Cuando el gallo, tres veces
negaste a tu Maestro;
y él tres veces te dijo:
"¿Me amas más que éstos?"

Se te puso muy triste
tu llanto y tu silencio:
pero la Voz te habló
de apacentar corderos.

Tu pecado quemante
se convirtió en incendio,
y abriste tus dos brazos
al madero sangriento.

La cabeza hacia abajo
y el corazón al cielo:
porque, cuando aquel gallo,
negaste a tu Maestro ■ Amén

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