¡Qué misterio tan profundo,
éste de mi propio ser:
he surgido del no-ser
y me exalto y me confundo,
mientras cantando me hundo
en mi nada, y sombra, y lodo!
Soy cadáver a tu modo,
soy sueño, soy despertar,
soy vida, soy palpitar,
soy luz, soy llama, soy todo.

Muerte, que das a mi vida
transcendencia y plenitud,
muerte que ardes de inquietud
como rosa amanecida,
cuando llegues encendida
y silenciosa a mi puerto,
besaré tu boca yerta
y, en el umbral de mi adiós,
al beso inmenso de Dios
me dispondrás, muerte muerta ■
Himno de laudes del Oficio de Difuntos de la Liturgia de las Horas
Ilustración: Hieronymus Bosch, Tríptico del Jardín de las delicias, (detalle) c. 1500, óleo sobre tabla, Museo del Prado (Madrid)
Que el segundo día de noviembre la liturgia de la Iglesia lo dedica a los fieles difuntos es una larga y entrañable tradición, y que a lo largo de todo el mes se sucede este recuerdo es también algo a lo que estamos más o menos acostumbrados. Orar por el eterno descanso del alma de los que murieron es una de las tradiciones cristianas más antiguas, y es algo que estuvo, está y estará siempre en la entraña misma de la espiritualidad cristiana[1].

Sin embargo hay algo más, ¿qué pasa cuando, aún estando vivos, resultamos “como muertos” para los demás o, peor aún, cuando los demás están “como muertos” para nosotros? Quienes formamos parte de la condición humana sabemos que en las relaciones entre las personas se dan situaciones que llevan al rompimiento de la convivencia y al progresivo alejamiento. Malos entendidos, discusiones, divorcios, separaciones, etc. Es una realidad que en las personas hay acontecimientos que fracturan la amistad y el amor, y que desafortunadamente hacen que las cosas “ya no sean como antes”, por decirlo en palabras populares.

Ciertamente muchas veces en la vida hay que abandonar al borde del camino una mujer, un hombre, una empresa, una doctrina o una pasión para seguir otro destino, otra vida, que pensamos en conciencia que es mejor. La pensamos nosotros, lo que no quiere decir que sea compartida ni admitida por todos, o por algunos.

Cuando eso –precisamente eso- suceda hemos de procurar con todas nuestras fuerzas evitar, al alejarnos, cualquier apariencia de vulgaridad o de traición. Hemos de luchar por ser amables, y hemos esforzarnos –titánicamente, tal vez- por despedirnos con la mayor delicadeza posible, precisamente porque quizá sea la última vez que hablemos o convivamos o nos encontremos con esa persona.

Aquellos con los que caminamos un trecho de nuestro camino y cuyo umbral quizá no volveremos a franquear son a los que debemos despedir con el mayor cariño y respeto. Si lo hacemos el resultado, al menos en el secreto del alma, será no renegar de aquella parte de nosotros mismos que un día se comprometió con afectos hoy desaparecidos, o empresas que abandonamos.

Incluso hemos de permanecer agradecidos a aquello o aquellos que alguna vez amamos y luego nos destrozó. Sufriremos, sí, pero no quedará en nuestra alma el sello de la amargura.

Al mismo tiempo será siempre sano aprender a dejar ir las cosas, las personas o los acontecimientos desagradables; a no ir cargando con lo inútil o lo estéril por el resto de la vida. En esto resulta de gran ayuda el Sacramento de la Confesión donde Dios perdona y destruye todo nuestro pasado. Ayuda también el meditar sobre el infinito perdón de Dios[2] y si queda tiempo releer aquel viejo cuento sufí[3] que narra la historia de los dos monjes que iban caminando por el campo y mientras caminaban oraban y reflexionaban, a ratos en silencio a ratos en voz alta.

Al llegar a un caudaloso río que habían de cruzar vieron a una joven que lloraba, al cabo de un momento ella se les acercó y les pidió que le ayudaran a cruzar el río. Uno de aquellos buenos monjes inmediatamente asintió, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se ofreció a ayudarla la subió en sus hombros y terminado el paso del río la bajó de sus hombros. Aquella mujer se despidió rápidamente con agradecimiento y, sin más, siguió su camino.

Los monjes siguieron el suyo, sin embargo el que no aprobó la decisión comenzó a reclamarle a su compañero el hecho de haber ayudado a la mujer a cruzar el río: “¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el monasterio nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?”. El que había ayudado a la mujer no respondió, continúo caminando en silencio. Continuaron su viaje, y el monje insistía en sus preguntas y en el error tan grande que su compañero había cometido. Como siguiera insistiendo, el monje que ayudó a la mujer, le dijo: “hermano mío, te suplico que no hablemos más de esto. Mejor es olvidar algo que no tiene importancia y seguir caminando”. Poco antes de llegar al monasterio, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho. Finalmente, el monje respondió: “hermano, hace ya muchas horas que aquella mujer ya no está ni en mi cabeza ni en mis hombros, pero veo con tristeza que sigue en la tuya. Tú no la has dejado ir. ¿Qué ganas con hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con conservar en tu corazón eventos pasados que no sirve para nada recordar?” ■



[1] La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua, aparece en el 2º libro de los Macabeos: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2Mac. 12, 46).
[2] Las así llamadas Parábolas de la misericordia pueden resultar de gran ayuda para la oración personal. Cfr. Mt 12, 1814; Lc 11, 15-32; Jn 10, 1-16; Lc 15, 8-10.
[3] El término sufismo es usado en Occidente para referirse, por un lado a la espiritualidad islámica denominada tasawwuf, que incluye diferentes movimientos ortodoxos y heterodoxos del Islam. También es usado para definir grupos esotéricos desvinculados del Islam, como algunas formas de sincretismo Nueva Era. En el ámbito de algunas universidades islámicas hace referencia a la psicología islámica (el conocimiento del alma y su purificación, donde también se denomina tazkiyyat al-nafs) y en ocasiones se confunde con el ajlāq, que se suele entender como moral, pero que en su concepción clásica indica la nobleza de carácter. En el ámbito tradicional islámico el tasawwuf al-islami ha denominado la espiritualidad islámica, es decir, aquella faceta, conocimientos, métodos, formas y ritos que, dentro del contexto del Islam, se han dedicado a las cuestiones del espíritu, la purificación del alma, a la metafísica, a la interpretación interior de los preceptos islámicos, a la relación de Dios con el Cosmos. Por otro lado, el tema principal del sufismo es la consecución (o realización) de la proximidad a Dios (qurba) o la santidad (walaya), lo cual lo diferencia de otras formas de espiritualidad islámica.

Requiem æternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.
Te decet hymnus Deus, in Sion,
et tibi reddetur votum in Ierusalem.
Exaudi orationem meam;
ad te omnis caro veniet.
Requiem æternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis ■

Eternal rest grant unto them, O Lord,
and let perpetual light shine upon them.
A hymn becomes you, O God, in Zion,
and to you shall a vow be repaid in Jerusalem.
Hear my prayer; to you shall all flesh come.
Eternal rest grant unto them, O Lord,
and let perpetual light shine upon them ■

The Commemoration of All the Faithful Departed (All Souls)

There was a Trilogy written by a Catholic author, that was made into a movie and is very good, The Lord of the Rings.[1] There is a section of the Lord of the Rings where they talk about a beautiful kingdom built into the side of a mountain, very compact. This kingdom is about to be under siege by tremendous forces; those who are coming against this beautiful city to destroy it appear to be demons from Hell and they are massing in tremendous numbers. There is a man in charge of the city but he is not able to rule as he should.

The whole trilogy is about the king returning to the city to rule it. No one knows if the heir is alive and they don’t know for sure how they are going to positively identify the king but there are certain hints. The heir reveals himself just as he hears about the planned destruction of his kingdom. It appears that he will arrive too late. You see, where he and his men are, in order to get back to the city, they have to travel over, around, under, or through a mountain. In this mountain are caverns that have been carved out under the mountain but the problem with that is that the element of these who were supposed to have come to the aid of the kingdom years before did not support the kingdom as they pledged and Tolkien has them wondering around beneath this mountain and the only one that can release them is the king or his heir.

The king decides to go under the mountain and the men with him have to take their lives in their own hands and in faith, follow their king under the mountain. They get about half way and this great army of the living-dead come upon them and of course like everyone else who has tried to go through there were pounced on. But the king told these living-dead that he was binding them to the promise that they gave years before and that if they would fulfill their pledge this day and protect the kingdom from attack, then he will grant them their freedom and they can go to their eternal rest.

The king’s vast army of the living-dead proved to be tremendously helpful in liberating the city and conquering these demon-like creatures from taking over the kingdom from men. At the end of the battle when the great demon-like creatures have been destroyed and are strewn all over the battlefield and the kingdom is safe, the king releases the living-dead men who have fulfilled their pledge and they disappear.

The use of this image by Tolkien is a glance over his shoulder at the Doctrine of the souls in Purgatory.

When we understand the great many people who end up in purgatory, such as our relatives and friends, we are called upon to respond in mercy and charity.

On this All Souls Day we are asked to remember that we have members of our Church who are in need of our prayers, who are dependent upon our prayers, who are waiting for our prayers.

We have an obligation to them to assist them. In these our days when Purgatory is being denied, let us renew and redouble our efforts to bring our deceased brothers and sisters home to Heaven, especially those that are most forgotten and have no one to pray for them ■

[1] The Lord of the Rings is an epic high fantasy novel written by the English philologist J. R. R. Tolkien. The story began as a sequel to Tolkien's earlier, less complex children's fantasy novel The Hobbit (1937), but eventually developed into a much larger work. It was written in stages between 1937 and 1949, much of it during World War II. Although intended as a single-volume work, it was originally published in three volumes in 1954 and 1955, due to post-war paper shortages, and it is in this three-volume form that it is popularly known. It has since been reprinted numerous times and translated into many different languages, becoming one of the most popular and influential works in 20th-century literature.

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Con mucha simpatía cuenta Juan Manuel de Prada en uno de sus artículos que hubo épocas en que los cristianos se acogieron a la disciplina del arcano, ocultando las cosas de la religión a los paganos, pues comprobaban que, por mucho que se esforzasen en explicarles los misterios de su fe, los paganos lo entendían todo del revés y propalaban, por ejemplo, que la Eucaristía consistía en comerse a un niño crudo y otras aberraciones semejantes. La vida es así[1].

Y lo cuenta a propósito de un libro que está preparando sobre Leonardo Castellani, sin duda alguna uno de los mejores escritores católicos del siglo XX[2]. En una de sus artículos titulado Al arcano de nuevo, Castellani propone volver a aquella disciplina de los primeros cristianos, viendo que los señores incrédulos de nuestra época se obstinan en creer que Jesús estuvo enamorado de María Magdalena o que la burra de Balaam se llama así porque milagrosamente una vez baló[3].

Tratar de aproximar la religión a ciertas personas con mentes retorcidas lo considera Castellani trabajos de amor perdidos; y propone con mucha gracia que en lugar de gastarnos escribiendo tratados de apologética que rechazarán (aunque luego crean en el espiritismo, o en el Progreso, o en cualquier otra tontería pues ya se sabe que cuando se deja de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa), nos dediquemos a hacerles creer aquellas tonterías que afirman categóricamente. Por ejemplo: que al Papa todos los cristianos deben adorarlo como Dios; o que la Santísima Trinidad la componen la paloma del Espíritu Santo, el Cordero de Dios y el Buey de Belén. Tonterías que, indudablemente, se tragarán; pues nadie hay más crédulo que un incrédulo profesional.

Todo esto viene a cuento porque estaba echándole un ojo a lo que dijo Papa durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Sydney hace unos meses[4]. Su Santidad dijo allí muchas cosas hermosas, incisivas o clarividentes; desafortunadamente a la prensa sólo le interesó resaltar que ha vuelto a mostrar su vergüenza por los abusos perpetrados por ciertos sacerdotes pederastas. O, dicho más exactamente, a la prensa le importa un pepino que el Papa haya mostrado su pesar por estas conductas abominables, o que haya declarado que el sufrimiento de las víctimas es el suyo propio (pues, en el fondo, a la prensa le importan más bien nada tales víctimas).

Casi siempre a la prensa le interesa únicamente resaltar que los sacerdotes somos pederastas; ni siquiera que haya unos pocos que denigran el ministerio entre tantos miles de sacerdotes que cada día luchamos por hacer de la Iglesia un sitio valioso, sino que los sacerdotes somos pederastas por naturaleza.

Y es que cuando se trata de envilecer a la Iglesia, una golondrina sí hace verano; y de nada sirve que por cada sacerdote pederasta hayamos muchos más que queremos ayudar a muchos niños a encontrarse con Dios, esto por no mencionar a mis hermanos sacerdotes que se parten la cara trabajando en países pobres y sin medios económicos. Estos últimos nada importan; o importan tanto que se oculta su mera existencia. Pues, si se divulgara, se correría el riesgo de que la gente bienintencionada pensase que tal vez los pocos sacerdotes pederastas que desgraciadamente existen entre tantos que no lo somos son una ilustración de aquella parábola del trigo y la cizaña que nos contó nuestro Señor[5].

Y de nada sirve que el Papa exprese su pesar ante conductas tan abominables como aisladas y exija que la justicia humana las castigue; de nada sirve que haya mostrado su disposición a limpiar la suciedad que se refugia en el seno de la Iglesia con soluciones dolorosísimas ante las que no le ha temblado jamás el pulso; de nada sirve que haya extremado su celo y reclamado a los obispos que extremen el suyo, vigilando la conducta de sus sacerdotes y seminaristas[6], a la prensa sólo le interesa ventilar que los sacerdotes somos un desastre; y mañana dirá, si es necesario, que nos comemos crudos a los niños, por poner un ejemplo extremo. Saben que cuentan con una clientela crédula que, por cerrazón de inteligencia o suciedad de corazón, está dispuesta a tragarse todo.

Celebramos hoy en las arquidiócesis y diócesis de los Estados Unidos una jornada especial de oración por los sacerdotes, a ver si además de orar con más fuerza a Dios Padre que nos haga a quienes trabajamos a Su servicio sacerdotes a la medida del corazón de Su Hijo, salimos en defensa –frente a la prensa especialmente- de los sacerdotes. Que no se nos olvide que el sacerdote es segregatus a peccatoribus (separado –y sacado de entre-los pecadores) et excelsior coelis factus (Y subido por encima de los cielos). Ab hominibus assumputs (Escogido de entre los hombres) pro hominibus constitutus (Y constituido en servicio de los hombres) ut oferta dona et sacrificia pro peccatis (Para que ofrezca dones y sacrificios por los pecados). Qui condolere possit (que sepa compadecerse) quoniam et ipse circundatus est infirmitate (porque también a él le abraza la enfermedad).

En menos palabras: el sacerdote, indigno y pecador, actúa in persona Christi et in nomine Ecclesiae[7]

[1] Texto preparado para el XXX Domingo del Tiempo Ordinario (26.X.2008), en las arquidiócesis y diócesis de los Estados Unidos Priesthood Sunday (http://www.priestsunday.org/)
[2] Sacerdote católico y escritor argentino, figura importante en los círculos tradicionalistas de su época. Tras una vida agitada, dedicó sus últimos años a un acendrado misticismo.
[3] Cfr. Nm 22, 7 ss
[4] Cfr http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2008/index_australia_sp.htm
[5] Cfr Mt 13:24-30;36-43
[6] Cfr. Discurso de Su Santidad Benedicto XVI en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción de Washington, D.C. el 16.4.2008 en la Celebración de las Vísperas y encuentro con los Obispos de los Estados Unidos: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2008/april/documents/hf_ben-xvi_spe_20080416_bishops-usa_sp.html; Discurso del Santo Padre Juan Pablo I en la reunión interdicasterial con los Cardenales de los Estados Unidos: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2002/april/documents/hf_jp-ii_spe_20020423_usa-cardinals_sp.html
[7] Sacerdotium ministeriale seu hierarchicum essentia non gradu tantum a communi fidelium sacerdotio differre docens, Concilium Vaticanum II eo ipso fidei certitudinem expressit, iuxta quam tantummodo Episcopi et Presbyteri potestate gaudent Eucharisticum mysterium peragendi. Quamvis, enim, fideles universi unum idemque Christi sacerdotium participent et in oblationem Eucharistiae concurrant, solum tamen sacerdos ministerialis, vi sacramenti Ordinis, potestate gaudet sacrificium Eucharisticum conficiendi in persona Christi illudque totius christiani populi nomine offerendi; Cfr Lumen Gentium, 10. 17. 26. 28; Sacrosanctum Concilium, 7; Christus Dominus, 15; Presbyterorum Ordinis, 2 et 3; cfr. etiam PAULI VI Mysterium Fidei, die 3 sept. 1965: AAS 57 (1965) 761.

¡Enhorabuena!

Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.


Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de boda,
que no se ponga la luna de miel.

Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel ■

Then there exists a very special service which is that rendered by the ministerial priesthood, a sublime mission that assures the continuity among men of the redeeming work of Christ. The Church needs men who guarantee their own brothers a lifelong service exceedingly high and exalting: that is, being stewards and administrators of God’s mysteries, living instruments of forgiveness and grace, ministers of the Word that saves ■ Jonh Paul II To the young people of Friscotti, Italy, August 9, 1980.

Thirthieth Sunday in Ordinary Time

Priests are mystery men[1]. They come in assorted sizes, ages, weights and collars. They are found everywhere –speeding along, perspiring over, walking by, kneeling on, praying over, laughing with, preaching to, teaching about, pardoning for, and playing baseball with. Little children run to them; teenagers marvel at them, aged folk turn to them; lay people treasure them; non-Catholics stare at them; and Mary watches over them[2].

A priest is Prudence in a T-shirt; Fortitude with a breviary in his hand; Justice on a ball diamond; and Temperance at any party. He is Faith with a blueprint; Hope with a sense of humor; and Charity with a golf club in hand.

A priest may be anything from a contemplative monk in a monastery to a magazine editor on Wall Street, from a labor mediator to a TV personality, from a student to a professor. Formerly known as the boy-around-the-corner, he's a member of each family, yet belongs to none. He penetrates secrets, shares sorrows, and heals wounds. He has the trust of a child, the kindness of a best friend, the sternness of a tight-rope walker, the authority of an encyclopedia, the versatility of a commando, and the salesmanship of a Fuller-Brush man.

A priest is a humble creature –a mystifying worker at all professions. His hours are the longest; his salary the smallest; his Boss the best! He likes good pastors, the smiles of children, a good sermon, a home-cooked meal, and the name "Father".

A priest is all things to all men in the sight of God. He may be misquoted, mistaken and misunderstood, but he'll always forgive – because he's a mediator; a peacemaker, a go-between heaven and earth. It’s no wondering God loves him. He's a man standing at an altar, clothed in Holy clothes, who while being aware of his own nothingness speaks to God for us and to us for God. And although his greatest act is to offer sacrifice, his most consoling one is to say to me, "Go in peace – Your sins are forgiven." ■

[1] Sunday 26th October, 2008, 30th Sunday in Ordinary Time. Readings: Exodus 22:20-26. I love you, Lord, my strength Ps 17(18):2-4, 47, 51. 1 Thessalonians 1:5-10. Matthew 22:34-40. Priesthood Sunday, October 26, 2008, is a special day set aside to honor priesthood in the United States. It is a day to reflect upon and affirm the role of the priesthood in the life of the Church as a central one. In the wake of the clergy sex abuse scandal, there has been concern that the image of all priests has been tainted by the actions of a few. Priesthood Sunday sends a message to all that the sins of a few do not reflect the innocent majority, and that the parish priest, as the instrument of Christ's ministry on earth, is loved and respected by those in the parish community. This nationwide event is coordinated by the USA Council of Serra International. It is sponsored by the USA Council of Serra International and the Serra International Foundation.
[2] Cfr. What is a priest?, By Father Thomas E. Langer, Originally published by Open Sunday Visitor, March 13, 1960.

Ilustration: Andrés De Islas, Imposición de la casulla a San Ildefonso (1774) oil in canvas (82 x 63 cm) Museum Andrés Blaisten (México).

¡Hasta el sábado!


Es amor fuerça tan fuerte
que fuerça toda razón;
una fuerça de tal suerte,
que todo seso convierteen
su fuerça y afición;

una porfía forçosa
que no se puede vencer,
cuya fuerça porfiosa
hacemos más poderosa
queriéndonos defender.

Es placer en c’ha y dolores,
dolores en c’hay alegría,
un pesar en c’hay dulçores,
un esfuerço en c’hay temores,
-
temor en c’hay osadía;
un placer en c’hay enojos,
una gloria en c’hay pasión,
una fe en c’hay antojos,
fuerça que hacen los ojos
al seso y al coraçón.

Es una catividad
sin parescer las prisiones;
un robo de libertad,
un forzar de voluntad
donde no valen razones;

una sospecha celosa
causada por el querer,
una rabia deseosa
que no sabe qu’es la cosa
que desea tanto ver,

Es un modo de locura
con las mudanças que hace:
una vez pone tristura,
otra vez causa holgura,
como lo quiere y le place;

un deseo que al ausente
trabaja, pena y fatiga;
un recelo que al presente
hace callar lo que siente,
temiendo pena que diga.

Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor;
el falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades

como fengido traidor;
el toque para tocar
cuál amor es bien forjado,
es sufrir el desamar,
que no puede comportarel
falso sobredorado ■
Jorge Manrique (1440-1479)

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario


Se celebra en éste domingo – el correspondiente al XXIX del tiempo ordinario- el Domingo Mundial de las misiones (Domund). Quedarnos con la idea de que es el día en que parte de la colecta se destina a los países en los que trabajan religiosos y religiosas anunciando el evangelio, sería quedarnos con una idea demasiado pobre[1].

En su mensaje para la celebración de éste domingo, el Santo Padre nos dice que «es un deber urgente para todos anunciar a Cristo y su mensaje salvífico. ¡Ay de mí -afirmaba san Pablo- si no predicara el Evangelio![2]. En el camino de Damasco había experimentado y comprendido que la redención y la misión son obra de Dios y de su amor. El amor a Cristo lo impulsó a recorrer los caminos del Imperio romano como heraldo, apóstol, pregonero y maestro del Evangelio. La caridad divina lo llevó a hacerse todo a todos para salvar a toda costa a algunos[3].

»Contemplando la experiencia de san Pablo, comprendemos que la actividad misionera es respuesta al amor con el que Dios nos ama. Su amor nos redime y nos impulsa a la missio ad gentes; es la energía espiritual capaz de hacer crecer en la familia humana la armonía, la justicia, la comunión entre las personas, las razas y los pueblos, a la que todos aspiran[4].

»Por tanto, Dios, que es Amor, es quien conduce a la Iglesia hacia las fronteras de la humanidad, quien llama a los evangelizadores a beber “de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios”[5].

Solamente de esta fuente se pueden sacar la atención, la ternura, la compasión, la acogida, la disponibilidad, el interés por los problemas de la gente y las demás virtudes que necesitan los mensajeros del Evangelio para dejarlo todo y dedicarse completa e incondicionalmente a difundir por el mundo el perfume de la caridad de Cristo[6].

La actividad misionera no se lleva a cabo únicamente en África o en países lejanos y exóticos. Tampoco está solo en manos de religiosos o sacerdotes dirigidos por los obispos. El mostrar el Evangelio a quienes no lo conocen –o conociéndolo lo ignoran- es tarea de todos. Sí: también tú que lees éstas líneas tienes esa tarea.

Y hay algo más. Estamos llamados a evangelizar no solo a aquellos que no tienen nada qué llevarse a la boca, sino también a aquellos que son pobres –incluso miserables- espiritualmente[7].

Evangelización es también hablar a las personas que han sufrido el drama del divorcio del amor de Dios y de la necesidad de la reconciliación con ellos mismos y de su pertenencia a la Iglesia.

Actividad misionera es hablarle a las personas homosexuales de la posibilidad de vivir en de cara a Dios y en comunión con él, con la Iglesia y con los demás.

Llevar a Cristo ad gentes significa no rechazar a aquellas personas cuyas adicciones –al alcohol, al trabajo, a las drogas, a la tristeza, etc.- los van separando de los demás.

Predicar el Evangelio es también, si se pertenece a una institución eclesial concreta y a sus apostolados y actividades, no ir caminando con complejo de elegido, o de que se tiene el monopolio de salvación, trabajando con cara de aristócrata de la santidad. Es también convivir amigablemente con todos, con los viejos –la Orden de Santo Domingo, la orden de San Francisco- y con los nuevos –las Pías discípulas de Divino Maestro; con los que cantan mucho –los neocatecumenales[8]- o con los que no hablan prácticamente nada –los Cartujos[9].

Evangelización es también no entorpecer los caminos de Dios, que son infinitos y sutiles. Cuando Oscar Wilde compuso su Salomé, introdujo en el episodio bíblico, de acuerdo con el espíritu decadente de su época, un elemento casi sacrílego. Salomé ha amado la bella presencia física del Precursor. Cuado Salomé acaba de bailar, sosteniendo en un plato la cabeza del Bautista, jadeante, en un rincón de la sala, apoya sus labios sobre la frente helada del muerto….Pero a Oscar Wilde le faltó una breve escena final ¿Por qué no suponer que, al sentir aquel contacto, algo muy profundo y turbador, mucho más luminoso que la carne, se revolvió en el alma de Salomé? A Oscar Wilde, tan aficionado a ellas, se le fue la mejor de sus paradojas. La paradoja de los caminos de Dios. ¿Por qué no suponer que cuando Salomé quiso ser sacrílega empezó a darse cuenta, a ser cristiana?[10]

En la misión, la Iglesia se hace servidora, a la vez que trabaja, con humildad y vigor, como conciencia critica del mundo. La globalización que actualmente vive la humanidad crea nuevas oportunidades para la acción misional, a la vez que se manifiesta en la evangelización y el diálogo.

La proclamación de Jesucristo significa testimonio, apertura, y actuaciones que manifiesten los valores del Reino, como la paz, la justicia, la verdad y la misericordia. Significa también anuncio explícito por el que los pobres son evangelizados[11]


[1] Domund es un acrónimo creado en 1943 por las Obras Misionales Pontificias, cuyo primer Director Nacional, el monseñor Ángel Sagarminaga lanzó a la calle el eslogan DoMund que quiere decir "Domingo Mundial". Para saber más: http://www.domund.org/Domund/Domund.htm
[2] 1 Co 9, 16
[3] 1 Co 9, 22
[4] Cfr Deus caritas est, n. 12
[5] Ídem n. 7
[6] http://www.zenit.org/article-28133?l=spanish
[7] Quizá a éstos segundo con mayor empeño, ¡cuántas veces hemos visto que la gente pobre y que no tiene ni lo indispensable para vivir tiene el corazón más presto para las cosas espirituales!
[8] Dicho sea con infinito cariño. Saludos a todos mis amigos del Camino Neocatecumenal.
[9] La orden de los Cartujos es una orden contemplativa que fue fundada por San Bruno en el año 1100. Los Cartujos son la orden que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración. Para saber más, clic en: http://www.chartreux.org/poubelle/index_es.html
[10] Cfr. José M. Pemán, Los Testigos de Jesús, Edibesa, Madrid 1997, pp. 119-120.
[11] J. Morales, Teología de las religiones, Rialp, Madrid 2001, p. 292.


Ilustración: Matias Preti, Salomé con la cabeza de Juan el Bautista, óleo sobre tela, Ringling Museum of Art (Sarasota)

A ver si no decimos tonterías del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el gran olvidado de nuestra Iglesia. Y ese olvido lo estamos pagando caro. Porque sin Él y su acción sobre nosotros y sobre la Iglesia no habría religión. Pero los hay que se pasan por el otro extremo. No en la devoción, que seguramente no le tienen ninguna, sino en el modo de entender su intervención.
Yo me tengo por absolutamente romano. De haber vivido en el siglo XIX me habrían clasificado entre los ultramontanos. Con toda propiedad y por mi parte con gran orgullo. Pero no son ultamontanos los ultraespiritistas. Son simplemente ignorantes.
Es una necedad supina afirmar que a los obispos los elige el Espíritu Santo. Ni al Papa lo elige la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. A los unos y al otro los eligen los hombres. Con su ciencia y sus miserias. Y punto. Es así.
Si los eligiera el Espíritu Santo habría que culpar a Él de los malos obispos. Que los hubo. Y los hay. Herejes, pederastas, asesinos, que de alguno guarda recuerdo la historia, concubinarios, apóstatas...
Una cosa es la sucesión apostólica y otra que los elija el Espíritu Santo. La primera es cierta y la segunda falsa. Y la sucesión apostólica no implica santidad ni inteligencia.
El Espíritu Santo vela sobre la Iglesia pero no inspira cada acto de la Iglesia ni de sus miembros. Salvo las definiciones ex cathedra de los Romanos Pontífices. Ni las que nos gustan ni las que nos desagradan. Es normal pensar que en el magisterio homogéneo de la Iglesia se percibe la acción del Espíritu sobre ella. Y por eso le debemos una adhesión cordial. Pero de ahí no cabe pensar que en Barcelona tienen a Nostach o en Madrid tenemos a Rouco por decisión del Espíritu Santo. Eso es pura y simplemente una estupidez.
Es absurdo pretender reducir a Dios a nuestras pobres mentes. Es tan infinitamente inmenso que no es que no quepa en ellas es que ni podemos aproximarnos mínimamente a lo que Él es. Por eso se nos reveló. Pero en estas analogías que tenemos que utilizar para aproximarnos al misterio divino bien podemos imaginarnos, ante muchos nombramientos episcopales, al Espíritu Santo frunciendo el ceño y musitando: Te la han vuelto a colar. Te vas a enterar de lo que vale un peine con ese obispo que has nombrado ■ Francisco José Fernández de la Cigoña

Twenty-Ninth Sunday in Ordinari Time

There is a tremendous story alluded to in the first reading for today from the second part of the Book of the Prophet Isaiah[1]. The story takes place in the sixth century before Christ around the year 530. For fifty seven years the Jewish people had been in captivity in Babylon, the capital of the ancient empire located on the Euphrates River, south of present day Baghdad in Iraq. Most of those who had been brought to Babylon by King Nebuchadnezzar had died. They left stories about the glories of Israel, the beauties of Jerusalem, the magnificence of the Temple. The spoke about the power of Israel, a military might at the time of Kings David and Solomon.

But then they remembered why the people had fallen into exile. They didn't just lose battles against the Babylonians; they had fallen away from God, and now had lost the source of the protection and power.

The fact is that the people had been too well off. They thought they didn't need God. They thought they had everything. They didn't need to be restricted by the Jewish Law. They could join the festivals of their pagan neighbors. The pagans made a religion out of practices that the Law defined as immoral. Many of the Jews turned away from God. And now He was not there.

God allowed the King of the Babylonians, Nebuchadnezzar, to conquer Jerusalem and bring all those who remained alive to Babylon. There was no hope for escape. The Jews no longer had an army, they were out numbered. They were broken. They were slaves. Revolt against the Babylonians to regain their freedom was impossible.

But the Jews in exile prayed to God. They repented and promised to continue to reform, and God found a way to do the impossible. He did this through Cyrus, the King of the Medes and Persians[2]. Cyrus led his armies against the Babylonians and defeated them in 530 BC. One of his first acts was the Edict of Cyrus that sent all prisoners and foreigners back to their homelands. He even sent money to Jerusalem so that the Jewish people could rebuild their Temple. That's why Isaiah the prophet speaks about Cyrus as the anointed one of the Lord, chosen by the Lord to deliver his people from the Babylonians. I have called you by name and given you a title even though you knew me not." You realize that Cyrus was not Jewish, he was a pagan.

Now if God could use a pagan king like Cyrus to accomplish his work, how much more can he use us, the people to whom he has entrusted his Spirit? That's why St. Paul tells the Thessalonians in the second reading: we preach not with words but with power, carried out in the Holy Spirit. We preach with complete conviction, because God acts through us.

The Holy Spirit works through us. We lead others to Christ. How? Well, we embrace our convictions with enthusiasm. I think one of the reasons why society loves taking shots at the Catholic Church is because in the middle of a world that vacillates on every principle to such a degree that it is questionable if there are any principles at all, there stands the Catholic Church.

We refuse to back down on the sacredness of marriage. We refuse to back down on the sanctity of life. We refuse to back down on the sacred nature of sexuality. All of this and so much more makes the Church tremendously appealing to people of good will who want more from life than its material trappings. We know who we are. And that is attractive to those who do not want to wander aimlessly through life.

That is the Power of the Gospel. The Power of the Gospel was so evident in Ignatius of Antioch[3]. Ignatius was the bishop of the second largest city in the Roman Empire. Antioch was the place where the term Christian was first used for the followers of Jesus. Fifty years later Ignatius would be chosen to be bishop of Antioch. He was the first to use the term Catholic to describe the universality of the Church and the term Eucharist to describe the thanksgiving which is at the heart of the Gift of the Last Supper. Ignatius knew that Christianity would survive the attacks of the pagans. He trusted in the Power of the Gospel, even when he was arrested and sent to martyrdom in Rome.

The power of the Gospel is manifest among us have the determination to live our convictions. We stand up for our faith and our way of life. We are not concerned if we are they only ones who make time for family prayer. We are determined Christians. That is the Power of the Gospel.

God used a pagan, Cyrus, and returned his people from exile. God uses us, the people who share his life and his Spirit, to return the world to its natural state of union with its Creator. He has anointed us, just as he anointed Cyrus, to deliver his people from a meaningless existence. May we have the courage to be Christian ■

[1] Sunday 19th October, 2008, 29th Sunday in Ordinary Time. Readings: Isaiah 45:1, 4-6. Give the Lord Glory and honor; Ps 95(96):1, 3-5, 7-10. 1 Thessalonians 1:1-5. Matthew 22:15-21. [Ss John de Brebeuf, Isaac Jogues & Cc.; St Paul of the Cross].
[2] The ancient historians Ctesias and Plutarch noted that Cyrus was named from Kuros, the sun, a concept which has been interpreted as meaning "like the sun," by noting its relation to the Persian noun for sun, khor, while using -vash as a suffix of likeness.
[3] St. Ignatius is claimed to be the first known Christian writer to argue in favor of Christianity's replacement of the Sabbath with the Lord's Day: “Be not seduced by strange doctrines nor by antiquated fables, which are profitless. For if even unto this day we live after the manner of Judaism, we avow that we have not received grace.... If then those who had walked in ancient practices attained unto newness of hope, no longer observing Sabbaths but fashioning their lives after the Lord's day, on which our life also arose through Him and through His death which some men deny ... how shall we be able to live apart from Him? ... It is monstrous to talk of Jesus Christ and to practise Judaism. For Christianity did not believe in Judaism, but Judaism in Christianity — Ignatius to the Magnesians 8:1, 9:1-2, 10:3.

"En su reciente viaje pastoral a los Estados Unidos, el Papa Benedicto XVI elogió a los norteamericanos por su generosidad y optimismo, y por el papel que la religión continúa desempeñando en nuestra sociedad. Nos exhortó a ser fieles a los ideales y principios de nuestros fundadores, y a mantener las verdades y los valores que fluyen de la fe y de la razón en la arena pública. Ahora es el momento de responder a su desafío" ■ Mons. Lori

Mons. Lori es obispo de la diócesis de Bridgeport (Connecticut)
y presidente del Comité de USCCB para la Doctrina.

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Comentando el pasaje del evangelio de este domingo, San Gregorio Magno[1] escribe: es la boda de Cristo con su Iglesia, y el traje es la virtud de la caridad: entra por lo tanto a las bodas, pero sin el vestido, quien tiene fe en la Iglesia, pero no posee la caridad[2].

Es justo en ése vértice –la caridad- donde está la medida de todas las cosas, o dicho otra forma: la prueba de fuego de la calidad de nuestra pertenencia a la Iglesia.

En su Apología contra los gentiles, Tertuliano[3] ofrece un testimonio de primera mano sobre la vida de los cristianos primitivos. Allí leemos que los paganos, admirados de la fraternidad que se entablaba entre los que seguían a Jesús, murmuraban envidiosos: «Mirad cómo se aman». Sin duda, esta concepción de la Iglesia como comunidad fundada en el amor, donde todos –con sus flaquezas e imperfecciones- tienen cabida fue el fermento que facilitó la expansión de la fe en el Señor. Deberíamos preguntarnos, con espíritu crítico, si no habrá sido precisamente el decaimiento de esa concepción y su sustitución por otra demasiado «legalista» la que ha determinado hasta hoy cierto retroceso.

Al recordarnos en su encíclica que el amor es el acontecimiento nuclear de la experiencia cristiana, El Papa Benedicto XVI nos propone un viaje hacia las raíces mismas de la fe, que San Juan supo compendiar en una sola frase: Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él[4].

En algún momento del texto el Papa refuta a Nietzsche –con un razonamiento terso y una maravillosa vibración poética- afirmando que el cristianismo no niega el eros humano, sino tan sólo su desviación destructora, dominada por el puro instinto: «Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse del otro. Ya no busca sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía el bien del amado». Ese eros convertido en ágape, que «se entrega y desea ser para el otro», no es sino reflejo del amor divino, que se proyecta previamente sobre cada hombre[5].

Y continua: «Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratará de imponer a los demás la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar sobre Él, dejando que hable sólo el amor». Lo cual no es óbice para que esa elocuencia callada del amor, que se alimenta en el encuentro con Cristo, se exprese a través de la oración, cuya importancia Benedicto XVI resalta «ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos comprometidos en el servicio caritativo».

Así, reclamando el consuelo del Espíritu, el cristiano puede ejercer su labor caritativa de manera más esperanzada y paciente, en íntima unidad con Dios.

El Papa sabe, como San Juan de la Cruz, que en el atardecer de nuestra vida se nos juzgará sobre el amor. Con su primera encíclica, ha querido recordarnos cuál debe ser la opción fundamental en la vida de un cristiano. Vamos a pedirle hoy al Espíritu Santo que las palabras del Papa, como en tiempos de Tertuliano, nos ayuden para que se vuelva a escuchar aquella frase admirativa: «Mirad cómo se aman».

Que aprovechemos un momento de éste domingo para preguntarnos si nuestra pertenencia a la Iglesia es meramente legal o ritual o si está fundada verdaderamente en el amor y es por amor que hacemos las cosas. Si tratamos de imponernos con actitudes que podrían rayar en el fanatismo o la intolerancia o si somos comprensivos con los demás. Si hay una vida de oración profunda –cada uno con sus flaquezas e imperfecciones- y en el fondo un deseo sincero de caminar el camino de nuestra vida junto a nuestro Señor ■

[1] San Gregorio I Magno (540 Roma-604), fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica. Uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina y Doctor de la Iglesia. También fue el primer monje en alcanzar la dignidad pontificia, y probablemente la figura definitoria de la posición medieval del papado como poder separado del Imperio Romano.
[2] In Evangelia homiliae, 38.
[3] Fue una de las principales figuras del siglo III para el cristianismo. Nació en el seno de una familia gentil en Cartago -África- hacia el 150-160 d.C. Su padre era centurión en la armada preconsular, y Tertuliano, tras una juventud disipada y licenciosa según su propio testimonio se convirtió al cristianismo en la ciudad de Roma, hacia el año 195 d.C. siendo después, según Jerónimo, presbítero de la iglesia de Cartago. Resulta tremendamente paradójico que un defensor de la ortodoxia como Tertuliano, se uniese a un grupo tenido por herético (Montanismo), y que ya "en la herejía" produjese fórmulas teológicas que han resultado ser de primerísima importancia para la Iglesia. es importante su influencia en la Iglesia latina -romana- al ser el primer gran teólogo que escribió en latín.
[4] Cfr 1 Jn, 4, 16; www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html
[5] Cfr también C.S. Lewis, Los Cuatro Amores, Club Rayo Books, New York 2006.
Ilustración: Giorgione, El atardecer (Il Tramonto), 1506-10, óleo sobre tela (73 x 91 cm) National Gallery, (Londres).
Are monks and hippies and poets relevant? No, we are deliberately irrelevant. We live with an ingrained irrelevance which is proper to every human being. The marginal [person] accepts the basic irrelevance of the human condition, an irrelevance which is manifested above all by the fact of death. The marginal person, the monk, the displaced person, the prisoner, all these people live in the presence of death, and the office of the monk or the marginal person, the meditative person or the poet is to go beyond death even in this life, to go beyond the dichotomy of life and death and to be, therefore, a witness to life ■


Thomas Merton, The Asian Journal of Thomas Merton, Naomi Burton, Brother Patrick Hart and James Laughlin, editors. New York: New Directions Press, 1969: 306.

Twenty-Eighth Sunday in Ordinary Time

The parable for today confronts us with the question: How do we wear our Christianity? I have a cross around my neck. That’s nice. But that’s insufficient. That’s a mere sign of the Presence of the Lord. To wear our Christianity, our lifestyle must consist in choosing Jesus in every aspect of our lives[1].

And that is pretty hard. How can we wear Jesus Christ? How do we develop the Christian attitude of life? How do we inculcate Christianity into every aspect of our existence? Fr. John Fullenbach, a very good theologian and spiritual writer, says that every morning after we wake up we should reflect on three concepts, pray over them, and talk to God over them.

The first thought is this. God’s love for me is unconditional. God doesn’t love me because He wants this or that from me. He doesn’t love me for what I do. He loves me for who I am. We need to reflect on this every day. God sees me and sees you as a parent see his or her child. We are good because we are loved by the One who is All Good. Don’t take this for granted. Let us reflect on it every day. Sometimes we get down on ourselves, so we have to remember: God loves me and God loves you unconditionally.

The second thought we need to strengthen each day is this: God forgives me. When we recognize our sins, we are full of self loathing. God loves us too much to allow us to wallow in guilt and self-loathing. He forgives us. He wants us happy.

The third thought flows from the first two is: God is with me. We need to meditate on this each day as part of our hello to God in the morning. God is with me. What is today going to throw at me? Is it going to be more than I can handle? No, it will not be. And here is where St. Paul’s words in today’s second reading fit in: I can do all things in Him who strengthens me[2] .There is nothing that is going to happen today or tomorrow or next week that I will not be able to handle together with the One who loves me so much.

People long for the Truth. And people need us to stand up for the Truth Incarnate. The world needs us to wear Christ proudly. To put His wedding garment on, we need to meditate every day on the three realities of Christian life: God loves me with an unconditional love. He continually forgives me. And He is always with me.

Life is beautiful. Jesus Christ is beautiful. Jesus has made us beautiful.

How can we protect this beauty in the face of temptations? We can do all things in Him who strengthens us ■

[1] Sunday 12th October, 2008, SUN 12TH. 28th Sunday in Ordinary Time. Readings: Isaiah 25:6-10. I shall live in the house of the Lord all the days of my life Ps 22(23). Philippians 4:12-14, 19-20. Matthew 22:1-14.
[2] Philippians 4:13
Ilustration:

Maître Francois (C. 1475-80), Museum Meermanno Westreenianum, The Hague
Notes: From Augustine's "La Cité de Dieu", book I-X (translation from the Latin by Raoul de Presles) (manuscript "Den Haag, MMW, 10 A 11"). Book 10, 14.

Nuestra Señora del Rosario


Resplandeciente de alegría,
Amargo mar de los pesares,
Vestida de gracia y de gloria,
Te cantamos, Oh Virgen María.

Gozosa cuándo a Dios concibes,
Cuándo anhelante das el fruto,
Cuándo lo ofreces y lo pierdes,
Al Hijo, que es la luz del mundo.

Salve, primera de los mártires,
En el dolor de tu martirio;
Tu corazón supo de espinas,
Tu alma de cruces y de lirios.

Reina de gloria refulgente,
Madre fecunda de la Iglesia,
Cuándo las llamas del Paráclito
Del mundo ardieron las tristezas.

Recoged las Aves Marías
Para un rosario de azucenas;
Cantad a María alabanzas,
Que es Madre de eterna belleza

Amén ■


tomado del oficio de Laudes de la Liturgia de las Horas para los paises de lengua castellana


XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

En la era del facebook y del iphone y los itunes, de las televisiones de plasma y de los periódicos digitales. En un mundo en el que aquello que no está en la red prácticamente no existe (¡y Dios SÍ está en la red! ¿eh?) viene bien hacernos una pregunta: ¿qué estamos haciendo con la Viña que Dios nos ha prestado, cómo estamos trabajando en ella?[1]

Humanos al fin, nos llaman la atención los Sacramentos, es decir, los signos visibles y tangibles de la gracia. Y está muy bien, pues dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos[2], desafortunadamente cuántas veces nos quedamos allí, en lo meramente exterior, no vamos más allá; o no sabemos de dónde vienen.

Es difícil vivir de la Fe. Sólo de la Fe. Uno puede admirar lo bonita que es la cinta que envuelve una paquete, pero imaginemos que estamos suspendidos en el abismo agarrados precisamente de esa cinta. La cosa cambia. Más que eso es la Fe. La Fe es creer cuando todo lo humano no sirve. Ni lo divino.

Ciertamente necesitamos tocar, ver, oler a Dios; lo divino, el misterio, sin embargo quedarnos en el cascarón, quedarnos con aquello que se nos da, es como dejar la viña más o menos abandonada, como sentarnos a esperar a que venga el propietario[3] para contarle que, bueno, sí, todo está muy bien, que los racimos que han crecido bien y las uvas son dulces, pero que poco nos ha interesado conocer todo lo que hay en la viña: la cerca, el lagar, y la torre para los vigilantes.

No podemos estar sentados viendo la vida pasar y desconociendo su historia y los detalles de las vidas de quienes han trabajado en la Viña antes que nosotros. Es bueno que hoy nos preguntemos qué tanto o con cuánta profundidad conocemos, por ejemplo, la historia de la Iglesia, la Iglesia que fue, es y seguirá siendo nuestra Madre y Maestra.

¿Por qué no darnos una buena zambullida en las obras de San Agustin o en las de los Padres de la Iglesia primitiva[4], en los escritos de San Juan de la Cruz[5] o en las homilías del Padre Cantalamesa?[6] Los textos no son tan complicados como pensamos. Por poner tres ejemplos concretos.

¿Por qué no dedicarle tiempo y esfuerzo a libros –por mencionar otro autor concreto- como El genio del cristianismo, de Chateaubriand[7]? Obra que habla maravillosamente sobre la belleza de las creencias cristianas, de la estética cristiana, de la liturgia, con la finalidad de hacer ver que «la religión cristiana es la más poética, la más humanitaria, la más favorable a la libertad, a las artes y a las letras; que el mundo moderno le es deudor en todo, desde la agricultura a las ciencias abstractas, desde los hospicios fundados para los desvalidos hasta los templos edificados por Miguel Ángel y decorados por Rafael»[8].

Por qué no seguirle la pista con más interés al Papa[9] o dedicarle un poquito más de tiempo a la música sacra[10] o más atención a los símbolos litúrgicos y preguntarnos por su sentido y su historia, ¡Con qué frecuencia olvidamos que la relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza!

La liturgia está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión. Y no nos damos cuenta. En Jesús, como solía decir san Buenaventura[11], contemplamos la belleza y el fulgor de los orígenes. La belleza de la liturgia es parte de este misterio; es expresión eminente de la gloria de Dios y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre la tierra[12].

Y como sobre la tierra estamos y de las cosas de la tierra nos valemos para entender las del cielo, pidamos al Espíritu de Dios en ésta celebración que nos ayude a poner más atención a lo que pasa a nuestro alrededor; que saquemos un momento a lo largo del fin de semana o del día de descanso o de las vacaciones para leer, para conocer aquella bien la Viña en la que estamos trabajando. Que tengamos palabras amables y una sonrisa para quienes llegan al caer la tarde[13].

Y que el Dueño de la Viña esté contento con lo que hacemos, que nos vea interesados en el trabajo y en la vendimia, con una actitud de reverente y silencioso respeto ante la belleza de Su presencia ■

[1] Homilía preparada para el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario.
[2] Cfr Catecismo de la Iglesia Católica n. 1210.
[3] Cfr Mt 21, 33-43.
[4] http://www.primeroscristianos.com/padres_iglesia.html
[5] http://www.statveritas.com.ar/Libros/Libros-INDICE.htm
[6] http://www.cantalamessa.org/index.htm
[7] François-René, vizconde de Chateaubriand (Saint-Malo, Bretaña, 4 de septiembre de 1768 - París, 4 de julio de 1848) fue un diplomático, político y escritor francés considerado el fundador del romanticismo en la literatura francesa.
[8] Chateaubriand pinta el gran fresco de la cultura con raíces cristianas y deja en el aire la pregunta: ¿cómo puede no ser verdad tanta belleza? Y lo más asombroso: lo dice con un estilo tan bello y perenne como una escultura de Miguel Ángel, un cuadro de Velázquez o una cantata de Bach. Él se contagió de todo lo grande que admiraba. No utilizó nunca el odio y el rencor, sino la amplitud de espíritu. Escribe en el siglo de la razón, y la utiliza, pero no se olvida de recordar que la razón “jamás han enjugado una lágrima”. Responde a todos los críticos del cristianismo: “si tratamos de pintar y de conmover, se nos piden axiomas y corolarios; y si procuramos razonar, se nos reclaman sentimientos e imágenes”.
[9] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/index_sp.htm
[10] www.abadiadesilos.es/; www.christusrex.org/www2/cantgreg/cantos_selec_esp.html; http://interletras.com/canticum/
[11] San Buenaventura se formó en la Orden de los Frailes Menores e impartió enseñanzas en la Universidad de París, en la cual estudió. Aunque rechazó ser arzobispo de York, hubo de aceptar la diócesis de Albano. En 1274 fue nombrado legado pontificio al concilio de Lyon. Fue un participante activo en los concilios de la época y destacó en los ataques a las herejías y en las críticas a los cismáticos. Representa a la escuela franciscana que inspirándose en San Agustín se opone al aristotelismo de los dominicos, y sostiene que la filosofía y la razón no se encuentran en la base de la teología ni en la culminación del conocimiento de la divinidad, pero sí en el camino que conduce el alma hacia Dios. Hombre de gran espiritualidad, de entre sus obras destacan un estudio sobre Pedro Lombardo (Comentario sobre las sentencias de Pedro Lombardo) y el Itinerarium mentis in Deum (Itinerario del alma hacia Dios). La Iglesia celebra su fiesta el 14 de julio.
[12] Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n. 35
[13] Cfr Mt 20, 1-16.

La ilustración forma parte de the brick testament, una iniciativa de un norteamericano con la finalidad de ilustrar, mediante legos, pasajes de la Sagrada Escritura. Se puede encontrar más información en: www.thebricktestament.com/
Children truly are the family's greatest treasure and most precious good. Consequently, everyone must be helped to become aware of the intrinsic evil of the crime of abortion. In attacking human life in its very first stages, it is also an aggression against society itself. Politicians and legislators, therefore, as servants of the common good, are duty bound to defend the fundamental right to life, the fruit of God’s love ■Pope Benedict XVI, Address at a Meeting on Family and Life Issues in Latin America (December 3, 2005)

Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time

I am really conscious that I am speaking about a very difficult topic. I am also aware that as a foreign person is even harder. However I am also conscious of my duty and responsibility as a priest and a witness of my mother the Roman Catholic Church[1].

Few moths ago probably you may have heard about bishops admonishing certain politicians not to receive Communion. In this instance the politicians had taken public stands promoting abortion. The bishops are not acting in a partisan manner. Still, the bishops' action surprised some people. What business, they ask, do the bishops have telling someone they should not receive Communion?[2].

Part of our problem - at least in the United States - is that we have lost the sense of coherence between Communion and the rest of ones life.

My brothers and sisters, modern science has not changed the Church’s constant teaching against abortion, but has underscored how important and logical it is, by confirming that the life of each individual of the human species begins with the earliest embryo.

Given the scientific fact that a human life begins at conception, the only moral norm needed to understand the Church’s opposition to abortion is the principle that each and every human life has inherent dignity, and thus must be treated with the respect due to a human person.
This is the foundation for the Church’s social doctrine, including its teachings on war, the use of capital punishment, euthanasia, health care, poverty and immigration.

On the contrary, to claim that some human beings do not deserve respect or should not be treated as “persons” –based on unreliable factors such as age, condition, location, or lack of mental or physical abilities- is to deny the very idea of inherent human rights.

The bishops were careful to stress that you and I should not set ourselves as judges of those who come forward for Communion.

The greatest thing you can do for another person is to be an instrument setting them on the path to salvation. That is what the bishops were doing when they admonished Catholic politicians who are promoting abortion.

We are not here to make people into Democrats or Republicans. We are here to help people become saints. But the saints will shine like unquenchable stars.

May we commit ourselves to the protection of all human life from conception to natural death that this nation may, once again, be a land known for its honor and its love of the truth, guided by the God in whom we trust ■


[1] Respect Life Sunday October 5, 2008. Twenthy-Seventh Sunday in Ordinary Time. Readings: Is 5: 1-7; Phil 4:6-9; Mt 21:33-43.
[2] Recently we had a duty to clarify the Catholic Church’s constant teaching against abortion, to correct misrepresentations of that teaching by House Speaker Nancy Pelosi on Meet the Press . On September 7, again on Meet the Press, Senator Joseph Biden made some statements about that teaching that also deserve a response.

Querido Agus (...) verás, por la vida del sacerdote pasan muchas vidas y ninguna se va sin dejar huella, a veces una herida. Cuando estás en el confesonario, o fuera de él, después de escuchar, de consolar a tantas personas, a veces terminamos muy cansados. No es un cansancio físico; es il cuore che si stanca, el corazón, que no puede más. Con el paso del tiempo he ido viendo más claro que tenía razón. También yo algunas noches vuelvo a casa con el corazón hecho un lío; roto por las penas que me contaron y eufórico por otras tantas alegrías; golpeado por disgustos, tragedias y muertes, pero también esperanzado, con el consuelo de saber que puedo ayudar y debo hacerlo. Las vidas que pasan a mi lado exigen que me implique por completo, que no sea sólo médico, ni sólo maestro, ni sólo juez. Ante todo amigo, como Jesús lo fue. No sé si esto es un "pensiero" o un desahogo. Sea lo que fuere, anoto que el corazón se cansa, que a veces también es duro ser cura. Y sin embargo ninguna otra cosa vale tanto la pena. Por eso el corazón no se rinde. Y el motriz ayuda ■ querido D. Enrique nadie podía decirlo mejor ¡gracias!

Y entonces uno se queda con la Iglesia, que me ofrece lo único que debe ofrecerme la Iglesia: el conocimiento de que ya estamos salvados –porque esa es la primera misión de la Iglesia, el anunciar la salvación gracias a Jesucristo- y el camino para alcanzar la alegría, pero sin exclusividades de buen pastor, a través de esa maravilla que es la confesión y los sacramentos. La Iglesia, sin partecitas.

laus deo virginique matris