dejes, no, no;
ven y manda que esta alma te adore
porque tuyo es su afecto y su amor.

Ven Cordero blanquísimo luego,
porque mi alma se muere de amor;
ven, te dice, mi Esposo querido;
ven, y juntos iremos los dos.

De rodillas cantemos el triunfo
y la gloria del dios del amor,
que bajo por salvar a los hombres
hasta el pecho del mas pecador


Jueves Santo. Misa de la Cena del Señor (2013)


No podemos –o no debemos- meditar sobre el misterio de este día sin evocar a los cristianos que viven en Tierra Santa. De ellos apenas hablan los noticieros que cubren el Oriente Medio y, sin embargo, están sufriendo sus consecuencias. ¿Cómo es posible que en la tierra donde se produjeron los hechos más graves de la historia humana apenas haya un puñado de testigos? Lo que sucede hoy en Tierra Santa es una metáfora de lo que puede sucedernos a cada uno de nosotros y a la humanidad en su conjunto: no hemos acogido el testamento de Jesús. No hemos aprendido a dar la vida sino a quitarla.

Es Jueves Santo y nos preguntamos: ¿Qué es lo que Jesús nos pidió antes de morir? ¿En qué consistió el último mensaje a sus amigos y, en ellos, a toda la humanidad? No conozco ningún testamento más sencillo, todo se resume en una sola palabra (en imperativo, por cierto): amaos.

Entendemos el vocablo, sí; lo usamos continuamente, pero no estamos seguros de comprender su significado. Jesús no pierde el tiempo en explicarnos la diferencia que hay entre el amor-eros, el amor-filía y el amor-ágape, por seguir una división clásica[1]. Él se quita el manto, se ciñe una toalla y se pone a lavar los pies a sus discípulos. Desde entonces en todas las lenguas del mundo, ayer, hoy y mañana, amar significa "lavar los pies", apearse de la propia condición y ponerse a la altura de los pies, que es la altura más baja imaginable ¡es una lástima que la liturgia del Jueves Santo considere este gesto como opcional! ¿No es una suprema lección para nosotros y que sin ella, no entenderíamos bien qué significa la eucaristía?

Como sabemos bien, el cuarto evangelio no tiene una narración eucarística como los demás evangelios (sinópticos), en su lugar, introduce este relato que es precisamente el que leemos en el evangelio de hoy. Lavar los pies es imposible para quien cuenta sólo con su buena voluntad o sus impulsos altruistas. El Señor lo sabe, por eso quiere incorporarnos, a través de la liturgia, a su propia entrega.

El Señor se hace eucaristía y se nos da hecho pan y vino, así entrando en comunión con Él, participamos de su vocación de lavador de pies. Sin eucaristía no hay entrega duradera. Y para que haya eucaristía se necesitan algunos sirvientes que acepten el encargo de repartirla hasta el fin de los tiempos en el nombre de Jesús. Esta es la estrecha relación entre el testamento de amor, el sacramento de la eucaristía y el sentido del ministerio eclesial, esto es lo que celebramos ésta noche, ¿sabremos descender hasta el fondo o, como tantas veces nos quedaremos en el cascaron, en la superficie de la celebración litúrgica? ■




[1] Lectura recomendada: Los Cuatro Amores (The Four Loves) escrito por C. S. Lewis y publicado por primera vez en 1960 en Londres y Nueva York. En este ensayo, Lewis aborda el tema del amor dividiéndolo en cuatro categorías, con la ayuda de los conceptos que toma prestados del idioma griego: Cariño (gr.: Στoργη´), amistad (gr.: Φιλíα), eros (gr.: ´Ερος) y caridad (gr.: Αγα´πη), al que él mismo llama "ese amor que Dios es". Según Lewis, el amor en todas sus formas es –en virtud de su naturaleza- de dos tipos: De dádiva y de necesidad.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris