Veni, Creator Spiritus
mentes tuorum visita
Imple superna gratia quae
tu creasti pectora.
Qui Paraclitus diceris,
donum Dei Altissimi,
fons vivus, ignis, caritas,
et spiritalis unctio.
Tu septiformis munere,
dexterae paternae digitus,
tu rite promissum Patris,
sermone ditans guttura.
Accende lumen sensibus,
infunde amorem cordibus,
infirma nostri corporis,
virtute firmans perpeti.
Hostem repellas longius,
pacemque dones protinus,
ductore sic te praevio,
vitemus omne noxium.
Per te sciamus da Patrem,
noscamus atque Filium,
teque utriusque Spiritum
credamus omni tempore.
Deo Patri sit gloria,
et Filio qui a mortuis surrexit,
ac Paraclito in saeculorum saecula.
Amen ■

El himno tiene su origen alrededor del s. IX y se suele atribuir a Rábano Mauro.

Eres Tú


Las siguientes líneas no son, en absoluto, un trabajo científico en torno a la Tercera persona de la Santísima Trinidad, ni siquiera una aproximación o reflexión teológicas. Es, sin más, la relación de una canción popular (interpretada por un grupo español ya desaparecido) con textos los textos de la Sagrada Escritura que hacen referencia al Espíritu de Dios. La bibliografía sobre el Espíritu Santo es por demás abundante, encabezada desde luego por los importantes e interesantes tratados de los Padres de la Iglesia[1] seguidos de la Encíclica Dominum et vivificantem de Juan Pablo II y por la estupenda obra del Dominico francés Yves M.-J. Congar titulada precisamente El Espíritu Santo.[2] A dichas lecturas nos remitimos para un estudio serio y completo. Todo esto con la única finalidad de ayudar, de una forma sencilla y distendida, a crecer en la devoción de Quien en algún momento de la historia de la espiritualidad cristiana ha sido llamado El Gran Desconocido. Y en definitiva porque el pensamiento y el corazón de la Iglesia deben dirigirse constantemente al Espíritu Santo[3].

Como una promesa eres tú[4], eres tú
como una mañana de verano
[5]
como una sonrisa
[6] eres tú eres tú
así, así eres tú.

Toda mi esperanza eres tu
[7]
como lluvia fresca en mis manos
como fuerte brisa
[8] eres tú, eres tú así,
así eres tú.

Eres tú, como el agua de mi fuente
[9],
eres tú el fuego de mi hogar
[10],
algo así eres tú como el fuego de mi hoguera
[11],
eres tú algo así en mi vida como el trigo de mi pan
[12].

Todo mi poema eres tú
como una guitarra en la noche
todo mi horizonte eres tú
eres tú así, así eres tú.

Eres tú como el agua de mi fuente
eres tú el fuego de mi hogar.

Algo así eres tú como el fuego de mi hoguera
algo así eres tú el trigo de mi pan.

Eres tú como el fuego de mi hoguera
eres tú el trigo de mi pan.



[1] Clemente de Roma en su Carta a los Corintios, Justino y su Diálogo con Trifón, e Ireneo de Lyon con el Adversus Haereses, entre otros.
[2] Ed. Herder, Barcelona, 1991.
[3] JUAN PABLO II, Enc. Dominum et vivificantem, n. 49
[4] «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad» (Jn 14, 15-17). «En él [Cristo] también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda de nuestra herencia, para redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria» (Efe 1, 13-14), Cfr. También Gal 3,14.
[5] «Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora» (Sal 129).
[6] «Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María. Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”». (Lc 1, 26-28). «Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hech 2, 46). Se trata del gozo que sigue a la fe «El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para escuchar la Palabra de Dios(...): “Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra”. Al oír esto los gentiles se alegaron y se pusieron a glorificar la palabra del Señor» (Hech 13, 44.48).
[7] «Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rom 5, 1-5). El amor con que Dios nos ama, y del que el Espíritu Santo es prenda y, por su presencia activa en nosotros, testigo. Por él nos dirigimos a Dios como un hijo a su Padre; el amor es recíproco. Por él también amamos a nuestros hermanos con el mismo amor con que el Padre ama al Hijo y a nosotros.
[8] «Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento, impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban» (Hech 2, 1-4) es interesante resaltar que en griego, como en hebreo, la misma palabra designa al viento y al Espíritu.
[9] «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Jn 4, 13-14). «El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pié grito: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí”, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues Jesús todavía no había sido glorificado» (Jn 7,39).
[10] «Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo» (Hech 2, 1-4).
[11] «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!» (Lc 13, 49).
[12] «Jesús les respondió: “Es mi padre quien os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Les dijo Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”» (Jn 6, 32-35).

Domingo de Pentecostés

Celebramos la alegre fiesta de Pentecostés, es decir, el descenso del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Santísima Virgen[1].

Pensar en el Espíritu Santo es decirle: ¡Ven!. Es necesario que lo pidamos todos los días, y que nos invada. Más aún: que nos dejemos invadir por Él. Él no tiene rostro, pero todos sus nombres dicen que es invasión, presencia: fuego[2], agua[3], espíritu[4], respiración[5], viento[6].

¿ Quién es el Espíritu Santo; dónde está el Espíritu de Dios? Procede del Padre y del Hijo, nos enseña la Iglesia desde hace casi veinte siglos.

El Espíritu de Dios desde que desciende, actúa. La Sagrada Escritura está llena de Él, pero no habla de Él: sólo dice lo que hace. Él está en el comienzo de todo: es el Espíritu de lo que ha de nacer y el Espíritu del primer paso que se da.
En Pentecostés hizo que la Iglesia, que ya había nacido del costado abierto del Señor, despertarse y tomara vuelo, hasta el día de hoy.

Cuando algo está dormido es momento de invocarlo ¡Ven Espíritu Santo! Él es la fuerza para ir hacia delante. La audacia de hablar, de insistir, de crear.

El Espíritu Santo es el huésped interior, sin Él todo nuestro interior quedaría vacío, sin explorar. Él nos lleva de lo superficial a lo profundo.

Él es quien nos impulsa hasta el fin. Os guiará a la verdad completa[7], había dicho Jesús. Él puede hacer que se recorran enseguida itinerarios sorprendentes.

El evangelio de hoy nos habla de este poder de transformación inmediata y total. A unos hombres asustados, débiles, aterrorizados el Señor les dice que también darán testimonio[8].

¿Por qué invocamos tan poco al Espíritu? ¿Por miedo a tener más luz y por lo tanto un compromiso más grande? Si decimos –si gritamos- ¡Ven!, ¿hasta dónde me llevará?

La única verdadera devoción al Espíritu Santo es decirle ¡Ven!, no para una cita tranquila con él –no es ése su estilo-, sino para dar el paso de amor y de coraje que la vida nos pide.

La Santísima Virgen –esposa del Espíritu Santo- está presente en los dos momentos más importantes de la historia de la humanidad: en la Encarnación del Hijo de Dios y en el nacimiento de la Iglesia.

Los humanos no le somos indiferentes.

Vamos a ponernos éste medio día bajo su amparo y su protección; vamos a acudir a ella con confianza y a pedirle que nos enseñe a acudir, a invocar, a desear que el Espíritu de Dios encienda y santifique todos los momentos de nuestra vida ■

[1] La palabra Pentecostés significa el día quincuagésimo. A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas (Ex 34,22), esta fiesta en un principio fue agrícola, pero se convirtió después en recuerdo de la Alianza del Sinaí. Al principio los cristianos no celebraban esta fiesta. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en los textos de Irineo de Lyon, Tertuliano y Orígenes, a finales del s. II y comienzos del III. Ya en el s. IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual. Con el tiempo se le fue dando mayor importancia a este día, teniendo presente el acontecimiento histórico de la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles (Cf. Hch 2). Gradualmente, se fue formando una fiesta, para la que se preparaban con ayuno y una vigilia solemne, algo parecido a la Pascua. Se utiliza el color rojo para el altar y las vestiduras del sacerdote; simboliza el fuego del Espíritu Santo.
[2] «Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo» (Hech 2, 1-4).
[3] «Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para la vida eterna» (Jn 4, 13-14). «El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pié grito: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí”, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues Jesús todavía no había sido glorificado» (Jn 7,39).
[4] Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la Virgen era María. Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”». (Lc 1, 26-28). «Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hech 2, 46). Se trata del gozo que sigue a la fe «El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para escuchar la Palabra de Dios(...): “Te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el fin de la tierra”. Al oír esto los gentiles se alegaron y se pusieron a glorificar la palabra del Señor» (Hech 13, 44.48).
[5] «Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento, impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban» (Hech 2, 1-4) es interesante resaltar que en griego, como en hebreo, la misma palabra designa al viento y al Espíritu.
[6] Idem.
[7] Jn 16, 13
[8] Cfr Jn 15, 26-27; 16, 12-15.
Come, Holy Spirit, Creator blest,
And in our souls take up your rest;
Come with your grace and heavenly aid
To fill the hearts which you have made.

O Comforter, to you we cry,
O heavenly gift of God Most High,
O fount of life and fire of love,
And sweet anointing from above.

You in your sevenfold gifts are known;
You, finger of God's hand we own;
You, promise of the Father, you
Who do the tongue with power imbue.

Kindle our senses from above,
And make our hearts o'erflow with love;
With patience firm and virtue high
The weakness of our flesh supply.

Far from us drive the foe we dread,
And grant us your peace instead;
So shall we not, with you for guide,
Turn from the path of life aside.

Oh, may your grace on us bestow
The Father and the Son to know;
And you, through endless times confessed,
Of both the eternal Spirit blest.

Now to the Father and the Son,
Who rose from death, be glory given,
With you, O holy Comforter,
Henceforth by all in earth and heaven. Amen ■

Pentecost Sunday

The Holy Spirit came upon them on Pentecost Sunday, the Spirit of God filled the Upper Room where they had gathered, the same Upper Room where they celebrated the Passover and received the Body of the Lord and His Blood, the Blood of the New Covenant.

And the Holy Spirit didn’t just fill the room, it filled them!. They were on fire for Jesus. They began to understand the mystery of Christ. They were still afraid to suffer and die, but that became secondary to throwing open the door, going out and proclaiming the Gospel. And three thousand people heard them, and caught their fire, and became Christian. Together they formed the Body of Christ, the Church. Reality was completely changed by the Fire of the Lord, by the Holy Spirit[1].

That is what Pentecost was. That is what Pentecost did to the world. That is what Pentecost does to us.

How could it be possible that those common everyday men, begin a movement of love that would embrace the world? Well, the fire of the Lord consumed them, and consumed all around them.

The Gift of Pentecost is that we hold our Savior within us and are filled with the Reality that changes our lives. We are determined to do everything possible to nurture that Reality, to protect that Reality, to allow the world to experience the wonder of that Reality. Jesus is the Reality. Jesus lives! The fire that is within us is His Spirit, the Holy Spirit.

The Gospel of John relates the Pentecost experience in a simple and moving manner, quite different than the scene in Acts. In St. John’s gospel Jesus appears to the disciples in the Upper Room and pronounces peace. Receive the Holy Spirit, whose sins you forgive are forgiven them, and whose sins you retain are retained[2].

Peace comes through the forgiveness of sins. The Church is empowered to forgive sins. The Church is empowered by the Holy Spirit to impart peace. The fire that consumes us is the fire that forgives our sins, the fire of peace.

There has been a birth, and a change in reality. The birth is the birth of the Church. We are full of such joy that we cannot hold ourselves back. We have to proclaim to the world with our lives, with our testimony that Love is conquering all. Jesus lives. The fire of His Spirit inflames us.

Today and every day is Pentecost ■

[1] Pentecost Sunday, year B. Readings: Acts 2:1-11, Ps 104:1+24, 29-30, 31+34, Gal 5:16-25; John 15:26-27; 16:12-15.
[2] John 20:22-23.

Ilustration: Unknown spanish master, Christ in Majesty and Apostles, 1200-20Polychromed wood, 135 x 98 cmMuseu Nacional d'Art de Catalunya, Barcelona

A propósito del celibato

Hace algún tiempo cierto periódico[1] publicaba una interesante entrevista al famoso boxeador Mohamad Alí[2], y éste decía que para estar en mejor forma, se mantenía en abstinencia sexual por períodos hasta de un año.

[No sé; es curioso] mientras el mundo admira ese compromiso hecho por el deporte, tacha como “anti-natural” el celibato sacerdotal, hecho por el Reino de los cielos. Quizá lo que el mundo de hoy critica no es el celibato en sí, sino el hecho de que haya personas concretas que se toman en serio su compromiso con Dios. Por el boxeo o el deporte todo es aceptable, pero si es por Dios se considera fanatismo o peligroso para la salud.

Yo me pregunto ¿No será que para aquel que vive dominado por las pasiones y el libertinaje, el celibato es una especie de bofetada, de grito en la conciencia, de llamada de atención?

Los sacerdotes entendemos el celibato como una donación total de nuestro amor por Dios y por todos. Pero comprendemos también que sin fe, sin gracia Y SIN AMOR no lo podemos vivir; que se vuelve una carga insoportable.

La Iglesia desde siempre ha venerado el celibato ya que su fundador y piedra angular, Jesucristo, fue célibe. Y con éste sólo argumento se pueden derribar todos los demás. Luego hay quienes afirman que es imposible ser como el Señor. Se equivocan. Jesucristo, siendo Dios, asumió verdaderamente la naturaleza humana, y fue igual a nosotros en absolutamente todo excepto en el pecado: Él nos da la gracia para vivir, siendo hombres, su amor sobrenatural[3].

Hay un texto de la Sagrada Escritura que ayuda a comprender –si se lee con un espíritu sencillo- aquel en el que san Pablo, que era célibe, animaba a los cristianos de Corinto a seguir esta forma de vida: quiero que estéis libres de preocupación –les dice- el soltero se preocupa por las cosas del Señor, de cómo puede agradar al Señor; el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos[4].

El celibato muy pronto empezó a vivirse en la Iglesia, quien afirme que apareció en la edad media es porque desconoce la historia, porque toca “de oídas”, como los malos músicos[5].

Existen alrededor del celibato una serie de mitos o leyendas urbanas que lo han ido desprestigiando hasta el día de hoy: (1) el celibato es la causa de que haya tantos abusos sexuales[6]; (2) si permitieran el matrimonio de los sacerdotes se evitarían esos abusos[7]; (3) el celibato y la virginidad, al ir contra la naturaleza, impiden al hombre y a la mujer realizarse plenamente.

Poco a poco gracias a éstos argumentos la duda y la desconfianza va ganando terreno en el criterio de los jóvenes: ya no se plantean el entregar su vida a Dios y además –y lo que es peor- no le encuentran valor a la castidad y la honestidad en sus relaciones humanas.
“Oiga padre ¿y no le cuesta trabajo?, ¿y las tentaciones?” ¡Por supuesto que cuesta trabajo! ¡Por supuesto que hay tentaciones! Las mismitas que tiene cualquier ser humano. ¿Y las tentaciones y los fracasos en el sacerdocio van a desaparecer quitando la disciplina del sacerdocio?, ¿Va a desaparecer la infidelidad matrimonial animando a los fieles a que a vivir la poligamia?

Aunque es cierto que el celibato nos permite dedicarnos con más tiempo al apostolado esa no es la razón principal. El celibato es lo más valioso que le podemos ofrecer a Cristo. ¿Los novios, los esposos, no buscan regalarse lo más valioso? ¿Por qué entonces causa tanto revuelvo que queramos libremente regalarle a Dios lo más valioso que tenemos?

[Por otro lado, la virginidad, el celibato NO significan esterilidad ¡al contrario! la máxima fecundidad. Cuántas instituciones caritativas y de servicio no han sido instituidas por personas que han vivido en el celibato[8]].

Cuando la Iglesia requiere a los sacerdotes del rito romano[9] el celibato nos está llamando a ser como Jesucristo quien fue célibe. ¿Fueron los apóstoles hombres casados? No lo sabemos con certeza. Ni siquiera sabemos si San Pedro estaba casado cuando lo llamó el Señor. Sabemos que tenía suegra, sí, pero podría haber sido viudo ya que su esposa no se menciona[10].

Es cierto que el requisito del celibato para los sacerdotes es una disciplina eclesiástica y no un Mandamiento del Señor, y es cierto que en la Iglesia Católica de rito oriental[11] hay buenos sacerdotes casados, sin embargo la Iglesia tiene la autoridad para establecer los requisitos de los candidatos al sacerdocio porque el sacerdocio no es de derecho natural, es decir, nadie tiene derecho a ser sacerdote, sino que se trata de una llamada sobrenatural.

[En fin] El problema de todo esto no está en la vocación, pues Dios sigue y seguirá llamando, tampoco en el tema de la sexualidad, pues absolutamente todos –casados, solteros y sacerdotes estamos llamados a vivir de manera limpia y pura. El problema está en la falta de fe, en querer echar fuera de ésta discusión en torno al celibato al Señor mismo que es quien tiene la última palabra; por falta de fe no nos vayamos a hundir como le ocurrió a Pedro cuando Jesús le llamó a caminar sobre las aguas[12].

[Yo] Personalmente –y pienso que puedo hablar por millones de hermanos sacerdotes alrededor del mundo- le doy gracias a Dios por el regalo del sacerdocio y del celibato, y asumo que es sólo por Él –por el Señor- que puedo sostenerme. Al mismo tiempo pienso que las personas casadas, si aman a la Iglesia, entenderán y valorarán la importancia del celibato, así como nosotros, los célibes, entendemos y valoramos su vida matrimonial. Ambos son caminos de Dios que se complementan y enriquecen mutuamente en la gran comunidad que es la Iglesia.

La sociedad e incluso muchos católicos –en días recientes en ciudades como Miami- le gritan a la Iglesia que nos dispensen del celibato y nos permitan tener una mujer e hijos, que nos libren de la carga tan “insoportable” del celibato. ¿No deberían más bien pedirle a la Iglesia que nos prepare mejor, que nos cuide más y que nos enseñe a caminar con esfuerzo, entrega y alegría por el camino del amor y no del libertinaje? ■

[1] The Miami Herald, http://www.miamiherald.com/
[2] Muhammad Ali"(1942) anteriormente llamado Cassius Marcelus Clay, cambió su nombre a partir de su adhesión al Islam. Boxeador estadounidense, actualmente está retirado. Considerado como el más grande de la historia en la categoría de pesos pesados, fue también una personalidad destacada y sumamente controvertida a nivel mundial por su activismo político promusulmán.
[3] Jesucristo claramente recomendó el celibato como entrega radical de amor por el Reino de los Cielos: Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.
[4] I Corintios 7,32-34.
[5] El celibato eclesial fue un desarrollo lógico de las enseñanzas de Cristo sobre la continencia (Mateo 19,10-12). Es uno de los consejos evangélicos. Los comienzos de la vida religiosa se encuentran en la práctica del celibato voluntario por el Reino. El celibato era una de las características de los primeros ermitaños y un requisito en las primeras fundaciones monásticas, la de San Pacomio, por ejemplo que vive en el s. IV y que sienta las bases para lo que luego habría de desarrollar san Benito. El Magisterio solemne de la Iglesia reafirma ininterrumpidamente las disposiciones sobre el celibato eclesiástico. El Sínodo de Elvira (300-303?), en el c. 27, prescribe: «El obispo o cualquier otro clérigo tenga consigo solamente o una hermana o una hija virgen consagrada a Dios; pero en modo alguno plugo (al Concilio) que tengan a una extraña» (E. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, ed. Herder, Barcelona 1955, n. 52 b, p. 22); y en el c. 33: «Plugo prohibir totalmente a los obispos, presbíteros y diáconos o a todos los clérigos puestos en ministerio, que se abstengan de sus cónyuges y no engendren hijos y quienquiera lo hiciere, sea apartado del honor de la clerecía» (ib., 52 c). También el Papa Siricio (384-399), en la carta al obispo Himerio de Tarragona, fechada el 10 de febrero de 385, afirma: «El Señor Jesús (...) quiso que la forma de la castidad de su Iglesia, de la que él es esposo, irradiara con esplendor (...). Todos los sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir, que desde el día de nuestra ordenación consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos» (ib., n. 89, p. 34). San Ambrosio (s. IV) escribe sobre el celibato: "Dios amó tanto a esta virtud que no quiso venir al mundo sino acompañado por ella, naciendo de Madre virgen" (San Ambrosio, Tratado sobre las vírgenes) El Papa Calixto II, en el Concilio de Letrán, en 1123, promulgó el celibato como requisito para todo el clero del rito romano. (Los ritos maronitas y armenios, siendo católicos orientales, aceptan a hombres casados para la ordenación sacerdotal, pero no permiten que contraigan matrimonio los que ya han sido ordenados). El Concilio Vaticano II llama al celibato "ese don precioso de la gracia divina dado a algunos por el Padre, para que se dediquen más fácilmente sólo a Dios con un corazón indivisible en virginidad o celibato. Este medio perfecto para el amor del reino del cielo ha sido tenido siempre en gran estima por la Iglesia como un signo y un estímulo del amor, y como una fuente singular de fertilidad espiritual en el mundo". (Constitución dogmática sobre la de la Iglesia, Lumen Gentium n. 42). También dijo que el celibato es el primero de los consejos evangélicos a ser puestos en práctica por los religiosos y dijo que "es un símbolo especial de los beneficios celestiales, y para los religiosos es un forma muy efectiva de dedicarse con todo el corazón al divino servicio y a los trabajos del apostolado" (Decreto Perfectae Caritatis, sobre la Renovación de la Vida Religiosa, n. 12)
[6] El abuso sexual igualmente ocurre entre hombres casados. (Jenkins, Priests and Pedophilia). En la población general, la mayoría de los abusadores son hombres heterosexuales que abusan de niñas. También hay mujeres que abusan de menores. El perfil del abusador sexual de menores no es el de un adulto normal atraído eróticamente hacia niños por causa de la abstinencia. (Fred Berlin, Compulsive Sexual Behaviors in Addiction and Compulsion Behaviors, Boston: NCBC, 1998; Cfr Patrick J. Carnes, Sexual Compulsion: Challenge for Church Leaders in Addiction and Compulsion; Dale O'Leary, Homosexuality and Abuse).
[7] No es mayor la incidencia de abuso sexual por célibes como quiere hacer creer la prensa. Quienes cometen estos delitos no son aptos ni para ser sacerdotes y ni para ser casados. ¿Qué mujer querrá casarse con un hombre si sabe que es abusador sexual?.
[8] Hoy, en muchos países del “Primer Mundo”, la acción caritativa llega a todos los campos y capas de la sociedad. Se relaciona con el derecho civil, con las obligaciones sociales, con la responsabilidad del estado. Desde la guardería infantil hasta el asilo de ancianos la vida del hombre está acompañada de una asistencia organizada. Así en algunos países de Occidente, la Confederación Cáritas creció hasta llegar a ser una impresionante empresa de servicios. Aunque sea difícil de creer, Cáritas Alemana emplea 500.000 trabajadores profesionales, constituyendo así la segunda mayor entidad patronal en Alemania después del estado. El peso y la influencia de las instituciones caritativas católicas es considerable: Cáritas en Estados Unidos dispone anualmente, para asistencia a proyectos en países subdesarrollados, el así llamado CRS (Catholic Relief Services), de un presupuesto de aproximadamente 400 millones de dólares. Cfr http://212.77.1.247/roman_curia/pontifical_councils/corunum/corunum_sp/attivita_sp/rc_pc_corunum_doc_20070512_Attivita_Iniziative_Missioni_Brasile_Aparecida_Conferenza%20Cordes_sp.html
[9] El rito romano es el rito litúrgico católico usado en Roma. Ha tenido varias formas. Tomó su forma actual en los años que siguieron inmediatamente el Concilio Vaticano II (1962-1965). La forma que tenía la Misa de este rito entre los años 1570 y 1970 es conocida como rito tridentino, de la cual la más reciente versión, impuesta por el Papa Juan XXIII en el año 1962, puede ser usada como "forma extraordinaria" del rito romano. La Misa del rito litúrgico romano fue modificada y reconstruida substancialmente en algún momento entre los siglos IV, VI y VII. No hay que imaginar que la Misa tridentina haya sido casi idéntica a la del rito romano del siglo VII, tanto menos a la de los primeros siglos.
[10] Cfr Mc 1, 29-31; Mt 8, 14-16; Lc 4, 38-39
[11] Se conoce actualmente con el nombre de iglesias orientales católicas a las iglesias cristianas orientales que reconocen la autoridad del papa de Roma, es decir, que se consideran católicas, pero manteniendo su organización y ritos particulares. En el pasado fueron también llamadas uniatas, pero el término es hoy considerado despectivo e inexacto ya que refiere a las uniones parciales con la iglesia de Roma pero no puede aplicarse a las iglesias que siempre han estado en comunión con el papa. En la actualidad, el término uniatas subsiste entre los ortodoxos y es rechazado por los propios católicos orientales. El artículo que la wikipedia dedica a éste tema (http://es.wikipedia.org/wiki/Cat%C3%B3lico_Oriental) es bastante ilustrativo y exacto.
[12] Cfr Mt 14, 22-32.
¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados,
y los agora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dó convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura,
que no les sea enojos?
Quien oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?

Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube, envidiosa
aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! ■

Fray Luis de León, Oda XVIII, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor

Solemnidad de la Ascención del Señor

En este domingo en que la liturgia de la Iglesia nos invita a contemplar la Ascensión del Señor, el momento en el que Jesús se despide sus apóstoles, [yo] también quisiera despedirme formalmente de todas las personas que asisten a la misa del medio día a la parroquia; la Eucaristía que he tenido tantas veces la alegría de presidir[1].

El próximo domingo es la solemnidad de Pentecostés; [pienso que] no sería correcto ni leal de mi parte no dedicar por completo la homilía a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

En días pasados pensaba lo que me gustaría escuchar si yo estuviera sentado allí abajo, como ustedes, asistiendo a la despedida del sacerdote de mi parroquia.

Me gustaría oírle decir que fue feliz durante el tiempo que pasó en la parroquia; que se sintió contento por poder reír con las personas de su parroquia.

Me gustaría oírle decir que lloró y que le costó entender la tragedia humana con la que convivía diariamente...

Me gustaría que me dijera que se sintió unido a sus fieles en las ceremonias que celebró, especialmente la Eucaristía.

Me gustaría que me dijera que debo luchar todos los días por ser fiel al Señor y al hermano necesitado.

Quisiera que gritara que vale la pena vivir y morir en la Iglesia católica y que me animar a defender siempre a su Santidad, el Papa, a los obispos y a los sacerdotes.

Si yo estuviera ahí abajo, sentado escuchándolo, me gustaría que me recordara que a pesar de nuestras miserias Dios no abandona nunca al que le abre su corazón. Y que Dios es un Dios de paz, de misericordia, de alegría.

Me gustaría que me dijera que debo estar atento para comprender el Evangelio.

En fin, quisiera que si el padre de la parroquia a la que habitualmente asisto, al despedirse me dijera lo básico, lo esencial, lo que yo nunca debería olvidar.

Entonces [yo] esperaría que me dijera:

¡Hey! ¡Oye! ¡Pon atención!:

Sé fiel a Cristo, no a las personas...que pasan.
Sé fiel a la Iglesia, y a su cabeza en la tierra, el Papa.
Trata de ver los mandamientos como señales de una carretera que te va a ayudar a llegar al cielo.
ayuda para llegar al cielo.

No hay actividad más importante a lo largo de la semana que la celebración de la Eucaristía

Y sobre todo me gustaría que me dijera: ¡Hey! ¡No llegues tarde a misa!

Eso es lo que me gustaría escuchar si se fuera el padre de mi parroquia…

Dice el libro del Eclesiastés que «hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado; un tiempo para morir y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír»[2]. Ahora es tiempo de seguir el camino, de afrontar nuevos retos y nuevas esperanzas.

Vamos a dar juntos gracias a Dios con la celebración de la santa Misa por el tiempo que nos permitió convivir y a pedirle que derrame su Espíritu sobre nosotros para que, llenos de alegría, vayamos por todo el mundo a predicar el Evangelio[3]

[1] St. Matthew Catholic Church, en San Antonio (Texas). http://www.stmatts.org/
[2] 3, 4-8.
[3] Cfr Mc 16, 15-20.
Hail the day that sees Him rise, Alleluia!
Glorious to His native skies: Alleluia!
Christ, awhile to mortals giv'n, Alleluia!
Enters now the highest heav'n! Alleluia

There the glorious triumph waits; Alleluia!
Lift your heads, eternal gates! Alleluia!
Wide unfold the radiant scene; Alleluia!
Take the King of glory in! Alleluia!

See! He lifts His hands above, Alleluia!
See! He shows the prints of love: Alleluia!
Hark! His gracious lips bestow, Alleluia!
Blessings on His Church below. Alleluia!

Lord, beyond our mortal signt, Alleluia!
Raise our hearts to reach Thy height, Alleluia!
There Thy face unclouded see, Alleluia!
Find our heav'n of heav'ns in Thee. Alleluia! ■
Charles Wesley (1707-88); Melody: Robert Williams (1781-1821)

Solemnity of the Ascencion of the Lord

Today we celebrate the Ascension of the Lord, and the Gospel presents how the disciples understood their mission and how we must understand our mission, the mission of the Church[1].

Jesus told the disciples to go and proclaim the Good News to the entire world. The Gospel of Mark says that the disciples went and preached everywhere. The Lord continued to work through them and confirm their message with miraculous signs.

The early Church experienced these miracles in the disciples and apostles. At Pentecost the disciples spoke and people from various nations heard them in their native languages. Even before the crucifixion, Jesus had given his disciples the power to expel demons and heal the sick.

Every Sunday in the celebration of the holy mass we proclaim the life of Jesus Christ, and He still works through us.

Proclaiming the gospel means far more than teaching articles of faith. Proclaiming the Gospel means making the presence of Christ a reality to the world, especially to all those close to us. This is the commission that we Christians have received from the Lord: we are called to nurture his presence and make his presence real for others. Jesus works through us attracting others to himself.

People do not become Christians through of the words of Christianity. People become Christians through the presence of Jesus Christ.

We cannot allow anything to destroy the presence of Christ within us. We cannot give ourselves over to the forces of evil that wage war on the Lord.
The battles of the Book of Revelation began with the Resurrection and continue daily. The early Church believed that every Mass, every prayer, every work of charity, was a combat in the fight against evil. Like every difficult enemy, the forces of evil continually find new ways to wage war.

The eighteenth century saw this in the Enlightenment, when rationalism challenged faith. The nineteenth century saw the enemy embrace the industrial revolution as a way to turn people against each other, against God, and toward the worship of materialism. The first half of the twentieth century saw the battle change to the political front with the ideals of socialism, both fascist and communist, twisted to eliminate the presence of the Lord. The second half of the century saw evil attack personal holiness through the media, the internet and other advancements in technology.

The battle for or against the Gospel continues, however our Lord is here with us today. He is present in His apostolic Church. He is physically present in the Holy Eucharist and in the Sacred Tabernacle. As mysterious as it appears, while He has ascended, our faith affirms to us that He is still here with us.

May Jesus always be with each and everyone of us as we are moved by His Spirit to proclaim the Good News to those around us, just as we heard in the proclamation of the gospel this morning ■
[1] Ascension of the Lord – B. Readings: Acts 1:1-11, Ps 47:2-3, 6-7, 8-9, opt: Eph 4:1-13 or 4:1-7, 11-13; Matt 28:19a+20b Mark 16:15-20.
Hace algún tiempo cierto periódico[1] publicaba una interesante entrevista al famoso boxeador Mohamad Alí[2], y éste decía que para estar en mejor forma, se mantenía en abstinencia sexual por períodos hasta de un año.

[No sé; es curioso] mientras el mundo admira ese compromiso hecho por el deporte, tacha como “anti-natural” el celibato sacerdotal, hecho por el Reino de los cielos. Quizá lo que el mundo de hoy critica no es el celibato en sí, sino el hecho de que haya personas concretas que se toman en serio su compromiso con Dios. Por el boxeo o el deporte todo es aceptable, pero si es por Dios se considera fanatismo o peligroso para la salud.

Yo me pregunto ¿No será que para aquel que vive dominado por las pasiones y el libertinaje, el celibato es una especie de bofetada, de grito en la conciencia, de llamada de atención?

Los sacerdotes entendemos el celibato como una donación total de nuestro amor por Dios y por todos. Pero comprendemos también que sin fe, sin gracia Y SIN AMOR no lo podemos vivir; que se vuelve una carga insoportable.

La Iglesia desde siempre ha venerado el celibato ya que su fundador y piedra angular, Jesucristo, fue célibe. Y con éste sólo argumento se pueden derribar todos los demás. Luego hay quienes afirman que es imposible ser como el Señor. Se equivocan. Jesucristo, siendo Dios, asumió verdaderamente la naturaleza humana, y fue igual a nosotros en absolutamente todo excepto en el pecado: Él nos da la gracia para vivir, siendo hombres, su amor sobrenatural[3].

Hay un texto de la Sagrada Escritura que ayuda a comprender –si se lee con un espíritu sencillo- aquel en el que san Pablo, que era célibe, animaba a los cristianos de Corinto a seguir esta forma de vida: quiero que estéis libres de preocupación –les dice- el soltero se preocupa por las cosas del Señor, de cómo puede agradar al Señor; el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos[4].

El celibato muy pronto empezó a vivirse en la Iglesia, quien afirme que apareció en la edad media es porque desconoce la historia, porque toca “de oídas”, como los malos músicos[5].

Existen alrededor del celibato una serie de mitos o leyendas urbanas que lo han ido desprestigiando hasta el día de hoy: (1) el celibato es la causa de que haya tantos abusos sexuales[6]; (2) si permitieran el matrimonio de los sacerdotes se evitarían esos abusos[7]; (3) el celibato y la virginidad, al ir contra la naturaleza, impiden al hombre y a la mujer realizarse plenamente.

Poco a poco gracias a éstos argumentos la duda y la desconfianza va ganando terreno en el criterio de los jóvenes: ya no se plantean el entregar su vida a Dios y además –y lo que es peor- no le encuentran valor a la castidad y la honestidad en sus relaciones humanas.

“Oiga padre ¿y no le cuesta trabajo?, ¿y las tentaciones?” ¡Por supuesto que cuesta trabajo! ¡Por supuesto que hay tentaciones! Las mismitas que tiene cualquier ser humano. ¿Y las tentaciones y los fracasos en el sacerdocio van a desaparecer quitando la disciplina del sacerdocio?, ¿Va a desaparecer la infidelidad matrimonial animando a los fieles a que a vivir la poligamia?

Aunque es cierto que el celibato nos permite dedicarnos con más tiempo al apostolado esa no es la razón principal. El celibato es lo más valioso que le podemos ofrecer a Cristo. ¿Los novios, los esposos, no buscan regalarse lo más valioso? ¿Por qué entonces causa tanto revuelvo que queramos libremente regalarle a Dios lo más valioso que tenemos?

[Por otro lado, la virginidad, el celibato NO significan esterilidad ¡al contrario! la máxima fecundidad. Cuántas instituciones caritativas y de servicio no han sido instituidas por personas que han vivido en el celibato[8]].

Cuando la Iglesia requiere a los sacerdotes del rito romano[9] el celibato nos está llamando a ser como Jesucristo quien fue célibe. ¿Fueron los apóstoles hombres casados? No lo sabemos con certeza. Ni siquiera sabemos si San Pedro estaba casado cuando lo llamó el Señor. Sabemos que tenía suegra, sí, pero podría haber sido viudo ya que su esposa no se menciona[10].

Es cierto que el requisito del celibato para los sacerdotes es una disciplina eclesiástica y no un Mandamiento del Señor, y es cierto que en la Iglesia Católica de rito oriental[11] hay buenos sacerdotes casados, sin embargo la Iglesia tiene la autoridad para establecer los requisitos de los candidatos al sacerdocio porque el sacerdocio no es de derecho natural, es decir, nadie tiene derecho a ser sacerdote, sino que se trata de una llamada sobrenatural.

[En fin] El problema de todo esto no está en la vocación, pues Dios sigue y seguirá llamando, tampoco en el tema de la sexualidad, pues absolutamente todos –casados, solteros y sacerdotes estamos llamados a vivir de manera limpia y pura. El problema está en la falta de fe, en querer echar fuera de ésta discusión en torno al celibato al Señor mismo que es quien tiene la última palabra; por falta de fe no nos vayamos a hundir como le ocurrió a Pedro cuando Jesús le llamó a caminar sobre las aguas[12].

[Yo] Personalmente –y pienso que puedo hablar por millones de hermanos sacerdotes alrededor del mundo- le doy gracias a Dios por el regalo del sacerdocio y del celibato, y asumo que es sólo por Él –por el Señor- que puedo sostenerme. Al mismo tiempo pienso que las personas casadas, si aman a la Iglesia, entenderán y valorarán la importancia del celibato, así como nosotros, los célibes, entendemos y valoramos su vida matrimonial. Ambos son caminos de Dios que se complementan y enriquecen mutuamente en la gran comunidad que es la Iglesia.

La sociedad e incluso muchos católicos –en días recientes en ciudades como Miami- le gritan a la Iglesia que nos dispensen del celibato y nos permitan tener una mujer e hijos, que nos libren de la carga tan “insoportable” del celibato. ¿No deberían más bien pedirle a la Iglesia que nos prepare mejor, que nos cuide más y que nos enseñe a caminar con esfuerzo, entrega y alegría por el camino del amor y no del libertinaje? ■

[1] The Miami Herald, http://www.miamiherald.com/
[2] Muhammad Ali"(1942) anteriormente llamado Cassius Marcelus Clay, cambió su nombre a partir de su adhesión al Islam. Boxeador estadounidense, actualmente está retirado. Considerado como el más grande de la historia en la categoría de pesos pesados, fue también una personalidad destacada y sumamente controvertida a nivel mundial por su activismo político promusulmán.
[3] Jesucristo claramente recomendó el celibato como entrega radical de amor por el Reino de los Cielos: Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.
[4] I Corintios 7,32-34.
[5] El celibato eclesial fue un desarrollo lógico de las enseñanzas de Cristo sobre la continencia (Mateo 19,10-12). Es uno de los consejos evangélicos. Los comienzos de la vida religiosa se encuentran en la práctica del celibato voluntario por el Reino. El celibato era una de las características de los primeros ermitaños y un requisito en las primeras fundaciones monásticas, la de San Pacomio, por ejemplo que vive en el s. IV y que sienta las bases para lo que luego habría de desarrollar san Benito. El Magisterio solemne de la Iglesia reafirma ininterrumpidamente las disposiciones sobre el celibato eclesiástico. El Sínodo de Elvira (300-303?), en el c. 27, prescribe: «El obispo o cualquier otro clérigo tenga consigo solamente o una hermana o una hija virgen consagrada a Dios; pero en modo alguno plugo (al Concilio) que tengan a una extraña» (E. Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, ed. Herder, Barcelona 1955, n. 52 b, p. 22); y en el c. 33: «Plugo prohibir totalmente a los obispos, presbíteros y diáconos o a todos los clérigos puestos en ministerio, que se abstengan de sus cónyuges y no engendren hijos y quienquiera lo hiciere, sea apartado del honor de la clerecía» (ib., 52 c). También el Papa Siricio (384-399), en la carta al obispo Himerio de Tarragona, fechada el 10 de febrero de 385, afirma: «El Señor Jesús (...) quiso que la forma de la castidad de su Iglesia, de la que él es esposo, irradiara con esplendor (...). Todos los sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir, que desde el día de nuestra ordenación consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos» (ib., n. 89, p. 34). San Ambrosio (s. IV) escribe sobre el celibato: "Dios amó tanto a esta virtud que no quiso venir al mundo sino acompañado por ella, naciendo de Madre virgen" (San Ambrosio, Tratado sobre las vírgenes) El Papa Calixto II, en el Concilio de Letrán, en 1123, promulgó el celibato como requisito para todo el clero del rito romano. (Los ritos maronitas y armenios, siendo católicos orientales, aceptan a hombres casados para la ordenación sacerdotal, pero no permiten que contraigan matrimonio los que ya han sido ordenados). El Concilio Vaticano II llama al celibato "ese don precioso de la gracia divina dado a algunos por el Padre, para que se dediquen más fácilmente sólo a Dios con un corazón indivisible en virginidad o celibato. Este medio perfecto para el amor del reino del cielo ha sido tenido siempre en gran estima por la Iglesia como un signo y un estímulo del amor, y como una fuente singular de fertilidad espiritual en el mundo". (Constitución dogmática sobre la de la Iglesia, Lumen Gentium n. 42). También dijo que el celibato es el primero de los consejos evangélicos a ser puestos en práctica por los religiosos y dijo que "es un símbolo especial de los beneficios celestiales, y para los religiosos es un forma muy efectiva de dedicarse con todo el corazón al divino servicio y a los trabajos del apostolado" (Decreto Perfectae Caritatis, sobre la Renovación de la Vida Religiosa, n. 12)
[6] El abuso sexual igualmente ocurre entre hombres casados. (Jenkins, Priests and Pedophilia). En la población general, la mayoría de los abusadores son hombres heterosexuales que abusan de niñas. También hay mujeres que abusan de menores. El perfil del abusador sexual de menores no es el de un adulto normal atraído eróticamente hacia niños por causa de la abstinencia. (Fred Berlin, Compulsive Sexual Behaviors in Addiction and Compulsion Behaviors, Boston: NCBC, 1998; Cfr Patrick J. Carnes, Sexual Compulsion: Challenge for Church Leaders in Addiction and Compulsion; Dale O'Leary, Homosexuality and Abuse).
[7] No es mayor la incidencia de abuso sexual por célibes como quiere hacer creer la prensa. Quienes cometen estos delitos no son aptos ni para ser sacerdotes y ni para ser casados. ¿Qué mujer querrá casarse con un hombre si sabe que es abusador sexual?.
[8] Hoy, en muchos países del “Primer Mundo”, la acción caritativa llega a todos los campos y capas de la sociedad. Se relaciona con el derecho civil, con las obligaciones sociales, con la responsabilidad del estado. Desde la guardería infantil hasta el asilo de ancianos la vida del hombre está acompañada de una asistencia organizada. Así en algunos países de Occidente, la Confederación Cáritas creció hasta llegar a ser una impresionante empresa de servicios. Aunque sea difícil de creer, Cáritas Alemana emplea 500.000 trabajadores profesionales, constituyendo así la segunda mayor entidad patronal en Alemania después del estado. El peso y la influencia de las instituciones caritativas católicas es considerable: Cáritas en Estados Unidos dispone anualmente, para asistencia a proyectos en países subdesarrollados, el así llamado CRS (Catholic Relief Services), de un presupuesto de aproximadamente 400 millones de dólares. Cfr http://212.77.1.247/roman_curia/pontifical_councils/corunum/corunum_sp/attivita_sp/rc_pc_corunum_doc_20070512_Attivita_Iniziative_Missioni_Brasile_Aparecida_Conferenza%20Cordes_sp.html
[9] El rito romano es el rito litúrgico católico usado en Roma. Ha tenido varias formas. Tomó su forma actual en los años que siguieron inmediatamente el Concilio Vaticano II (1962-1965). La forma que tenía la Misa de este rito entre los años 1570 y 1970 es conocida como rito tridentino, de la cual la más reciente versión, impuesta por el Papa Juan XXIII en el año 1962, puede ser usada como "forma extraordinaria" del rito romano. La Misa del rito litúrgico romano fue modificada y reconstruida substancialmente en algún momento entre los siglos IV, VI y VII. No hay que imaginar que la Misa tridentina haya sido casi idéntica a la del rito romano del siglo VII, tanto menos a la de los primeros siglos.
[10] Cfr Mc 1, 29-31; Mt 8, 14-16; Lc 4, 38-39
[11] Se conoce actualmente con el nombre de iglesias orientales católicas a las iglesias cristianas orientales que reconocen la autoridad del papa de Roma, es decir, que se consideran católicas, pero manteniendo su organización y ritos particulares. En el pasado fueron también llamadas uniatas, pero el término es hoy considerado despectivo e inexacto ya que refiere a las uniones parciales con la iglesia de Roma pero no puede aplicarse a las iglesias que siempre han estado en comunión con el papa. En la actualidad, el término uniatas subsiste entre los ortodoxos y es rechazado por los propios católicos orientales. El artículo que la wikipedia dedica a éste tema (http://es.wikipedia.org/wiki/Cat%C3%B3lico_Oriental) es bastante ilustrativo y exacto.
[12] Cfr Mt 14, 22-32.
Gloria, Gloria, Gloria, Gloria, a Jesús el Señor, al Cordero de Dios. Al nombre sobre todo nombre. a Jesús el Señor, al Cordero de Dios. Al nombre sobre todo nombre. Gloria, Gloria, Gloria, Gloria, a Jesús el Señor, al Cordero de Dios. Al nombre sobre todo nombre. a Jesús el Señor, al Cordero de Dios. Al nombre sobre todo nombre. Al nombre sobre todo nombre. Al nombre sobre todo nombre ■ www.youtube.com/watch?v=QsU_EH_-6sk&feature=related

VI Domingo del Tiempo Pascual

Poco a poco nos vamos acercando a la enorme e importe celebración de Pentecostés [es decir] la fiesta del Espíritu Santo con la que la Iglesia concluye el tiempo pascual[1].

El evangelio que escuchamos hace unos momentos recoge las palabras del Señor en la noche del jueves Santo cuando se despide de sus apóstoles y les entrega el Mandamiento nuevo[2].

Y quizá las palabras del Señor –que escuchamos año con año- ya no tengan tanta fuerza en nuestros oídos o en nuestro corazón; quizá nos parecen incluso aburridas o tediosas. En la predicación se nos insiste tanto en eso del amor de los unos por los otros que la idea posiblemente pasa ya sobre nuestra alma como pasa el agua sobre las piedras de un río: sin empapar el interior.

Es verdad que cuando uno oye esto de que debemos amarnos unos a otros como el mismísimo Señor nos amó, se puede pensar «caray, ya bastante hago con no quejarme y aguantar, como para que, encima, deba amar a todos».

Bueno, pues justamente por eso Jesús habla de un mandamiento nuevo: porque querer a todos, comprender a todos y tener para todos una palabra de cariño es una auténtica novedad.

¿Y cómo hacer práctico, tangible ese amor de los unos por los otros? Hay tantas formas como personas sobre la tierra. Una manera práctica, efectiva y concreta de amar es, por ejemplo, escuchar. Sí: escuchar con paciencia y con atención.

Reconozcámoslo: no escuchamos. No sabemos escuchar. O, para ser exactos, no escuchamos más que la televisión. O el ipod. ¿Es porque nadie nos ha enseñado a escuchar? ¿O porque el arte de oír es mucho más difícil que el de hablar? Quizá.

Zenón de Elea decía hace dos mil años que tenemos dos oídos y una boca porque oír es el doble de necesario y dos veces más difícil que hablar...

[Y es que] para escuchar hacen falta algunas cosas: (1) tener el alma despierta –no dormida, ni aletargada por el pecado-, (2) abrirla para recibir al que, a través de sus palabras, quiere entrar en nosotros; y (3) ponernos en su situación y comprenderlo.

Pero sobre todo olvidarnos de nosotros mismos para ocuparnos por la otra persona, ¡todo un arte! ¡Todo un apasionado ejercicio de la caridad! Una forma muy práctica de amar a los demás.

Perdamos ese terrible miedo que tenemos a gastar nuestra vida, nuestro tiempo, nuestro espacio escuchando a los demás. Quizá por eso –porque somos egoístas y el egoísmo es el cáncer del amor- hay tantas personas solitarias que andan por ahí, vagando, con el alma llena de recuerdos o basuras que desearían soltar y que no saben dónde.

Escuchemos.

Justo por ése saber escucharnos pacientemente los unos a los otros, sabremos reconocernos como auténticos cristianos, sabremos que estamos actuando conforme al evangelio. Es una especie de prueba de fuego, de prueba de calidad, de ISO 9000 de nuestra fe cristiana[3].
Una señal de que hemos hecho vida en nuestra vida el Mandamiento nuevo que Jesús nos dejó la última noche que pasó entre nosotros.

Sigamos preparándonos para la alegre solemnidad de Pentecostés; preparándonos por dentro y por fuera, al tiempo que le pedimos a nuestro Señor que nos ayude a recibir su Espíritu, y con Él, con la vida de la gracia y la protección del Padre, demos testimonio de la fe cristiana que vivimos y profesamos ■

[1] Pentecostés (del griego pentekosté (heméra) "el quincuagésimo día") describe la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua (Domingo de Resurrección) y que pone término al tiempo pascual. Durante el Pentecostés se celebra el inicio de la actividad de la Iglesia. Es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Shavuot (fiesta de las semanas), durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el Sinaí, por lo tanto en el día de Pentecostés también se celebra la entrega de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel. Pentecostés inspira también el segundo movimiento cristiano protestante más grande del mundo, el Pentecostalismo, que cuenta con más de 570 millones de seguidores.
[2] Cfr Jn 15, 9-17.
[3] La familia de normas ISO 9000 son normas de "calidad" y "gestión continua de calidad", establecidas por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) que se pueden aplicar en cualquier tipo de organización o actividad sistemática, que esté orientada a la producción de bienes o servicios. Se componen de estándares y guías relacionados con sistemas de gestión y de herramientas específicas como los métodos de auditoría (el proceso de verificar que los sistemas de gestión cumplen con el estándar).

Ilustración: Maurice Denis, Marta y Maria (1896), óleo sobre tela, Museo de L'Hermitage (St. Petersburg).
Q. Your Holiness, this journey has two essential dimensions of inter-religious dialogue – with Islam and with Judaism. Are the two directions completely separate from one another, or will there also be a common message concerning the three Abrahamic religions?
A. Certainly there is also a common message and there will be opportunities to highlight it. Notwithstanding our diverse origins, we have common roots because, as I have already said, Christianity is born from the Old Testament and the Scripture of the New Testament would not exist without the Old, because it makes constant reference to “the Scriptures”, that is, to the Old Testament. Islam too was born in a world where both Judaism and the various branches of Christianity: Judeo-Christianity, Antiochene Christianity, and Byzantine Christianity were all present, and all these circumstances are reflected in the Koranic tradition, with the result that we have much in common in terms of our origins and our faith in the one God. So it is important on the one hand to have bilateral dialogues – with the Jews and with Islam – and then also trilateral dialogue. I myself was the Co-Founder of a foundation for dialogue among the three religions, at which leading figures like Metropolitan Damaskinos and the Chief Rabbi of France René Samuel Sirat and others came together, and this foundation also issued an edition of the books of the three religions: the Koran, the New Testament and the Old Testament. So the trilateral dialogue must go forward, it is extremely important for peace and also – let us say – for living one’s own religion well ■ Interview of the Holy Father Benedict XVI during the fligth to the Holy Land, Papal FlightFriday, 8 May 2009.
During the Mass I spoke about the prophetic charism of women as bearers of love, teachers of mercy and artisans of peace. The supreme example of womanly virtue is the Blessed Virgin Mary: the Mother of Mercy and Queen of Peace. As we turn to her now, let us seek her maternal intercession for all the families of these lands, that they may truly be schools of prayer and schools of love. Let us ask the Mother of the Church to look down in mercy upon all the Christians of these lands, and with the help of her prayers, may they be truly one in the faith they profess and the witness they bear. Let us ask her who responded so generously to the angel’s call, and accepted her vocation to become the Mother of God, to give courage and strength to all young people today who are discerning their vocations, so that they too may generously dedicate themselves to carrying out the Lord’s will. In this season of Eastertide, it is with the title Regina Coeli that we call upon the Blessed Virgin. As a fruit of the Redemption won by her Son’s death and resurrection, she too was raised to everlasting glory and crowned Queen of Heaven. With great confidence in the power of her intercession, with joy in our hearts and with love for our glorious ever-Virgin Mother, we turn to her now and ask for her prayers ■ Benedict XVI, Regina Coeli at International Stadium, Amman, Fifth Sunday of Easter, 10 May 2009.

Sixth Sunday of Easter

In the second reading for today taken form the First Letter of John, we just heard: whoever is without love does not know God, for God is love[1]. Probably we are people that follow the rules and keep the dogmas, but sometimes no reflect the love of God[2].

We can look at the history of the Church and see how in certain moments there is a lack of love and charity. How can we find justification for the pain that was part of the Crusades, for the religious wars occasioned by the Protestant Reformation, or for the continual persecution of the Jewish people in the middle Ages and beyond? The love of God was not in evidence in any of this.

Few years ago, one of my cousins and her husband befriended a house painter from another country who had done some work for them. After about a year, he became sick. My cousin visited him in the hospital. He told her that he was gay and had contracted AIDS. His entire family had deserted him. My cousin and her husband visited and cared for him, almost living in the hospital, until the day he died. The love of God was evident in their actions. This love was not evident in those who deserted him, perhaps, claiming high moral grounds.

We have to ask ourselves in a serious examination of conscience if the love of God is evident in our own family structures, if the love of God is the fundamental rock in our parish. More important than rules is the reason for their establishment: love. We make rules for children because we love them. At the same time, we have to be careful that we never allow a rule to destroy love. For example, saying to a teenager: “You know the rule. You broke it. Now get out of this house.” or “You broke the rules, you are no longer part of this family,” are the ways Christians shouldn’t act. No good was every accomplished by hiding love behind rules.

You will live in my love if you keep my commandments, we just heard in the gospel reading.

Let us do some examination of conscience.
Let us ask for the presence of the Holy Spirit, the sanctifier.

And let us use the beautiful prayer of St. Ignatius of Loyola: Teach us, good Lord, to serve you as you deserve, to give and not to count the cost, to fight and not to heed the wounds, to work and not to seek for rest, to labor and not to ask for any reward, save that of knowing that we do your will just for love; through Jesus Christ our Lord. Amen

[1] 4:8
[2] 6th Sunday of Easter , A. Readings: Acts 8:5-8, 14-1, Ps 66:1-3, 4-5, 6-7, 16+20, 1 Pet 3:15-18, John 14:23 John 14:15-21.
Al romper el día,
Nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
Del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
Nos lo das de balde,
Que a jornal de gloria
No hay trabajo grande.

Das al vespertino
Lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
Y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
Dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
Cuida los sarmientos.

Hora de la tarde,
Fin de las labores,
Amo de las viñas,
Paga los trabajos de tus viñadores ■
de la Liturgia de las Horas.

V Domingo de Pascua

En sus Memorias[1], Julián Marías escribe una frase que estremece: «Siempre he creído que la vida no vale la pena más que cuando se la pone a una carta, sin restricciones, sin reservas; son innumerables las personas, especialmente en nuestro tiempo, que no lo hacen por miedo a la vida, que no se atreven a ser felices porque temen a lo irrevocable, porque saben que si lo hacen, se exponen a la vez a ser infelices»[2].

Es verdad. Quizá la más grande tragedia que vive el hombre de hoy -¡el cristiano de hoy!- es ese miedo a lo irrevocable, esa indecisión ante las decisiones que no tienen vuelta de hoja o la tienen muy dolorosa, esa tendencia a lo provisional, a lo que nos compromete «pero no del todo», que nos obliga «pero un poquito nada más». Preferimos no acabar de apostar por nada, o si no hay más remedio que hacerlo, lo rodeamos de reservas, de condicionamientos, de «ya veremos cómo van las cosas».

En el evangelio escuchamos la mismísima voz de Jesús[3] que habla de permanecer unido a, de dar fruto. De crecer[4].

Cuántos jóvenes comienzan el camino del matrimonio diciéndose: «Bueno, bueno, tampoco hay que preocuparse tanto; si las cosas no van bien, nos separamos y tan amigos como siempre».

Ese «miedo a lo irrevocable» llega incluso a lo religioso y a lo más intocable, que es el sacerdocio. En mis años del seminario –y no soy tan viejo- lo del sacerdos in aeternum, sacerdote para la eternidad[5], era algo simplemente incuestionable. No nos planteábamos dejar de ser aquello que libremente elegíamos. Sabíamos, sí, que había quienes fracasaban y derivaban hacia otros puertos; pero eso, pensábamos, no tenía que ver con cada uno de nosotros; era, cuando más, como un accidente de circulación, en el que no se piensa cuando se empieza un viaje y que, en todo caso, no se prevé como una opción voluntaria. Por eso a mí me asombró tanto cuando empecé a oír a algunos teólogos eso del sacerdocio ad tempus, eso de que uno podía ordenarse sacerdote para cinco, para siete años, prestar ese servicio a la Iglesia y luego replantearse si seguir en esa misma tarea o regresar a otros cuarteles. Me parecía, en cambio, a mí, que el sacerdocio o era para siempre o no era sacerdocio; que si la entrega a Cristo y a la Iglesia era una entrega de amor, no cabían ya planes temporales. Uno podía fracasar y equivocarse, es cierto, pero ¿cabía mayor fracaso que lanzarse a volar con las alas atadas por toda una maraña de condicionamientos?

Poco a poco entre nuestros jóvenes ese planteamiento –la opción por lo temporal, por lo fácil, por lo no-demasiado-arriesgado- se ha ido volviendo «lo inteligente», «lo sensato». Todos cambiamos de ideas, de modos de ser –afirman-¿Por qué comprometerlo todo a una carta cuando el juego de mañana no sé cómo se presentará?

Ciertamente hay muchas cosas relativas en la vida, muchas ante las que un hombre debe permanecer y en las que hasta será bueno cambiar en el futuro, cuando se vean con nueva luz. Pero, relativizarlo todo, ¿no será un modo de no llegar nunca a vivir?

En realidad, esas cosas permanentes son pocas: el amor que se ha elegido, la misión a la que uno se entrega, unas cuantas ideas vertebrales y, entre ellas, desde luego, para los creyentes, la fe cristiana[6].

Las apuestas que uno hace a lo largo de la vida deben ser totales. Las tres o cuatro cosas que hay que jugar a una sola carta o son enteras o no son. Así de sencillo: o son totales o no existen. Un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor «a ver cómo funciona» es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede fracasar; pero un amor con condiciones no sólo es que nazca fracasado, es que ni siquiera llega a nacer ■


[1] Una vida presente. Memorias, páginas de espuma, Madrid, 2008.
[2] Julián Marías Aguilera (1914-2005), doctor en Filosofía por la Universidad de Madrid, fue el discípulo más destacado de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades. Ensayista y filósofo, Marías no enseñó en la Universidad española franquista por discrepancias ideológicas, pero fue conferenciante en numerosos países de Europa y América y profesor en varias universidades de Estados Unidos. Su presencia en el mundo intelectual español ha sido constante: colaborador de las publicaciones más relevantes, fue miembro de la Real Academia y senador por designación real. Presidió la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES). En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, compartido con Indro Montanelli.
[3] Ipsisima verba Iesu.
[4] Cfr Jn 15, 1-8.
[5] Juravit Dominus et non poenitebit eum: Tu es sacerdos in aeternum secundum ordinem Melchisedech.(Salmo 109).
[6] Cfr. J.L. Martín Descalzo, Razones desde la otra orilla, Atenas, p. 133-134.

Ilustración: Ordenación sacerdotal en la Catedral de San Fernando el 2.v.2009. En la foto S.E.R. Mons. José Gómez, Arzobispo de San Antonio y Fr. James K. Seiwert, uno de los nuevos sacerdotes.

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris