Solemnidad de Santa María Madre de Dios



Por obra de la Santa Trinidad
la Virgen pura es Madre;
entrañas de mujer jamás nos dieran
el fruto celestial que de ellas nace.

Morada de la paz es tu regazo,
que a Dios y al hombre traen;
Mujer, de Dios fecunda cual ninguna,
de humana vida Madre como nadie.

¡Oh Madre nuestra, casa preparada
en donde todos caben,
el pan de la unidad y la alegría
y todo cuanto es bueno de ti sale!

Callada Madre, Madre de la espera,
que estás y a todos abres,
olvida nuestro olvido, Madre buena,
que vence y vencerá tu amor más grande.

Morada de la luz y toda gracia,
socorro de mortales,
cual Madre por nosotros intercede
al Hijo que en tus ruegos se complace.

¡Al Hijo Redentor que ha preparado
los brazos maternales
se vuelva todo amor de nuestra tierra,
cantándole con cantos a la Madre! Amén

P. Rufino Mª Grández, ofmcap,  Jerusalén, 1985

Año Viejo y Año Nuevo


Terminó ayer un año y hoy comenzamos uno nuevo. Sin duda en estos  momentos nace casi espontáneamente en nosotros la reflexión y el silencio; el examen de conciencia; tomamos conciencia más  lúcida del tiempo, de esa curiosa realidad que vamos gastando sin tomarla demasiado en  cuenta[1]. Son momentos muy buenos para hacer balance del pasado y poner la mirada atenta en lo que viene.

Muchas cosas que nos angustiaban y nos parecían casi insuperables ya han pasado. Hoy nos parecen insignificantes y sin importancia. Mirando hacia atrás, los días que fueron duros tienen un aspecto diferente. Ahora nos sentimos más tranquilos y serenos, incluso, ante lo  que ahora nos agobia y que también un día pasará.

Al mismo tiempo, sentimos nostalgia. Nada permanece. Con el viejo año se van no sólo las  cosas difíciles y duras sino también las hermosas y buenas. Y cuanto más se avanza en edad tanto mayor es la fuerza con que percibe el paso inexorable del tiempo. Este año que ha pasado nos deja también sabor agridulce. No hemos sido lo que  deseábamos ser. No hemos hecho lo que nos habíamos propuesto. En algunos momentos no hemos sido fieles a  nosotros mismos. Un año más que se va ¿crecimos en verdad, en  generosidad, en amor?

Hoy comenzamos un año nuevo. Dice H. Hesse que «en cada comienzo hay algo  maravilloso que nos ayuda a vivir y nos protege»[2]. Qué verdad se encierra en estas palabras cuando uno mira todo comienzo con ojos de fe. De nuevo se nos ofrece un tiempo lleno de esperanza y de posibilidades intactas. ¿Qué  haremos con él?

Las preguntas que podemos hacernos son muchas. Aumentaremos nuestro nivel de vida y nuestro confort quizás, pero, ¿seguirá empequeñeciéndose nuestro corazón? Tendremos  tiempo para trabajar, para poseer, para disfrutar, ¿lo tendremos también para crecer como  personas?

Este año será semejante a tantos otros. ¿Aprenderemos a distinguir lo esencial de lo  accesorio, lo importante de lo accidental y secundario? Tendremos tiempo para nuestras  cosas, nuestros amigos, nuestras relaciones sociales. ¿Tendremos tiempo para ser nosotros  mismos? Pero sobre todo: ¿Tendremos tiempo para Dios?

Y sin embargo, ese Dios al que arrinconamos día tras día entre tantas ocupaciones y  distracciones es el que sostiene nuestro tiempo y puede infundir a nuestra existencia una  vida nueva ■



[1] J. A. Pagola, Buenas Noticias, Navarra 1985, p. 145 ss.
[2] Escritor, poeta, novelista y pintor suizo de origen alemán que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946, como reconocimiento a su trayectoria literaria.

La Iglesia, como María, virgen y madre.


San Agustín, Sermón 191


La Palabra del Padre por la que fueron hechos los tiempos, al hacerse carne, nos regaló el día de su nacimiento en el tiempo; en su origen humano quiso tener también un día aquel sin cuya anuencia divina no transcurre ni un día. Estando junto al Padre, precede a todos los siglos; naciendo de la madre se introdujo en este día en el curso de los años. El Hacedor del hombre se hizo hombre, de forma que toma el pecho quien gobierna los astros; siente hambre el Pan, sed la Fuente; duerme la Luz, el Camino se fatiga en la marcha, la Verdad es acusada por falsos testigos, el Juez de vivos y muertos es juzgado por un juez mortal; la Justicia condenada por gente injusta, la Disciplina castigada con flagelos, el Racimo coronado de espinas, la Base colgada de un madero, la Fortaleza debilitada, la Salud herida, la Vida muere. Aunque él, que por nosotros sufrió tantos males, no hizo mal alguno, ni nosotros, que por él recibimos tantos bienes, merecíamos algún bien, para librarnos a nosotros, a pesar de ser indignos, aceptó sufrir todas aquellas indignidades y otras parecidas. Con esa finalidad, pues, el que existía como hijo de Dios desde antes de todos los siglos sin comienzo de días, se dignó hacerse hijo del hombre en los últimos días, y el que había nacido del Padre, sin ser hecho por él, fue hecho en la madre que él había hecho, para hallarse aquí, en un momento determinado, nacido de aquella que nunca y en ningún lugar hubiera podido existir a no ser por él.

Así se cumplió lo que había predicho el salmo: La verdad ha brotado de la tierra (Sal 84,12). María fue virgen antes de concebir y después de dar a luz. ¡Lejos de nosotros el creer que desapareció la integridad de aquella tierra, es decir, de aquella carne de donde brotó la verdad...! En efecto, en el seno de la virgen se dignó unirse a la naturaleza humana el Hijo unigénito de Dios, para asociar a sí, cabeza inmaculada, a la Iglesia, inmaculada también, a la que el apóstol Pablo da el nombre de virgen no sólo en atención a las vírgenes en el cuerpo que hay en ella, sino también por el deseo de que sean íntegros los corazones de todos. Os he desposado -dice- con un único varón para presentaros a Cristo como virgen casta (2 Cor 11,2). Así, pues, la Iglesia imitando a la madre de su Señor, dado que en el cuerpo no pudo ser virgen y madre a la vez, lo es en el corazón. Lejos de nosotros el pensar que Cristo al nacer privó a su madre de la virginidad, él que hizo a su Iglesia virgen, liberándola de la fornicación con los demonios. En este día de hoy, celebrad con gozo y solemnidad el parto de la Virgen, vosotras las vírgenes santas, nacidas de su virginidad inviolada; vosotras que despreciando el matrimonio terreno, elegisteis ser vírgenes también en el cuerpo. Ha nacido de mujer quien en ningún modo fue sembrado por varón en la mujer. Quien os trajo lo que ibais a amar, no quitó a su madre eso que amáis. Quien sana en vosotras lo que heredasteis de Eva, ¡cómo iba a dañar lo que habéis amado en María!


Aquella cuyas huellas seguís no yació con varón para concebir, y después del parto siguió siendo virgen. Imitadla en cuanto podáis, no en la fecundidad, porque no os es posible sin herir la virginidad. Sólo ella pudo tener ambas cosas de las cuales vosotras quisisteis tener una, que perderíais si pretendieseis poseer las dos. Sólo pudo poseer ambas cosas la que engendró al todopoderoso que le dio tal poder. Convenía que sólo el Hijo de Dios se hiciese hombre de ese modo sin igual. Que Cristo no deje de ser algo para vosotras por ser hijo sólo de una virgen. Aunque no pudisteis darle a luz en la carne le encontrasteis como esposo en el corazón; y esposo tal que vuestra felicidad lo tiene por redentor sin que vuestra virginidad lo tema como su destructor. Quien no quitó a la madre la virginidad ni siquiera en el parto corporal, mucho más la conservará en vosotras en el abrazo espiritual. No os consideréis estériles por haber permanecido vírgenes, pues hasta la piadosa integridad de la carne cae dentro de la fecundidad de la mente. Obrad lo que dice el Apóstol: puesto que no pensáis en las cosas del mundo ni en cómo agradar a vuestros maridos, pensad en las cosas de Dios y en cómo agradarle a él en todo, para que sea fecundo no vuestro seno con la prole, sino vuestra alma con las virtudes.

Para concluir me dirijo a todos, os hablo a todos; con mi palabra apremio a la virgen casta, toda entera, que el Apóstol desposó con Cristo. Lo que admiráis en la carne de María realizadlo en el interior de vuestra alma. Quien cree en su corazón con vistas a la justicia, concibe a Cristo; quien lo confiesa con la boca con la mirada puesta en la salvación, da a luz a Cristo. De esta manera sea exuberante la fecundidad de vuestros corazones conservando siempre la virginidad ■

VISIÓN DE LA NATIVIDAD*



He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".

Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. "

Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo. "

María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. "¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"

He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte.

A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. "

Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba ■

* Relato del Nacimiento de Jesús según una visión dada a la Beata Catalina Emmerich (1774-1824), monja agustina canóniga, mística, estigmatizada y visionaria alemana. Nació en Flamske, una comunidad agraria, actualmente en la diócesis de Münster en Westfalia, y murió en Dülmen a los 49 años. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004. 

New-old-ideas


Lo propio de la aristocracia espiritual –la verdadera, la real, la que no se nota; no la de los que compran títulos nobiliarios como el de Peralta- es la compasión. Lo más alto es llegar a sufrir por otros y con otros. Es éste el camino, opuesto al del viejo burgués, o al del ahorrista mezquino, que crece, que gana, que guarda en sus cofres, que vence a otros, que se regocija porque es mejor que otros... El aristócrata auténtico, sin detenerse en sí mismo, sufre por otros, ofrece por otros. Su vocación es la de redimir y salvar. Por ello quien sigue ese camino escondido se coloca inmediatamente bajo el manto de la Santísima Virgen, que es Madre y Señora. Es la Dama, a quien son ofrecidos todos los triunfos del amor... Ella es permanente modelo de quietud contemplativa y de empeño en la redención de los hombres. Nadie alcanza la fecundidad en semejante misión sin incorporarse en esta corriente de Amor y de Gracia que procede del mismo Espíritu de Dios y con Él se identifica   Un ermitaño urbano

VISUAL THEOLOGY



The Theotokos of Vladimir (Greek: Θεοτόκος του Βλαντιμίρ), also known as Our Lady of Vladimir or Virgin of Vladimir (Russian: Владимирская Икона Божией Матери) and "The Vladimir Madonna" - is one of the most venerated Orthodox icons and a typical example of Eleusa Byzantine iconography. The Theotokos (Greek word for Virgin Mary, literally meaning "Birth-Giver of God") is regarded as the holy protectress of Russia. The icon is displayed in the Tretyakov Gallery, Moscow. Her feast day is June 3. Even more than most famous icons, the original has been copied repeatedly for centuries. Many copies now have considerable artistic and religious significance of their own. The icon is a version of the Eleusa (tenderness) type, with the Christ child snuggling up to his mother's cheek. About 1131 the Greek Patriarch Luke Chrysoberges of Constantinople sent the icon as a gift to Grand Duke Yury Dolgoruky of Kiev. The image was kept in the Mezhyhirskyi Monastery until Dolgoruky's son Andrey Bogolyubskiy brought it to his favourite city, Vladimir, in 1155.[1] Tradition tells that the horses transporting the icon stopped near Vladimir and refused to go further. People interpreted this as a sign that the Theotokos wanted her icon to stay in Vladimir. To house the icon, the great Assumption Cathedral was built there, followed by other churches dedicated to the Virgin throughout Ukraine. In 1395, during Tamerlane's invasion, the image was taken from Vladimir to the new capital, Moscow. The spot where people and the ruling prince met the icon is commemorated by the Sretensky Monastery. Vasili I of Moscow spent a night crying over the icon, and Tamerlane's armies retreated the same day. The Muscovites refused to return the icon to Vladimir and placed it in the Cathedral of the Dormition of the Moscow Kremlin. The intercession of the Theotokos through the image was credited also with saving Moscow from Tatar hordes in 1451 and 1480 

Solemnity of Mary, the Holy Mother of God 2012


Today is a good day for thinking about Mary, not just because this is her feast, but because she shows us how to face this New Year. As the New Year begins, Christians do exactly what Mary did when faced with the events of that first Christmas. In joy, she treasured her Son, but reflected on all these events in her heart. Because this is, as Paul says in the second reading, the fullness of time[1], we rejoice because of the presence of Christ with us. These are the end times, not in the sense of the imminent end of the world, but, instead, in the sense that we are in the final age when Christ is revealed to the world.

This morning we remember that Mary was asked to believe that she was going to change the world, and there she was, giving birth in a stable, riding on the back of a donkey, destined to live years in Nazareth as a seemingly ordinary wife and mom. But she believed that God told her the truth. She reflected on that. And the more she thought and prayed, the stronger she became. That’s our challenge this morning–to believe in God, to trust that this New Year, people will open wide the doors to Christ so that those lost in darkness will find a place to call home.

In the past two thousand years, Mary’s task has been to bring Christ to people. Today, we are asked to do the same. When Pope John Paul II was consecrated Pope, his most famous words in his homily were these, “Do not be afraid! Open wide the doors to Christ!”[2] Mary is the God-bearer, and yet, she is also spiritually a mother to all whom Jesus came to save. In other words, as she brought forth Christ and watched over him so she watches over all those who spiritually are born children of God. She asks that we follow her example in bringing Christ to those who have not heard his voice.

If we can face the challenges ahead of us this New Year with hope, then we can really change the lives of our families, friends, fellow-workers–even the entire world. Here’s what each of us has to do:

1.    Be confident in your faith–it is true; Christ has truly come and is still with us and will come again.

2.    Recognize your obligation to spread the Good News.  “Open wide the doors to Christ” means not only opening your own heart to be touched by God, but also, letting people know your personal experience of Jesus and Church. Of course we are not perfect. We sin. But we are still called to fight evil in all its forms. In whatever way we can, we hold up the light of Christ in order to banish the darkness.

3.    Reflect on what God has done for you. Never forget what Mary did–she gained strength from prayer and reflection. Changing the world takes a lot of energy. Prayer and frequent Communion is the way we get strength.

4.    Decide what you are going to do this New Year to open wide the doors to Christ. Don’t squander this chance. They will be writing about us a thousand years from now if Christ delays his coming. What will they say about you? Will they even know you existed? Will Christ be able to stand up and say, “This person made a difference. He/she may not have been famous in the world’s eyes but I know what he/she did and it mattered to me. It made the world a better place, and helped spread my Gospel to the nations.”  

My brother, my sister, let us face the New Year with joy, for God is with us, Christ is leading us, the Holy Spirit is guiding us.

Let us open wide the doors to Christ our Lord; let his healing love and grace set us free, today, tonight, tomorrow and throughout the Year of our Lord 2012 ■



[1] Cfr Gal 4:4-7.
[2] October 22, 1978.

Ilustration: Edward Hopper (American, 1882–1967), Rooms by the Sea, 1951, Oil on canvas, 29 1/4 x 40 in. (74.3 x 101.6 cm)

Solemnidad de la Natividad del Señor 2011



Nadie lo puede decir,
y tenemos que decirlo:
Fuera de casa y poblado 
en un pesebre ha nacido.
Y era Dios entre nosotros
el Niño que así ha venido.

Nadie lo puede pensar
estando en su sano juicio:
con la sangre de mis venas,
con mis risas y gemidos,
Dios ha querido formar
el corazón de su Hijo.

Nadie lo puede aceptar
si no acepta este prodigio:
que una mujer pobrecilla
en su vientre ha concebido
y sin dejar de ser virgen
la Madre de Dios ha sido.

Nadie se puede atrever
si él no se hubiera atrevido:
con besos de nuestros labios
le damos a Dios cariño;
que primero en nuestra carne
él nos dio su amor divino.

Nadie se puede ausentar
por verse pobre e indigno,
que fueron de los pastores
los primeros villancicos:
¡Gloria a Dios en las alturas,
paz al mundo bien querido! Amén  
P. Rufino Mª Grández, ofmcap.

Solemnidad de la Natividad del Señor 2011


Navidad es un Niño. Y alrededor de este Niño encontramos a María, José, unos magos y unos pastores. Quizá si nos dejásemos impregnar por el aire y la actitud de estos pastores podríamos llegar, en la fe, a descubrir que siempre es posible la esperanza.

Hay gente que duerme y gente que vela. Duermen los que ya tienen los graneros rebosantes, los que ya han encontrado el paraíso perdido, los que pueden explicarlo todo, los que ya no se sorprenden por nada, aquellos que han -¿hemos?- perdido la capacidad de asombro. En cambio velan los que esperan un nacimiento, los que trabajan para que el hombre y la mujer puedan ver un amanecer, los que están atentos para oír la voz del que llora…[1]

El pastor, sobre todo en Oriente, es el hombre que soporta el sol y el viento. Vive al aire libre y va de acá para allá, detrás del rebaño que necesita pastos. Los pastores de Belén no eran diferentes. Vivían lo suficientemente a la intemperie como para poder oír el llanto de un recién nacido a media noche. Tenían el corazón y los ojos lo bastante limpios para percibir que, en medio de la noche, brillaba una luz. Eran lo suficientemente humildes para maravillarse de la novedad de Dios. Y así fue que oyeron el llanto, vieron la luz, y encontraron al Niño.

Hoy, Diciembre del año 2001, la noche es la falta de solidaridad y de aceptación mutua, el ruido sordo y metálico del conflicto, la carrera incontrolada del dinero, la desconfianza y la orgía del aislamiento, el silencio y, peor aún, la indiferencia ante Dios y Sus cosas, afortunadamente siguen existiendo centinelas que ven la luz. Y ese encuentro lo hacen voz. Y la voz toma un nombre, que con sonidos diferentes nos dice: Vela, ábrete a los demás; ábrete a la imaginación, a la ilusión, a la esperanza, al amor renovado, al servicio a los demás, a la amistad desinteresada, a la libertad sin glosas

¿En realidad hay personas así? ¡Claro que sí! Cientos de miles de hombres y mujeres alrededor del mundo que le han entregado su vida a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en el matrimonio, o que se preparan para alguno de ésos tres estados. Gente de parroquia, de barrio, estudiantes de universidades públicas o privadas; gente que colabora en hospitales, orfanatorios, asilos, etc., y que hacen la vida más humana y más digna. Todos éstos –de forma consciente o inconsciente- velan, como los pastores del evangelio, y hacen aquella experiencia de abrirse al bien y amarlo en su fuente.

El evangelio no lo dice pero es evidente y obvio que María oía a los pastores. Ellos contaban lo de los ángeles y ella callaba y meditaba todas estas cosas en su corazón. El silencio, hoy tan difícil, en esta sequía que dura ya tanto en este mundo, en la Iglesia, comunidad de orantes, de hombres que aman y rezan –como designaban los paganos de Roma a los primeros cristianos…

…Señor Dios nuestro: enséñanos a contemplar como tú, para que Dios nos revele las lecciones de Belén.

Y ésta noche, cuando nos acerquemos a recibir la eucaristía, déjanos verte como te vieron los pastores; que sepamos encontrarlo en nuestros hermanos, sobre todo en los más pequeños y desprotegidos. Amén ■


[1] L. Suñer, Misa Dominical, 1991, n. 17

La Virgen como es gitana

La Virgen como es gitana,
a los gitanos camela,
San José como es gachón,
se rebela, se rebela.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pué emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

La Virgen vendió la mula,
porque le daba coraje,
San José como es gachon,
atrincó su correaje.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pué emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

Los gitanos son bronce,
y los payos de hojalata,
y el chaval del portal,
mejor que el oro y la plata.

La Virgen lavaba,
San José tendía,
La Virgen lavaba,
San José tendía,
ay , curricuti
ay curricuti curricutin,
agua le traía, agua le traía, agua le traía.
Madroños al niño no le demos más,
que con los madroños se pue emborrachar.
Que sí, que no, Rocío se llama la madre de Dios.

La Virgen estaba guisando,
y mirando por la ventana,
mientras que el niño cantaba,
como el coro de esta casa.

EL BUEY Y EL ASNO EN EL PESEBRE*



La antigua fiesta de los cristianos no es la navidad, sino la pascua: solamente la resurrección del Señor constituyó el alumbramiento de una nueva vida y, así, el comienzo de la iglesia. Por eso ya Ignacio de Antioquía[1] llama cristianos a quienes «no observan ya el sábado, sino que viven según el día del Señor»[2]. Ser cristiano significa vivir pascualmente a partir de la resurrección, la cual es celebrada semanalmente en la festividad pascual del domingo. Que Jesús nació el 25 de diciembre lo afirmó ya con seguridad por primera vez Hipólito de Roma, en su comentario del libro de Daniel, escrito más o menos en el año 204 después de Cristo; el investigador que trabaja en Basilea, Bo Reicke, basándose en ciertos indicios, cree poder demostrar que ya Lucas en su evangelio presupone el día 25 de diciembre como el día del nacimiento de Jesús: en ese día se celebraba entonces la fiesta de la consagración del templo, establecida por Judas Macabeo en el año 164 antes de Cristo, y la fecha natal de Jesús simbolizaría de esta manera que, con él, como verdadera luz de Dios que irrumpe en la noche del invierno, se operó realmente la consagración del templo, la llegada de Dios a esta tierra[3].

I
Sea lo que fuere de esto, lo cierto es que la verdadera figura que le corresponde la recibió la fiesta de navidad por primera vez en el siglo IV, cuando arrumbó la festividad romana del Dios-Sol invicto y presentó el nacimiento de Cristo como la victoria de la verdadera luz; que en esta refundición de una fiesta pagana en una solemnidad cristiana se tomaron asimismo antiguos elementos de la tradición judeo-cristiana, se hace patente por las informaciones de Bo Reicke.

Sin embargo, el especial calor humano que tanto nos conmueve en la fiesta de navidad y que incluso en los corazones de la cristiandad ha sobrepujado a la pascua, se desarrolló por primera vez en la edad media, y aquí fue Francisco de Asís el que, partiendo de su profundo amor al hombre Jesús, hacia el Dios-con-nosotros, contribuyó a introducir esta novedad. Su primer biógrafo, Tomás de Celano, nos cuenta en su segunda biografía lo siguiente: «Más que ninguna otra fiesta celebraba él la navidad con una alegría indescriptible. Él afirmaba que ésta era la fiesta de las fiestas, pues en ese día Dios se hizo un niño pequeño y se alimentó de leche del pecho de su madre, lo mismo que los demás niños. Francisco abrazaba -¡y con qué delicadeza y devoción!- las imágenes que representaban al niño Jesús y lleno de afecto y de compasión, como los niños, susurraba palabras de cariño. El nombre de Jesús era en sus labios dulce como la miel»[4].

De tales sentimientos procedió la famosa celebración de la navidad en Greccio, a la cual le pudieron animar e incitar su visita a la tierra santa y al pesebre que se halla en Santa María la Mayor en Roma; pero lo que sin duda influyó más en él fue el deseo de más cercanía, de más realidad. Y le movió asimismo a ello el deseo de hacer presente a Belén, de experimentar directamente la alegría del nacimiento del niño Jesús y de comunicar esa alegría a sus amigos.

De esa noche del pesebre nos habla Celano en la primera biografía, de tal manera que conmovió cada vez más a los hombres y, al mismo tiempo, contribuyó decisivamente a que pudiera desarrollarse y extenderse esta hermosísima costumbre de la navidad: la de montar «belenes» o «nacimientos».

Un curioso dato de esa noche me parece especialmente digno de ser mencionado. La región de Greccio había sido puesta a disposición de los pobres de Asís por un señor noble llamado Juan, del cual refiere Celano que, a pesar de su alta alcurnia y de su destacada posición, «no daba ninguna importancia a la nobleza de la sangre y sí mucha a la del alma que trataba de alcanzar». Por eso se había granjeado el amor de Francisco.

De ese Juan nos cuenta Celano que, en aquella noche, se le otorgó la gracia de una visión. Vio que en el pesebre yacía un pequeño niño inmóvil, el cual se despertó de su sueño al aproximarse san Francisco: «Esta visión correspondía –dice Celano- a lo que efectivamente ocurrió, pues el niño Jesús se hallaba dormido a la sazón por estar olvidado en muchos corazones. Pero, a través de su siervo Francisco, se despertó el recuerdo de él y se imprimió imperecederamente en su memoria».

En esta imagen describe con toda exactitud la nueva dimensión que Francisco otorgó a la fiesta cristiana de la navidad mediante su fe que penetraba en los corazones y en sus sentimientos más profundos: el descubrimiento de la revelación de Dios, que radica en el niño Jesús. Por ello se convirtió realmente en el Emmanuel, en el Dios con nosotros, del cual no nos separa ningún obstáculo de sublimidad o lejanía: como niño, se aproximó tanto a nosotros que le podemos tratar sin rodeo de tú y, como nos acercamos al corazón de un niño, podemos tratarle con la confianza del tuteo.

En el niño Jesús se hace patente, más que en ninguna otra parte, la indefensión del amor de Dios: Dios viene sin armas, porque no pretende asaltar desde fuera, sino conquistar desde dentro y transformar a partir de dentro. Si algo puede desarmar y vencer a los hombres, su vanidad, su sentido de poder o su violencia, así como su codicia, eso es la impotencia de un niño. Dios eligió esa impotencia para vencernos y para hacernos entrar dentro de nosotros mismos.

Pero no olvidemos en este punto que el mayor título de dignidad de Jesucristo es el de «hijo», hijo de Dios; la dignidad divina se describe mediante una palabra que muestra a Jesús como un niño ( = Hijo) que siempre ha de permanecer como tal. Su ser-niño se halla en una única y particularísima correspondencia con su divinidad, que es la divinidad del «Hijo». Así su condición de niño es la orientación de cómo podemos llegar a Dios, a la divinización. A partir de ahí es como hay que entender aquellas palabras: «Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos[5].

El que no haya entendido el misterio de la navidad, no ha entendido lo que es más decisivo y fundamental en el ser cristiano. El que no ha aceptado eso, no puede entrar en el reino de los cielos. Esto es lo que Francisco pretendía recordar a la cristiandad de su época y a la de todos los tiempos posteriores.  

II

En la cueva de Greccio, por indicación de Francisco, se pusieron aquella noche un buey y un asno[6]. Efectivamente, él había dicho al noble Juan: Desearía provocar el recuerdo del niño Jesús con toda la realidad posible, tal como nació en Belén y expresar todas las penas y molestias que tuvo que sufrir en su niñez. Desearía contemplar con mis ojos corporales cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y un asno.

Desde entonces, un buey y un asno forman parte de la representación del pesebre o nacimiento. ¿Pero de dónde proceden propiamente estos animales? Los relatos de la navidad del nuevo testamento no nos narran nada acerca de esto. Pero, si profundizamos esta cuestión, topamos con un hecho que es importante para todas las costumbres navideñas y sobre todo para la piedad navideña y pascual de la iglesia en la liturgia y al mismo tiempo en los usos populares.

El buey y el asno no son simples productos de la fantasía; se han convertido, por la fe de la iglesia, en la unidad del antiguo y nuevo testamento, en los acompañantes del acontecimiento navideño. En efecto en el libro de Isaías se dice dice concretamente: «Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento»[7].

Los padres de la iglesia vieron en esas palabras una profecía que apuntaba al nuevo pueblo de Dios, a la iglesia de los judíos y de los cristianos. Ante Dios, eran todos los hombres, tanto judíos como paganos, como bueyes y asnos, sin razón ni conocimiento. Pero el Niño, en el pesebre, abrió sus ojos de manera que ahora reconocen ya la voz de su dueño, la voz de su Señor.

En las representaciones medievales de la navidad, no deja de causar extrañeza hasta qué punto ambas bestezuelas tienen rostros casi humanos, y hasta qué punto se postran y se inclinan ante el misterio del Niño como si entendieran y estuvieran adorando. Pero esto era lógico, puesto que ambos animales eran como los símbolos proféticos tras los cuales se oculta el misterio de la iglesia, nuestro misterio, puesto que nosotros somos buey y asno frente a lo eterno, buey y asnos cuyos ojos se abren en la Nochebuena de forma que, en el pesebre, reconocen a su Señor.

III

¿Pero le reconocemos realmente? Cuando nosotros ponemos el buey y el asno en el portal, deben venirnos a la memoria aquellas palabras de Isaías, las cuales no son sólo evangelio -promesa de un conocimiento que nos ha de llegar- sino también juicio por nuestra ceguera actual. El buey y el asno conocen, pero «Israel no tiene conocimiento, mi pueblo no tiene inteligencia».

¿Quién es hoy el buey y el asno, quién «mi pueblo», que está sin inteligencia? ¿En qué se conoce al buey y al asno y en qué a «mi pueblo»? ¿Por qué se da el fenómeno de que la irracionalidad conoce y la razón se halla ciega?

Para encontrar una respuesta, debemos volvernos nuevamente, con los padres de la iglesia, a la primera navidad. ¿Quién es el que no conoció? ¿Y quién conoció? ¿Y por qué ocurrió así?

Ahora bien, el que no conoció fue Herodes, el cual tampoco comprende nada cuando se le anuncia el nacimiento del Niño. Sólo sabe de su afán de dominio y de su ambición de mando y de la manía persecutoria correspondiente y, por ello, se hallaba profundamente cegado[8]. El que no conoció fue también «todo Jerusalén con él»[9]. Quienes no conocieron fueron los hombres vestidos lujosamente, las gentes importantes[10]. Los que no conocieron fueron los señores sabihondos, los entendidos en Biblia, los especialistas en la interpretación de la sagrada Escritura, los cuales conocían con exactitud los pasajes de la Biblia, y, sin embargo, no entendían una palabra[11].

Los que conocieron, comparados con esta famosa gentecilla del «buey y el asno» fueron: los pastores, los magos, María y José. ¿Podía ser de otra manera? En el establo donde él se encuentra no se ve gente fina, allí están como en su casa el buey y el asno.

¿Pero qué es lo que ocurre con nosotros? ¿Nos hallamos tan alejados del establo porque somos demasiado finos y demasiado sesudos para ello? ¿No nos enredamos también nosotros en sabihondas interpretaciones de la Biblia, en pruebas de la autenticidad o inautenticidad, de forma que nos hemos hecho ciegos para el Niño y no percibimos ya nada de él? ¿No estamos demasiado en «Jerusalén», en el palacio, encasillados en nosotros mismos, en nuestra propia gloria, en nuestras manías persecutorias para que podamos oír en seguida la voz de los ángeles, acudir al pesebre y ponernos a adorar?

Así en esta noche nos contemplan los rostros del buey y del asno que nos interrogan: mi pueblo carece de inteligencia, ¿no comprendes tú la voz de tu Señor? Cuando nosotros colocamos las figuras que nos son familiares en el pesebre, debemos pedir a Dios que otorgue a nuestros corazones aquella simplicidad o sencillez que sabe descubrir en el niño al Señor, tal como lo hizo, en tiempos, Francisco en Greccio. Entonces nos podría ocurrir lo que nos cuenta Celano, con unas palabras muy similares a las de san Lucas acerca de los pastores de la primera Nochebuena[12], sobre los que participaron en la celebración de Greccio: todos regresaban a sus casas llenos de alegría[13]

*J. Ratzinger, El rostro de Dios, Sígueme. Salamanca 1983, págs. 19-25


[1] Lo más tarde el 117 después de Cristo.
[2]Ignacio de Antioquía, Carta a los magnesios, 3,1.
[5] Mt 18,3
[6] En España y en los países de nuestra cultura, decimos «el buey y la mula» en vez de «el buey y el asno». Esto hay que tenerlo en cuenta muy particularmente en las alusiones que se hacen a la Biblia, que no se ajustan a la «mula», sino al «asno» y en lo que dirá más adelante Mons. Albino luego Juan Pablo I (N. del T.)
[7] 1, 3.
[8] Mt 2,3
[9] Ibíd.
[10] Mt 11,8
[11] Id 2,6
[12] Lc 2,20
[13] I Ce130, 86.

Christmas Eve 2011


Well, it's Christmas again, another Christmas is upon us. Since October and November, we have seen stores put up their special displays and begin their Christmas specials. We are encouraged to buy, buy at every turn. Our children have to have the latest electronic gadgets and adults the biggest television sets… Our lives seem to be on a treadmill of rush, rush, rush and buy, buy, buy! We don't seem to have time for conversation, slower dining room eating or just plain relaxing...

Emotionally, too, many people place all their hopes on this one holiday. We have in our minds an idealized version of a "perfect" family and "perfect" relationships. We probably think that this one holiday can make our lives so much happier, and perhaps this is not to be so, [I mean] the joy and the effort to live a Christian life are for the entire year.

My brother, my sister, Jesus is the reason for the season and sadly our society and ourselves sometimes are focus on the wrong things, material things, possessions, designer clothes. As Catholic though, we have been preparing ourselves for this night through reflection, prayer and preparation for the Christ Child, Today and tomorrow we must make an effort even greater for keeping track of what's important: Jesus himself.

The people who walked in darkness have seen a great light, we just hear at the first reading. What brought on the light in darkness? The answer is easy: For to us a child is born, to us a son is given.

If we place all our hope in material things and fairy tale visions of a perfect Christmas without Jesus, the Prince of Peace, we will be really disappointed. Just look at the amazing images we're given in today's readings: first there is the image of the deep darkness of ignorance[1]. Then we are given the image of the great light for an announcement[2] and then the Luke's Gospel story with one of the most beautiful phrases in the whole gospel: The glory of the Lord shone around them. And suddenly there was with the angel a multitude of the heavenly host praising God and saying: "Glory to God in the highest[3].

This is the true meaning of Christmas that God became a human being, that He took on human flesh that night so he would live as one of us, be crucified and rise from the dead to save us from our sins.

We say again and again that Christ is the Light of the World, but is he really our Light? Do we reflect his light and love in your lives?

My brother, my sister, whether you come to church frequently or not and especially if you only come on Christmas, pray for faith tonight. Pray that the Christ Child may come into your heart, transform it and give you a new life in Him. Pray for his Light to fill you with peace. Pray for his Light to have you reconcile yourself with estranged relatives, friends and neighbors.

When you receive Christ in communion tonight, pray for his grace and strength to do whatever he has called you to do. Pray this week that you may bring Christ's light and love into other peoples' lives, that you may reconcile with those you have had differences, that you may help someone through a difficult period in their lives or that you may be a "non anxious" presence for those who worry constantly or are distressed.

Whatever your Christmas is like, Jesus understands it and you fill it with his presence. There is no joy so great that Christ cannot raise it to greater heights, there is no disappointment so bitter so profound that he cannot come into it with the love he offers of eternal life and joy.

This is Christmas, the celebration of the birth of hope and joy in the Savior who is come and no one and nothing can stop. You are seeing and experiencing a great light tonight, let it shine in your heart and free your passion to be a Christian in a very broken world.

Merry or not at Christmas we always get a present: Christ's presence where we really are, and our hope of being where he is ■


[1] Is 9:1-6
[2] Ti 2:11-14
[3] Lk 2:1-14

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris